Los líderes de AfD, Tino Chrupalla (izquierda) y Alice Weidel (derecha), arropan a Ulrich Siegmund, ganador en Sajonia-Anhalt.

Los líderes de AfD, Tino Chrupalla (izquierda) y Alice Weidel (derecha), arropan a Ulrich Siegmund, ganador en Sajonia-Anhalt. REUTERS/Liesa Johannssen

Europa

La AfD tiende la mano a los tránsfugas del partido de Merz en Sajonia: golpe de gracia al centroderecha en Alemania

La extrema derecha trata de reclutar en el partido de Friedrich Merz para cubrir los tres escaños que necesita para gobernar.

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Paolo Fava
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Las claves

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AfD logra una contundente victoria en Sajonia-Anhalt con el 44% de los votos, superando ampliamente a la CDU, que obtiene solo el 17%.

El candidato de AfD, Ulrich Siegmund, busca formar gobierno apoyándose en posibles tránsfugas de la CDU y rompiendo el histórico "cortafuegos" contra la ultraderecha.

El resultado electoral supone un duro golpe para el canciller Friedrich Merz, quien rechaza pactar con AfD pese al descontento interno y el peor resultado de la CDU en décadas.

La victoria de AfD, con un fuerte discurso antiinmigración y prorruso, genera preocupación en Europa y abre el debate sobre el auge de la extrema derecha en Alemania.

La contundente victoria de la formación de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt ha "sacudido los cimientos" de la gobernante Unión Cristianodemócrata (CDU), admite su líder, el canciller Friedrich Merz. Sin embargo, ha insistido en su rechazo a colaborar con ellos pese al riesgo de deserciones entre sus filas.

Con un discurso antiinmigración populista, cercano a la Rusia de Vladimir Putin y la influencia del magnate Elon Musk, la AfD ha conseguido el 44% de los votos en las elecciones regionales frente al 17% de la CDU, en lo que se interpreta como un voto de castigo del electorado a Merz, que le reprocha la ralentización económica y el alza del coste de la vida.

El candidato de AfD, Ulrich Siegmund, ha manifestado su deseo de formar gobierno pese a que no ha logrado la mayoría absoluta, obteniendo 39 de los 83 escaños regionales. Confía en romper el "cortafuegos" histórico del resto de partidos a la ultraderecha y asegurarse el voto de tres tránsfugas que le permitan formar gobierno en primera vuelta.

"Si hay actores individuales que están dispuestos a saltar sobre su propia sombra y que consideran que el futuro de Sajonia-Anhalt es más importante que su carrera, son bienvenidos", declaró en una rueda de prensa en Berlín con los copresidentes del partido, Alice Weidel y Tino Chrupalla.

Chrupalla apeló a romper con la disciplina de voto, recordando que "cada parlamentario tiene libertad en sus decisiones según la Constitución". Siegmund ha insistido en que espera poder una "mayoría estable" y apela a la CDU para cumplir con la "voluntad de los votantes".

La posibilidad de que políticos de centroderecha rompan filas y se sumen a una extrema derecha en auge se ha convertido en la pesadilla de la CDU. "Todos estamos en un profundo shock", confesaba en rueda de prensa el propio Merz mientras valoraba el peor resultado de su formación en décadas.

En el lado de la AfD, Weidel echaba sal a la herida. "Seremos la primera fuerza en toda Alemania en las próximas elecciones generales", proclamó. "Friedrich Merz es el canciller más impopular de la historia de Alemania", insistía, vaticinando que bajo su mando, "la CDU nunca volverá a ganar unas elecciones".

El canciller no ha tratado de rebajar la gravedad de la situación, resaltando el mal precedente para las elecciones regionales que se celebran en Berlín y en la región oriental de Mecklemburgo-Antepomerania. Sin embargo, se ha mostrado desafiante, asegurando que "rendirse no es una opción" para él.

El canciller alemán y líder de la CDU Friedrich Merz comparece para valorar la derrota en Sajonia-Anhalt

El canciller alemán y líder de la CDU Friedrich Merz comparece para valorar la derrota en Sajonia-Anhalt REUTERS/Axel Schmidt

Admitiendo que no han hecho lo suficiente para transmitir "emocionalmente" el objetivo de sus reformas, ha encomendado a su partido "explicar matemáticamente y económicamente" las medidas. Ha recordado la "responsabilidad especial" de Alemania en la construcción europea, insinuando que AfD es un caballo de Troya del Kremlin contra la UE y la OTAN.

"No me apartaré ni un milímetro de mi convicción fundamental de que, precisamente ahora, debemos defender nuestra libertad también frente a Rusia", declaró, acusando al Kremlin de pretender "desestabilizar el sistema de valores de lo que antes llamábamos Occidente".

Una encuesta realizada por la televisión pública ARD determinó que el 87% de los votantes de Sajonia-Anhalt se oponía a las políticas de Merz, y tres tercios del electorado, incluida la mayoría de la CDU, consideraba que el canciller había perjudicado a su candidato regional, el primer ministro sajón Sven Schulze.

El "cortafuegos" pierde fuerza

De momento, un único partido ha demostrado su disposición a saltarse el "cortafuegos" y negociar con AfD. Se trata de los populistas de izquierda de Sahra Wagenknecht, Por la Razón y la Justicia (BSW). Su punto en común es el rechazo a la inmigración, a la que acusan de dañar a los trabajadores locales, y las críticas al apoyo a Ucrania frente a Rusia.

Sajonia-Anhalt es uno de los estados más pobres del este excomunista alemán, y tanto AfD como BSW han incidido en criticar las sanciones a Rusia impuestas tras la invasión de Ucrania, que han terminado con la disponibilidad de energía barata y gas natural que alimentaron el crecimiento de la industria alemana.

Sin embargo, BSW apenas ha logrado superar el umbral del 5% de voto que le permite entrar en el parlamento regional. Su única opción para investir a Siegmund sería abstenerse en la tercera votación, cuando sólo se requeriría una mayoría simple, algo a lo que AfD no desea tener que llegar.

A lo largo de la campaña, el objetivo de la extrema derecha fue explotar el descontento hacia la clase política tradicional, ofreciendo soluciones drásticas y promesas básicas como "calles más limpias y seguras". También incidió en el sentido de orgullo nacional y patriotismo, temas hasta cierto punto tabú tras el final de la II Guerra Mundial.

El electorado de AfD -un 50% de hombres frente a un 39% de mujeres- también hace gala de cierta nostalgia por la época comunista, en la que esa región de Alemania era gestionada por la URSS y que se convirtió en una de las más pobres tras la reunificación. En ese sentido, la relación del partido con la órbita del Kremlin es un punto de atracción.

Pese a estas particularidades locales, Weidel ha proclamado que su partido no obtendrá menos del 40% en las próximas elecciones generales, que deben celebrarse en 2029. Mientras, el partido sigue rechazando las acusaciones de extremismo formuladas por el Servicio de Inteligencia Doméstica de Alemania, que califica de "alarmistas" e "insultantes".

El ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, advirtió este lunes que no existe "ningún compromiso" posible con la extrema derecha y pidió a las fuerzas democráticas responder al descontento social que alimenta su auge.

El primer ministro neerlandés, Rob Jetten, se expresó en la misma línea aunque de forma más matizada. "El votante alemán, por supuesto, siempre tiene razón. Al mismo tiempo, es preocupante que un partido con posiciones extremas, entre ellas posturas prorrusas, haya obtenido un resultado tan bueno".

El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha sido sin embargo el más duro de todos. "En Polonia, sólo idiotas o traidores pueden alegrarse del triunfo de AfD en Alemania".