Pepe Mel es uno de los entrenadores más reconocidos del fútbol español.

Pepe Mel es uno de los entrenadores más reconocidos del fútbol español. Cedida por el entrevistado

Opinión HABLANDO SOBRE ESPAÑA

Pepe Mel: "Que la Iglesia no pague el IBI es una forma soterrada de fanatismo religioso"

"Los españoles creen que los futbolistas sólo leen el Marca y se equivocan"/"Urge implantar la segunda vuelta, nos estamos acostumbrando a no tener gobierno"/"Debemos pagar impuestos a la altura del sueldo, lo dice uno que abona el 50% de lo que gana"

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Lo mismo dibuja un once que alumbra una novela histórica. En el curro, pide más centros al área y sueña con balones que lamen la red de la portería contraria. De vacaciones, se calza el buzo de investigador y manosea pergaminos crujientes, de oscuro amarillo, paridos hace tropecientos años. Los últimos le han servido para dar a la imprenta La llave sefardí (Almuzara, 2018).

Por fin, Pepe Mel (Madrid, 1963) entrena a un equipo de camiseta amarilla, a juego con esos libros viejos que inundan su biblioteca: Las Palmas. Desde su ventana, ve el fuego que muerde la isla. Antes fue el míster de las gestas con el Rayo Vallecano y el Betis. Vestido de corto, hacía de pichichi. “Educado” -suya es la palabra- en el Real Madrid, se enfundó un porrón de camisetas españolas.

Mel reconoce que sus incursiones literarias le convierten en un raruno de los vestuarios, pero lanza una estocada al tópico de la incultura que envuelve su gremio: “Quien crea que los jugadores sólo leen el Marca se equivoca”. Con sus respuestas rompe otro tópico, éste cierto: el silencio de futbolistas y entrenadores cuando toca hablar de política. Él da un repaso a todos los partidos, desmiga su visión de la Guerra Civil y aborda el conflicto separatista.

10.000 hectáreas arrasadas por el fuego, 9.000 personas evacuadas de sus casas… ¿Había contemplado antes una tragedia como ésta?

Toda catástrofe lleva aparejado algo bueno… El incendio hace que brille la solidaridad de la gente. Una ola de bondad recorre la isla. Los que no han sufrido daños están al lado de los afectados. Pero sí: ahí está la ruina ecológica y social...

¿Qué ve ahora si se asoma por la ventana?

Vivo en una zona elevada. Desde mi casa, he apreciado las llamas. El club quiso que el partido del pasado fin de semana no se disputara. La atención de la gente y las fuerzas del orden público estaban centradas en lo importante.

El otro día me dijo un compañero: “Nos hemos vuelto locos. La isla está ardiendo y se ha jugado un Las Palmas-Huesca”.

Cuando los hidroaviones sobrevolaban el estadio, los 11.000 espectadores rompían a aplaudir. Pero eso que usted comenta tiene otra vertiente. Lo explico, creo que todo el mundo me va a entender. El fútbol también es un negocio que da trabajo a mucha gente. Igual que los supermercados, los cines, las cafeterías, las tiendas de ropa… que no cerraron ese día. Entiendo a quienes pedían la suspensión, pero también a La Liga.

El año pasado llegó a haber fútbol todos los días de la semana. Quizá el delirio sea ése.

Este deporte ha cambiado una barbaridad. Cuando yo era futbolista, nos dedicábamos sólo a jugar y entrenar. Ahora, la profesión va mucho más allá. Que te puedan ver en directo en Japón y China supone que los derechos televisivos crezcan, exponencialmente, un 100%. ¡Es muchísimo dinero! El West Bromwich, al que entrené en la Premier, ganó más dinero por mantener la categoría que el Real Madrid por hacerse con la Champions. Esto, además de un deporte, es un negocio.

¿Y eso tiene más de bueno o de malo?

La parte mala es que la saturación perjudica. Si hay fútbol en la tele todos los días, seguro que una parte importante del público se cansa. Pero esto tiene algo muy positivo: el hincha de un equipo no demasiado grande siempre puede seguir a los suyos.

¡Así no le va a dar tiempo a leer ni a escribir!

Por suerte o por desgracia, entrenar es mi trabajo y me obligo a estar al día, sobre todo cuando se trata de la competición en la que participo. La escritura, que para mí es una afición, la ejerzo con frecuencia, pero cuando estoy de vacaciones. No es justo que yo dedique una parte de mi tiempo a ese asueto personal.

