Imagen de un gato viajando en un coche.
La UE cambia las normas: las mascotas no podrán viajar con otra persona que no sea su dueño salvo que cumplan este requisito
Cuando el animal no viaje con su dueño, la persona que lo transporte debe contar con una autorización que acompañe a la documentación del animal.
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Este miércoles 22 de abril entran en vigor las nuevas condiciones para viajar con mascotas en todo el territorio de la Unión Europea. La actualización introduce ajustes en la forma en que deben organizarse estos viajes, especialmente cuando el dueño no acompaña al animal.
La medida forma parte de una revisión del marco legal europeo que regula los desplazamientos sin fines comerciales de perros, gatos y hurones. Aunque no supone una transformación radical del sistema, sí aclara aspectos que venían generando dudas al respecto.
El objetivo de esta actualización es reforzar el control sanitario y mejorar la trazabilidad de los animales que cruzan fronteras dentro de la UE. Con ello, Bruselas busca evitar irregularidades, garantizar la seguridad y unificar criterios en todos los Estados miembros sin dificultar en exceso los viajes habituales.
La nueva normativa para viajar con mascotas
La aplicación del Reglamento Delegado (UE) 2026/131 marca el inicio de una nueva etapa en la regulación de los viajes con mascotas dentro del espacio europeo.
Aunque muchas de las bases ya existían en la normativa anterior, ahora se consolidan bajo un sistema más coherente con la legislación general de sanidad animal de la Unión. Esto implica que ya no hay margen para interpretaciones flexibles que en ocasiones generaban confusión entre propietarios, transportistas y autoridades.
Uno de los puntos que más atención está recibiendo es el relativo a quién puede acompañar al animal durante el desplazamiento. La norma mantiene que el propietario debe ser quien viaje con su mascota, pero introduce una precisión clave en los casos en los que esto no ocurre.
Cuando el animal no viaje directamente con su dueño, la persona que lo transporte debe contar con una autorización escrita que acompañe a la documentación oficial del animal, lo que añade una capa adicional de control administrativo.
La cuestión más relevante no es tanto quién transporta al animal, sino la relación temporal entre ambos viajes. La normativa establece que el desplazamiento de la mascota debe estar vinculado al del propietario, con un margen máximo de cinco días antes o después.
Este detalle, que ya existía en la regulación previa, cobra ahora mayor protagonismo al quedar plenamente integrado en el nuevo marco legal sin excepciones transitorias.
Imagen de ilustración de un perro viajando con un niño.
Este requisito puede parecer menor, pero tiene implicaciones prácticas importantes. En situaciones como mudanzas, viajes familiares o periodos vacacionales, será necesario planificar con precisión las fechas para evitar que el desplazamiento del animal quede fuera de ese intervalo permitido.
Si se supera ese margen, el viaje deja de considerarse un movimiento particular y pasa a regirse por normas mucho más estrictas.
En ese escenario, el animal se somete a las condiciones aplicables a la importación o al comercio dentro de la Unión Europea. Esto implica controles sanitarios más exigentes, procedimientos administrativos adicionales y, en algunos casos, costes más elevados.
De ahí que las autoridades europeas insistan en que no se trata de una prohibición nueva, sino de una delimitación más clara de lo que se considera un viaje privado frente a uno de carácter comercial o sanitario.
La evolución de esta normativa no es reciente, sino que desde la entrada en vigor del Reglamento (CE) 998/2003, que supuso la primera armonización europea en este ámbito, la UE ha ido adaptando sus reglas para beneficiar la salud animal y prevención de enfermedades.
No obstante y a pesar de las normativas, viajar con animales dentro de la Unión sigue siendo relativamente sencillo si se cumplen los requisitos establecidos, pero deja de ser un trámite automático.
La documentación, la identificación del animal y el cumplimiento de los plazos se convierten en elementos esenciales para evitar problemas en frontera o durante el trayecto. Por eso, más que endurecer las condiciones, lo que hace esta nueva normativa es reducir los márgenes de error.