Feijóo durante su comparecencia en la comisión de investigación por la dana.
Cómo ganar en Aragón, arrasar al PSOE y que aún te expliquen cómo lo hiciste todo mal
España es el único país de Europa donde el partido "clásico" de centroderecha, el PP, resiste una ola sociológica que ha arrasado a sus homólogos en el resto de Europa.
Mi momento preferido de todas las elecciones que gana el PP llega cuando, al día siguiente, comparecen puntuales quienes jamás se han presentado a unas y adivinan, a toro pasado, lo que debería haber hecho Alberto Núñez Feijóo para ganarlas todavía más claramente.
Es como si un incel de toda la vida informa a su amigo biencasado de lo bien que le habría ido en la vida si se hubiera emparejado con aquella novia que emigró a Australia hace cuarenta años.
Siempre hay un ideal que mejora la realidad. La imaginación es el parque de bolas de los fracasados.
Y como nadie puede comprobar qué habría ocurrido si el PP hubiera complacido sus deseos, sus brillantes consejos demoscópicos quedan siempre a salvo de cualquier contrastación empírica.
Porque, al parecer, ganar las elecciones en una comunidad que hasta hace sólo tres años estaba gobernada por el PSOE y en la que el PP sólo ha gobernado durante once años de los cuarenta y ocho que llevamos de democracia; dejar al socialismo en su peor resultado histórico; lograr que Podemos desaparezca del escenario; y (casi) doblar en porcentaje y escaños al principal rival por la derecha… no es suficiente. ¡Había una forma mejor de hacer las cosas!
¡Había una forma de dejar a Vox a cero y sacar cuarenta diputados!
¡Y estos sabios de salón tenían la fórmula mágica!
El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, el de Aragón, Jorge Azcón, y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante la reunión de la Junta Directiva Nacional de los populares de este lunes.
Me pregunto qué partido de centroderecha democristiana tienen estos sabios como modelo. Porque en Italia, Hungría, Polonia, Austria, Países Bajos, Finlandia y Suecia los partidos de la nueva derecha han sorpasado ya a los viejos partidos democristianos (o amenazan con hacerlo en breve).
¿Son todos mononeurales en esos países?
En Francia, Alemania y Portugal, los partidos de la nueva derecha son ya una alternativa clara de poder, empujados por los problemas generados por la inmigración masiva.
Todos esos partidos ya estarían en el poder, de hecho, si los "viejos" partidos hubieran aplicado con ellos la misma política que se aplicó en el pasado con los partidos de la extrema izquierda: blanqueamiento y coaliciones de gobierno.
En Chequia, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Estonia y Croacia, esos partidos de la nueva derecha desafían también el monopolio conservador. Es cuestión de tiempo que las jóvenes generaciones los lleven al poder.
En Dinamarca, Bélgica y Luxemburgo han empujado a los democristianos a posturas mucho más duras en inmigración y soberanía.
Dicho de otra manera. España es el único país de Europa, el único, donde el partido "clásico" de centroderecha, el PP, resiste mal que bien una ola sociológica que ha arrasado, o amenaza con arrasar, a sus homólogos en el resto de Europa.
Pero vamos a ver, ¡si el PP acumula hoy el mayor poder territorial que ningún partido ha tenido jamás en democracia!
¿Qué más puede pedírsele a Feijóo, que recogió un partido en ruinas?
Otra cosa es que en la Moncloa viva alguien que se ha atrincherado, tan legal como ilegítimamente desde mi punto de vista, para impedir la alternancia democrática.
"¡No es lo mismo ganar que gobernar!", dicen algunos.
"Bienvenidos al país de Pero Grullo", me dan ganas de contestarles.
¿Cómo no vamos a saber que ganar no es gobernar, si gobierna España alguien que perdió las elecciones en 2023 y que decidió que una mayoría destructiva de bloqueo era mejor opción que un país funcional gobernado por la oposición?
Pero la pregunta es… ¿y quién va a gobernar si no es Azcón? ¿Pilar Alegría?