¿De verdad el fútbol es el opio del pueblo en España?

No lo sé. La sociedad actual tiende al ocio. Las redes sociales, las series… Antes, los recursos eran mucho menores. El fútbol entra dentro de ese espacio que se agranda a toda pastilla. Fíjese en la liga femenina. ¡Esto va a más!

Las jugadores luchan por un salario mínimo que apenas roza los mil euros al mes.

Me recuerda mucho al fútbol masculino de los años sesenta y setenta. Tengo muchos amigos ex futbolistas de élite de esa época que, si no jugaban veinte años en el Barca o el Real Madrid, tenían que trabajar al mismo tiempo. La competición femenina sigue el mismo proceso, va unida a lo comercial. Si los anunciantes y las teles escuchan la llamada de la gente, crecerá con rapidez.

Tendemos a minusvalorar la cultura de los futbolistas. Usted ha pasado por muchos vestuarios. ¿Es un error hacerlo?

Es un poco injusto. Esa generalización quizá tenga más que ver con mi época que con la de ahora. Antes, como le contaba, nos dedicábamos en exclusiva al cuero. Ahora -lo he visto en muchos vestuarios- es raro que un jugador no aprenda idiomas o Empresariales.

Se lo pregunto de otra manera. Si el futbolista leyera más, ¿el ambiente que envuelve este deporte sería más edificante?

Le contesto con un razonamiento de lo que es nuestro país. Cuando entrenaba en Inglaterra, probablemente por el clima, las calles estaban repletas de librerías, que a su vez contaban con cafeterías. Hablo de Birmingham. Los clientes salían con tres libros bajo el brazo. Abrían el paraguas y se iban a leer. En España, el sol invita a tomar una cerveza a cualquier hora, y no a leer. El futbolista no es ajeno a todo eso. Aquí, la lectura no está entre las principales preferencias del ciudadano. Claro, el componente personal siempre juega un papel clave, pero el carácter de un pueblo determina.

Usted es una excepción… y lo sabe. La corriente futbolístico-literaria no es común. Pardeza -entrevistado hace un tiempo en esta misma sección- y usted forman parte de una Galia.

Conozco a Miguel, fuimos compañeros en el Real Madrid muchos años. Es una persona preparada, tenemos gustos parecidos. Cada cual es diferente. Escribir y leer te tiene que gustar desde niño. Eso cada vez es más complicado. Nosotros teníamos cuentos, tebeos… Ahora, eso ha cambiado por las redes sociales, los dibujos animados, las series… El libro ha pasado a un segundo plano. A mí, como objeto, me encanta. Por mi profesión y los viajes, leo en el Ipad. Sin embargo, cuando uno me gusta, lo compro y lo guardo. Sé que es raro.

Mel, durante un entrenamiento con su actual equipo.

Mel, durante un entrenamiento con su actual equipo. Cedida por el entrevistado

A los periodistas nos gusta asociar los escudos a los valores. El sacrificio del Atleti, la lucha obrera del Rayo… ¿Qué pasa con el Barça? ¿El independentismo ha colonizado el club?

El Barça se ha visto obligado a no obviar todo lo que ocurre a su alrededor. Conozco mucho Cataluña. Antes de fichar por Las Palmas, comentaba partidos allí. El sentimiento separatista es numeroso. La Historia nos enseña muchas cosas, por eso me encanta. Debería ser obligatorio que todos la estudiáramos de verdad. Con la Historia, los pueblos pueden corregir sus errores. Cuando se deforma la Historia, vienen los problemas.

¿El nacionalismo deforma la Historia?

Ser independentista no es malo, por supuesto. Desean una forma diferente de vivir, fruto de ese sentimiento. Yo, si no hubiera sido futbolista, me habría convertido en profesor de Historia y arqueólogo frustrado. Es la Historia la que nos enseña que Cataluña ha jugado un papel importantísimo en la península ibérica.

¿Y usted qué piensa?

La sociedad actual debe luchar contra las fronteras y apostar por la moneda única, la convivencia y una Europa unida frente a los muros que algunos quieren levantar.

¿Cuál es el pegamento para garantizar la convivencia en Cataluña?

