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Columnas LA MALA REPUTACIÓN

La Mata Hari marroquí de Ceuta

¿Para qué ha llegado en realidad Wafae Atid a Ceuta?

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Ser espía, en el siglo XXI, ya no tiene ningún glamour. No me imagino a James Bond disfrazado de mendigo y haciéndose el oprimido por mucho que lo exigiera la misión. James Bond, sin la dignidad bien planchada y ese orgullo insobornable no sería James Bond.

Sin embargo, nos han colado a media Inteligencia marroquí por el Tarajal apelando a nuestra buena voluntad (que es el talón de Aquiles de todos los países moralmente superiores) entre una legión de expresidiarios, delincuentes, desheredados sin culpa ninguna a los que usan como un rebaño, harapos, tuberculosis y sarna, porque la guerra híbrida es así.

La guerra híbrida no requiere un frente con tanques, alambradas de espino y trincheras, tan sólo desestabilizar al enemigo desde dentro mientras el gobierno invadido jura que Marruecos es "un socio fiable".

Según RTVE, muchos de los invasores eran licenciados y graduados que llevan casi un mes deambulando por una Ceuta tomada sin oficio ni beneficio, en el mejor de los casos. Y en el peor violando mujeres, apaleando guardias civiles o haciendo el mataleón a ancianos.

Lo vendieron como una cuestión humanitaria y va a terminar resultando que sobre todo eran agentes de inteligencia aprovechando la multitud (como confirmó la Guardia Civil) paseándose por Ceuta sin ninguna clase de control, tomándole las medidas físicas y morales a la ciudad autónoma y de paso al resto de España y a su población.

Todas las guerras posibles están inventadas desde Homero y para esta no les ha hecho falta fingir ni una ofrenda de paz. El señuelo lo tenemos los españoles en la Moncloa, que es quien se dejó las puertas abiertas de España con su inexplicable política internacional.

Los primeros días podía haber una duda legítima sobre si la gestión de Pedro Sánchez, Marlaska y Margarita Robles era obra exclusivamente de la incompetencia que les desbordó.

Hoy, después de veintiséis días, sólo queda como hipótesis la traición.

Una traición que empezó con el cambio de postura inexplicable sobre el Sáhara Occidental hace cuatro años y que culmina hoy dejando expuestas Ceuta y Melilla a la violencia y al caos. Abandonando a su suerte a todos los españoles que viven allí.

Familias enteras que no pueden pasear por su ciudad cuando quedan apenas dos semanas para el inicio del curso escolar.

Niños con miedo a la violencia.

Mayores desesperanzados porque entienden que esto no es temporal como prometió el presidente del Gobierno, que hay demasiados actores internacionales apostando fuerte con Marruecos, y que ni siquiera la oposición en bloque parece ya una solución mucho más capaz.

Alguien cazó el domingo a Wafae Atid, aquella desvalida y oprimida joven a la que entrevistó hace dos semanas El País y que quiso hacerse pasar por una huérfana de Dickens, por una refugiada de un país sin guerra, de un pasado lleno de miseria, charlando (ya sin harapos) en un bar de Ceuta con tres hombres.

La foto es lo suficientemente ambigua como para no dejar dudas. ¿Quiénes son ellos? ¿Y por qué todos tienen pinta de agentes de la Inteligencia marroquí?

El problema de Wafae es que internet es implacable, un monstruo que nunca olvida, y que la coartada de víctima oprimida del islam se le cayó tan rápido como la gente tardó en encontrar su Instagram lleno de un pasado (a sus 28 años) tan exótico como opuesto a la versión oficial. Emiratos Árabes, marcas de lujo y una vida lo suficientemente cosmopolita como para contradecir el relato que varios medios intentaron construir sobre ella.

Desde que se descubrió la estafa, nadie ha contestado a la pregunta de para qué llegó en realidad Wafae Atid a Ceuta. A este paso no nos quedará más remedio que intuir que, como Leire Díez, estaba haciendo trabajos de investigación periodística, sin ninguna conexión con el Gobierno de su país, por supuesto.

En definitiva: es probable que termine siendo otra Mata Hari, pero esta más habilidosa que la nuestra de AliExpress, la Leire Díez de Pedro Sánchez.