La candidata socialista Pilar Alegría, durante su comparecencia de anoche tras el escrutinio. Efe
Esa forma mejor de hacer las cosas consiste, según estos opinadores de salón, en que el PP se parezca más al partido que ha sufrido la mayor caída electoral de todas en Aragón.
¡Si sólo se hubiera parecido el PP un poco más al PSOE!
No al PSOE de Pedro Sánchez, sino al otro, al bueno, el moderado y con sentido de Estado. El de los GAL, Filesa y los 3,5 millones de parados de 1994.
¡Ese era el socialismo fetén!
La socialdemocracia "buena" es un poco como la novia australiana del incel. Como no ha existido jamás, puedes encasquetarle los atributos que te dé la gana.
Yo me pregunto si ese "parecerse un poco más al PSOE" incluye también que el PP gestione su relación con Vox como el PSOE ha gestionado su relación con EH Bildu, ERC, Junts, Podemos y Sumar. Es decir, dándole a Vox la capacidad de decidir sobre asuntos de Estado como Pedro Sánchez ha hecho con los extremistas.
¿A ese PSOE hay que parecerse? ¿O ese punto en concreto de la socialdemocracia con sentido de Estado nos abstenemos de copiarlo?
Hay dos errores en ese modo de razonar, y digo "razonar" siendo generoso, porque es sólo emotivismo adolescente.
El primero es creer que el voto de Vox es un voto "cabreado". Que quiere decir coyuntural, impulsivo y pasajero.
El voto a Vox, guste o no guste, está aquí para quedarse.
Pero Vox no es todavía el Podemos de 2016, y anda muy lejos de los 71 diputados y el 21,1% del voto que Pablo Iglesias consiguió ese año.
Voto cabreado, siento chafar la guitarra, es el del sanchismo, el de ERC y el de EH Bildu. Ese es el voto "cabreado" que gobierna hoy en España. Y sólo hay que comparar la España de 2026 con la de 2000 para darse cuenta de lo lejos que ha llegado la ola de polarización generada por los partidos extremistas españoles, hoy liderados por Pedro Sánchez.
El segundo error es creer que es Feijóo, y antes Pablo Casado, el que ha movido la ventana de Overton hacia la derecha. ¿Estamos hablando del mismo Feijóo? ¿ESE Feijóo?
Veo mucha preocupación entre esos sabios de salón por Vito Quiles, un chaval que no hace nada diferente de lo que Jordi Évole o el Gran Wyoming han hecho toda su vida sin dejar de ser considerados jamás como referentes mediáticos perfectamente homologables de la izquierda.
Quiles puede gustar más o menos (a mí no me hace ninguna gracia, como no me la han hecho jamás Évole, Wyoming o los Broncano y compañía, que me parecen imitaciones provincianas de los Bill Burr, Greg Gutfeld o Jimmy Fallon americanos).
Pero ¿qué convierte a Vito Quiles en especial y qué novedad aporta a un panorama mediático español que inventó la persecución callejera del político para preguntarle alguna impertinencia hace mucho, mucho tiempo? ¿De verdad hay para tanto? ¿O es que al sabio de salón le habría gustado ser él el que estuviera en el lugar de Quiles, arengando a las masas?
Y siento chafar la guitarra de nuevo, pero el programa del PP de hoy habría sido considerado si no socialdemócrata, sí muy aceptable para los votantes del PSOE en 1985.
Y por eso Felipe González es considerado hoy poco menos que un dinosaurio de extrema derecha por los actuales militantes del PSOE. Porque es la socialdemocracia la que es "facha" ya.
Es la izquierda actual, en fin, la que, desde Zapatero, se ha movido a posiciones excéntricas y rupturistas. Rupturistas con la Transición, para empezar.
Cualquier análisis que no empiece por esa obviedad está torcido y retorcido antes de empezar. Dicho de otra manera: es sectario.
Yo recomiendo a estos nostálgicos del PSOE "bueno" que se centren. No ideológicamente, que también. Sino psicológicamente. El síndrome de Estocolmo no es bueno.
Porque es en todo caso el PSOE el que debe empezar a parecerse más al PP, no el PP al PSOE.