El diálogo, el entendimiento. Yo pasaría las soluciones por el tamiz de la política. Pero, ¿sabe qué pasa? Para eso debe haber buenos políticos… Ay, ése es otro tema.

Usted ha entrenado en muchos lugares en los que las banderas de España son motivo de orgullo: Sevilla, Madrid… En otros sitios, no sucede con frecuencia. ¿Cuál es su diagnóstico?

Cuarenta años de dictadura han perjudicado mucho el sentimiento nacional español. Entiendo el recelo de quienes fueron machacados por hablar su lengua. El sistema educativo es importantísimo. Si una cosa es blanca, no puede serlo en Madrid y aparecer negra en Barcelona o Bilbao. Viajo mucho, mi hija ha estado escolarizada en cantidad de sitios. Hay una diferencia abismal entre lo que se enseña en Andalucía y País Vasco. Ésa es, seguro, una de las claves del problema.

Volvamos a los equipos. ¿Qué representa el Real Madrid?

Puedo hablar del Real Madrid que conocí. Entré con diez años y me marché casado. Te cuidaban como persona, te enseñaban una serie de valores, a respetar al rival… Siendo niños, solíamos ganar a casi todos los equipos. Aprendí a dar la mano, a saludar, las maneras, el comportamiento ejemplar. Es muy difícil saber ganar, eso es lo que te hace grande. El Real Madrid que yo viví me lo enseñó. Eran los primeros interesados en las notas del colegio. No sé si sigue siendo así.

En aquellos años se decía que el Real Madrid era el equipo de Franco.

El éxito del Real Madrid no se ha forjado en España, sino en Europa. Dicho por la UEFA: es el mejor club del siglo veinte por las Champions que gana. Ahí, Francisco Franco poco pudo hacer. No creo que los ingleses, alemanes o franceses se dejaran ganar porque lo pidiera el dictador.

Déjeme hacerle un comentario algo populista: se pagan cien millones de euros por un jugador, mientras los inmigrantes del Open Arms no pueden desembarcar en Europa.

Sí. Pero también ocurre con el baloncesto o la música. Lo importante es saber adónde van los impuestos. Ahora que veo el incendio, la pregunta es: ¿qué han hecho con ese dinero? ¿La reacción pudo ser más rápida? El mismo interrogante vale para el Open Arms.

Si fuera presidente por un día, ¿cuál habría sido su solución?

En ese barco había seres humanos. Más allá de lo que diga Italia, que impedía el desembarco, España debía dar ejemplo. No olvidemos de dónde venimos. Los españoles, durante mucho tiempo, emigramos para ganarnos el pan. Mi padre trabajaba en una fábrica y mi madre fregaba escaleras. Eso lo hicimos fuera de España durante mucho tiempo.

El fanatismo religioso es uno de los temas que más palpita en sus novelas. ¿Por qué?

Es uno de los mayores peligros de la sociedad actual. En realidad, lo ha sido siempre. La inquisición de los cristianos, el terrorismo islámico… Cuando la religión va más allá de la libertad del que tienes enfrente, es muy peligrosa.

¿Cuál fue el último “fanatismo religioso” en España?

La Iglesia, durante mucho tiempo, ha tenido muchos privilegios. Como usted no pague el IBI lo lleva claro, pero la Iglesia ostenta una gran cantidad de inmuebles histórico-artísticos por los que no paga. Eso es una forma soterrada de fanatismo religioso.

¿Y el nacionalcatolicismo implantado por Franco?

Nací en 1963, me pilló de refilón. España es un país envejecido y fue educado, en gran parte, en esa época. Durante muchos años, se estudió de una forma. Es complicado cambiarlo. Sí que tuvo que ver en lo posterior. Mostramos inteligencia con una Transición ágil y calmada.

Por cierto, ¿se animaría a una trama sobre la exhumación del dictador?

Sí, además es sencilla, tendría aceptación entre la gente. Hay mucho libro para imbuirse y luego imaginar. Lo bonito de escribir, para mí, es la preparación, la investigación. Eso me divierte y entretiene. Existe mucho material acerca del Valle de los Caídos, sería un libro fascinante.

La Memoria Histórica todavía nos divide. ¿Cuál es su visión de la Guerra Civil?

