Irene Montero en un acto en Madrid.

Irene Montero en un acto en Madrid. Europa Press

Columnas CRÍTICA Y MATIZ

Asesinos de mujeres en prisiones de mujeres gracias a la ley trans

¿Es soberbia intelectual o recalcitrante sectarismo el que le impide reconocer y enmendar los errores de las políticas y leyes trans?

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"Ahora soy Aída".

Estas palabras le han servido a uno de los peores asesinos en serie conocidos en España para cumplir su pena de prisión en un módulo de mujeres.

Joan Vila, el celador de Olot que ha asesinado a nueve mujeres y dos hombres, ya se encuentra, confirmado por instituciones penitenciarias, en el módulo de mujeres de la cárcel de Figueres gracias a una ley trans que sólo exige mera declaración de voluntad para hacer un cambio de sexo registral facilitando, de esta forma, el cambio de módulo exigido.

Pero no sólo ha sido este caso, también la semana pasada supimos que el llamado 'asesino de Scream', que apuñaló a una mujer, y Pedro Jiménez, asesino y violador de dos mujeres policías en prácticas, han iniciado proceso de cambio de sexo registral.

En estos dos últimos casos, Instituciones Penitenciarias no ha dado información sobre si los agresores están en un módulo de hombres o mujeres.

Yo le pregunto a la principal favorecedora y culpable de esta situación, Irene Montero, pero también a la PSOE, a Sumar y a Podemos, si les importan lo más mínimo la seguridad y los derechos de las mujeres internas en centros penitenciarios.

Ya sabemos que no escucharon nuestras advertencias durante años. Pero ahora que ya se saben ciertas, y que no pueden ocultar los resultados de sus nefastas leyes y políticas transgénero, debemos preguntarles cuándo derogarán la ley trans.

Siguiendo el camino, por cierto, de otros países europeos que ya la han derogado tras la clamorosa vulneración de los derechos de las mujeres que ha comportado.

¿Es soberbia intelectual o recalcitrante sectarismo el que le impide reconocer y enmendar el error?

¿Es desprecio por las mujeres y causas que dicen defender?

Todo esto debemos preguntarles a quienes, osándose llamar feministas, promueven y amparan poner en riesgo la vida y derechos de las mujeres.