Santiago Abascal, este jueves en un mitin de Vox en Huelva.

Santiago Abascal, este jueves en un mitin de Vox en Huelva. Europa Press

Política

Vox quiere que el requisito clave para poder obtener ayudas públicas sea acreditar estudios en la CCAA de residencia

Considera que los "patrones" que miden el arraigo son un coladero y por ello quiere exigir, además del empadronamiento y pruebas de la existencia de vínculos familiares en el territorio, una trayectoria escolar o académica.

Más información: El PP refuta a Vox: extranjeros con arraigo tendrán el mismo derecho que los españoles al aplicar la "prioridad nacional"

Publicada
Las claves

Las claves

Vox propone que para acceder a ayudas públicas en Extremadura y Aragón sea necesario acreditar estudios realizados en la comunidad autónoma de residencia.

El partido plantea también reforzar el padrón y exigir vínculos familiares con la región como condiciones para recibir subvenciones.

Estas medidas buscan fortalecer el concepto de "arraigo real" sin exigir la nacionalidad, diferenciándose del criterio actual basado solo en el empadronamiento.

El modelo de Vox introduce requisitos más estrictos que los vigentes y se aplicará progresivamente a través de cambios normativos autonómicos.

El debate sobre qué significa exactamente la "prioridad nacional" ha dado un paso más tras los pactos firmados entre PP y Vox en Extremadura y Aragón.

Bajo ese concepto, Vox empieza ahora a concretar qué medidas quiere implantar en la práctica para garantizar ese acceso preferente a ayudas públicas, y son tres: padrón reforzado, vínculos familiares con la región y haber cursado estudios en ella.

Estas tres condiciones, según explican fuentes del partido a EL ESPAÑOL, forman parte del desarrollo "real" del acuerdo alcanzado con el PP en ambos territorios.

No se trata de una reforma única ni inmediata, sino de una estrategia progresiva: ir introduciendo cambios regulatorios dentro de las competencias autonómicas, norma a norma, desde las consejerías que, gracias al pacto, ahora gestionan en Aragón y Extremadura.

La llamada "prioridad nacional" ha sido uno de los principales puntos de fricción entre PP y Vox, hasta el punto de impedir un acuerdo en el Congreso cuando los de Santiago Abascal llevaron una moción con un planteamiento mucho más amplio.

Sin embargo, lo pactado en Extremadura y Aragón no supone una rebaja del concepto, sino su traslación a un marco jurídico concreto dentro de los límites de la legalidad autonómica.

De hecho, lo firmado en ambas comunidades no implica que "los españoles vayan primero" como criterio general, sino que se articula en torno a la idea de que tengan preferencia quienes acrediten un "arraigo real, duradero y verificable" en el territorio. Es decir, una formulación abierta que se apoya en el funcionamiento ya existente del sistema de prestaciones en España.

Porque ese principio no es nuevo. Muchas comunidades autónomas —con independencia del partido que las gobierne— exigen acreditar un tiempo mínimo de empadronamiento para acceder a ayudas sociales. La lógica se repite en Madrid, Cataluña, Canarias o Euskadi: los recursos públicos se asignan a quienes demuestran residencia efectiva y duradera. No es un criterio de nacionalidad, sino de vecindad administrativa.

El problema es que Vox cree que lo que hay ahora es demasiado inconcreto y está buscando las estrategias regionales para, sin saltarse la Ley de Extranjería, que establece que los extranjeros residentes tienen derecho a las prestaciones sociales en las mismas condiciones que los españoles, endurecer los criterios para obtener subvenciones públicas.

Insisten en que sin introducir la nacionalidad como requisito directo, se pueden hacer "muchas cosas" más allá del arraigo medido por "patrones que, en muchos casos, son fraudulentos".

En ese proceso encajan las propuestas que manejan internamente: el padrón, reforzando los controles para evitar inscripciones sin residencia efectiva; los vínculos familiares con la región, como forma de acreditar un arraigo más profundo que el meramente administrativo; y la acreditación de estudios en la comunidad, como elemento que certifique una trayectoria vital ligada al territorio.

La propia Isabel Díaz Ayuso lo ejemplificaba este jueves en la Asamblea de Madrid al defender que "no es lo mismo llevar cuatro meses que 15 años" en la región a la hora de acceder a ayudas como las becas o las prestaciones por maternidad. Una afirmación que resume el criterio de arraigo tal y como funciona hoy.

Vox, sin embargo, quiere ir más allá de ese modelo. Y lo hace introduciendo nuevos elementos que, a su juicio, permiten reforzar ese vínculo con el territorio. A modo de ejemplo dan tres ideas, pero aseguran que puede haber más y que irán "aterrizando" conforme los consejeros de Vox tomen las riendas de su partido.

Tres fórmulas

El primero es el padrón, aunque con un enfoque más restrictivo. El partido insiste en la necesidad de evitar empadronamientos "fraudulentos", es decir, situaciones en las que una persona figura inscrita en un municipio sin residir realmente en él, y plantea reforzar los mecanismos de control.

El segundo son los vínculos familiares con la región. La idea es priorizar a quienes acrediten una relación más profunda con el territorio, no solo administrativa. Esto podría traducirse en dar ventaja a personas con familia asentada desde hace años en la comunidad, introduciendo en la práctica distintos grados de arraigo.

El tercer requisito es haber cursado estudios en la región. Es decir, demostrar que la persona no solo reside allí, sino que se ha formado en ese entorno, reforzando así la idea de permanencia y de trayectoria vital ligada a la comunidad autónoma.

Estos tres pilares —padrón reforzado, vínculos y estudios— dibujan un modelo más exigente que el actual y marcan la principal diferencia con el planteamiento del PP. No se trata solo de cuánto tiempo lleva una persona empadronada, sino de cómo se acredita su relación con el territorio.

Con todo, Vox no concreta todavía cómo se traducirán estas propuestas en normas específicas. Las fuentes consultadas admiten que se trata de un marco "en construcción", que se irá perfilando caso a caso a medida que las consejerías desarrollen la regulación autonómica. No habrá, por tanto, una gran reforma única, sino una sucesión de ajustes parciales.

La incógnita es si ese desarrollo acabará teniendo efectos reales o si, con el voto en contra del Partido Popular, se quedará en un concepto con más carga política que impacto normativo. Por ahora, la "prioridad nacional" se mueve en ese terreno ambiguo: entre lo que ya existe bajo el nombre de arraigo y lo que Vox aspira a convertir en algo distinto.