Vero, propietaria de 97 trasteros, en el canal de Eric Ponce.

Vero, propietaria de 97 trasteros, en el canal de Eric Ponce. YouTube.

Estilo de vida

Vero, dueña de 97 trasteros: "Facturamos 4.500 € al mes por centro, y solo 1 tuvo una inversión inicial de 100.000 €"

La falta de espacio en las viviendas ha impulsado un negocio que permite obtener ingresos recurrentes sin invertir grandes cantidades.

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El mercado de los trasteros atraviesa uno de sus mejores momentos en España. Desde la pandemia, el número de estos espacios ha crecido un 10 % por encima de la media europea, con Madrid y Barcelona como principales focos de una actividad que cada vez despierta más interés entre los inversores.

Y es que, detrás de este crecimiento hay un problema cada vez más habitual en las ciudades: la falta de espacio en las viviendas. Los pisos son más pequeños y caros, mientras que las necesidades de almacenamiento no dejan de aumentar, lo que ha convertido los trasteros en una solución práctica tanto para particulares como para pequeños negocios.

Pero la demanda no es el único atractivo de este mercado. Su reducido coste frente a otros activos inmobiliarios y la posibilidad de obtener ingresos recurrentes han hecho que cada vez más propietarios se interesen por este modelo. Es el caso de Vero, una inversora que ya cuenta con más de 97 trasteros.

Un negocio en auge

Verónica, conocida como Vero en el sector, no llegó al negocio de los trasteros por casualidad. Su punto de partida fue la observación directa de una necesidad concreta: la falta de espacio en viviendas urbanas, especialmente en edificios antiguos sin zonas de almacenamiento.

A partir de ahí, y con el apoyo de un conocido que ya operaba en este mercado, dio sus primeros pasos en 2015, apoyándose en proveedores especializados y arquitectos que le ayudaron a transformar locales en centros de self-storage.

Su modelo parte de una premisa clara: la ubicación lo es todo. A diferencia de otros operadores que sitúan sus instalaciones en polígonos industriales, Vero apuesta por locales dentro del núcleo urbano, incluso reutilizando espacios como antiguos supermercados.

El objetivo es captar a un cliente de proximidad, alguien que necesita una solución inmediata y cercana, casi como si añadiera una habitación extra a su vivienda.

En cuanto a la inversión, la cifra inicial es elevada, aunque el plazo de recuperación resulta relativamente corto. Según Vero, uno de sus centros, con 400 metros cuadrados y cerca de un centenar de trasteros, requirió una inversión inicial de aproximadamente 100.000 euros.

Una vez superada esa fase, el negocio entra en una dinámica mucho más predecible. Cada centro genera en torno a 4.500 euros mensuales, mientras que los gastos fijos —principalmente alquiler del local, suministros y sistemas de seguridad— rondan los 2.000 euros.

Vero, propietaria de 97 trasteros, en el canal de Eric Ponce.

Esta diferencia deja un margen interesante, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un modelo con muy baja carga operativa.

La clave de esa eficiencia está en la automatización. No hay personal fijo en los centros, las visitas se gestionan de forma remota, los accesos se abren a distancia y los contratos se firman online.

En el día a día, la gestión se limita prácticamente a atender llamadas o resolver incidencias puntuales, lo que permite escalar el negocio sin aumentar proporcionalmente los costes.

En cuanto a la demanda, hay un patrón muy claro. Los trasteros que más se alquilan "por norma general" son los de dos metros cuadrados, es decir, 2x1, con una altura de dos metros y medio. "Estos salen a unos 50 euros al mes, con el IVA y el seguro incluido", comenta Vero.

Ese seguro cubre robo, pérdida, incendio e inundación. "Piensa que en unos dos metros cuadrados tenemos asegurados trasteros de 1.500 euros y de 2.000", añade.

Su precio los convierte en una opción accesible para un amplio perfil de cliente. Desde vecinos que necesitan guardar bicicletas hasta familias que buscan espacio para ropa de temporada o material deportivo.

Ese enfoque de proximidad tiene otra consecuencia relevante: la estabilidad. La rotación de clientes es baja porque el servicio se integra en la rutina del usuario.

El trastero deja de ser un alquiler temporal para convertirse en una extensión permanente del hogar. De hecho, el objetivo de Vero no es maximizar la rotación, sino mantener la ocupación cercana al 100 % durante largos periodos.

El momento más exigente llega al principio. Durante los primeros meses, llenar los trasteros requiere inversión en publicidad y un esfuerzo comercial constante.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el boca a boca dentro del propio barrio se convierte en el principal canal de captación, reforzando esa lógica de negocio local.