Más allá de las causas, que cada uno ve desde su prisma de rojo o azul, me quedo con la enseñanza. Todo pueblo que sufre una guerra civil debe extraer todo lo malo que tiene para no repetirlo. España, con tintes que a veces lo emborronan, ha dado una muestra de cordura. La peor guerra es la que enfrenta al mismo pueblo.

Mel posa con su última novela.

Mel posa con su última novela. Cedida por el entrevistado

Los Reyes Católicos sobrevuelan su último libro: “La llave sefardí”. El otro día, la nueva presidenta de su tierra natal, Isabel Díaz Ayuso, dijo identificarse con Isabel la Católica. ¿Eso es bueno… o malo?

Si lo dice en cuanto a que haya una recaudación de impuestos que se pueda repartir para crear cosas, me parece bien. En todo lo demás… no es un buen ejemplo. No porque la reina Isabel lo hiciera mal, sino porque extrapolar esa época al mundo de hoy… Es como cuando el presidente de México dijo que los españoles deberían pedir perdón por la conquista de América. Es una opinión monstruosa. En esa época no había derechos humanos. También tendrían que pedir perdón los italianos por el Imperio, Egipto por los faraones...

¿Qué charla le daría a Pablo Casado antes de saltar al campo?

Debemos pagar impuestos a la altura de lo que ganamos, lo dice uno que suele abonar el 50% de su sueldo. No veo claro el uso que hacen los políticos de esa recaudación. Esa asignatura deberían aprenderla a marchas forzadas.

¿Pedro Sánchez?

Lo que menos me gusta de un político es que su discurso sean solo palabras y esté hueco. Tiene que albergar contenido. Eso se demuestra cuando alcanzas el poder. Los españoles estamos hartos de votar. Tanto que muchos dicen que no volverán a las urnas si se repiten las elecciones. La gente cada vez se aburre antes. Es un error porque esa actitud influye en lo que nos va a pasar. Sánchez tiene una obligación tremenda. ¡No podemos volver a votar!

¿Albert Rivera?

Empezó fuerte, ilusionó a mucha gente. Venían cosas frescas. Igual que Pablo Iglesias. Al final, se están enredando en las peleas de rojos y azules que iban a evitar. La sociedad actual no funciona así. La gente quiere tener un trabajo digno y una vivienda, que no haya fronteras y que sus hijos puedan volar solos. Hay que cumplirlo, no valen las palabras.

¿Pablo Iglesias?

Me remito a la respuesta sobre Rivera. Yo trabajé en el Rayo Vallecano cuatro años. Él está muy apegado a esa zona...

¿Lo conoció?

No. Habiendo vivido allí, sabe del problema que tiene la clase obrera. No hace falta irse al Open Arms o a África para conocer esa situación. También está en Madrid. Quedarse en peleas de partidos demuestra que uno no está preparado para lo que los ciudadanos le han elegido.

¿Le pareció una contradicción lo del chalé?

No. Cada uno hace con su dinero lo que quiere. Me parece bien que dé lo mejor que esté en sus manos a sus tres hijos. Es lo que hacemos todos los padres. El problema está en que debe actualizar sus propuestas para poner las cosas en marcha y que la gente de Vallecas tenga más posibilidades.

¿Santiago Abascal? ¿Cómo ha vivido el nacimiento de Vox?

El nacimiento de los extremismos llega en momentos de crisis. Sucedió en Alemania, Italia… No son buenos, ni de un lado ni de otro. Es un partido que la gente ha votado y que, por tanto, hay que respetar. Deberemos juzgarles por lo que hagan.

¿Usted es monárquico o republicano?

Salvo mi niñez, he vivido siempre en monarquía. Pero creo en la democracia, lo normal sería que la jefatura del Estado fuera votada por todos nosotros, pero el actual rey hace un gran papel, está preparado para su cargo.

¿Una reforma para España?

La segunda vuelta electoral en la que sólo participen los dos partidos más votados. Urge esa reforma. Nos estamos acostumbrando a que no haya gobierno.

¿El problema de España es no haber tenido una revolución “a la francesa”?

No lo creo. Como latinos que somos, cogemos lo bueno de otros países. El pueblo español es un sitio de pioneros, gente inteligente… Nos gusta vivir la vida. Y tenemos mucha suerte geográfica.

¿Le van a mirar con otra cara sus jugadores tras esta entrevista?

No creo. Hablo con ellos abiertamente de todo. La gente piensa que los futbolistas solo leen el Marca y el As. Se equivocan.