El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, este martes en Covadonga. Europa Press
El arzobispo de Oviedo tilda de "guerra híbrida" el asalto a Ceuta y alerta de "chantajes" a partir de "secretos bien guardados"
Jesús Sanz dedicó parte de su homilía del Día de Asturias a la "preocupante" crisis de Ceuta y reclamó "medidas sensatas, no populistas ni demagógicas".
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Para el arzobispo de Oviedo lo acontecido en Ceuta los días 30 y 31 de julio fue una "auténtica avalancha que compromete nuestra soberanía".
Jesús Sanz Montes dedicó buena parte de su homilía durante la Eucaristía por la Fiesta de la Virgen de Covadonga, en el Día de Asturias, a los "preocupantes" acontecimientos de Ceuta.
En este contexto, habló de "una guerra híbrida" protagonizada por "casi 80.000 personas, jóvenes en su mayoría, que han tomado una ciudad española", dejando, según sus palabras, a la población "sitiada en el miedo, la podredumbre, la intimidación y las violencias a menores".
Y aunque no citó directamente a Marruecos, habló de "chantajes con secretos bien guardados" y de "los cuantiosos recursos que ingresan de instituciones de España y de la Unión Europea".
Para el arzobispo, "tamaña" tragedia ha dejado a este "entrañable rincón de España" bajo "la extorsión". Por ello, reclama que hay que solucionar "cuanto antes" la situación creada.
Aseguró que lo sucedido "no parece tratarse de un flujo migratorio sin más", y que fueron hechos que, a su juicio, "pudieran apuntar a nuestra debilidad en el panorama geopolítico y a la fragilidad de nuestras fronteras", una flaqueza que ha extendido también a las fronteras de Europa.
Sanz Montes introdujo un matiz en su análisis para defender que los jóvenes que llegan a España no pueden ser contemplados únicamente como una amenaza. "No son simplemente moros en la costa con otros turbantes que ahora nos turban, sino víctimas de estrategias amañadas", dijo.
El arzobispo se detuvo en las circunstancias que, según explicó, empujan a estos jóvenes a abandonar sus lugares de origen. Dijo que en su país se les niegan "la libertad, los derechos más elementales, el trabajo, la dignidad y la esperanza", además de sufrir "hambrunas".
También incorporó una crítica velada al islam en el santuario cristiano en el que, según la tradición, Don Pelayo empezó la Reconquista: "Algunos escapan de radicalismos religiosos que les sofocan la conciencia en nombre de un Dios falseado y tirano que los humilla".
"Les sale a cuenta"
Sanz Montes apuntó también a los países de procedencia de los migrantes. Para él, a estos países "les sale a cuenta esa tremenda estampida".
Frente a esta situación, el arzobispo planteó la cuestión de la acogida de los migrantes. De hecho, recientemente manifestó en sus redes sociales que estas personas "tienen nuestra agradecida acogida", aunque también planteó una pregunta: "¿Cuántos podemos asumir?".
Él mismo respondió: "Lamentablemente todos no caben".
Por eso, defendió este martes que para abordar la acogida es necesario "establecer medidas sensatas, no populistas ni demagógicas".
La receta planteada por el arzobispo en Covadonga pasa, en primer lugar, por "resolver los problemas en sus lugares de origen" y, al mismo tiempo, por "descartar a cuantos se cuelan con intenciones perversas de toda calaña inconfesables".
"El relato impuesto no siempre responde a la verdad"
Su homilía no se limitó a la situación de Ceuta. Dibujó también un escenario internacional marcado por los conflictos y la pugna por el poder.
Advirtió de que algunos actores "minan la libertad y la convivencia poniendo cualquier precio a su insaciable ambición de poder".
El arzobispo trasladó ese diagnóstico al ámbito nacional. "En nuestros lares hemos podido comprobar que las cosas no marchan siempre como debieran", dijo, y alertó de que este no es "el país de las maravillas bajo el timón de la mismísima Alicia", pese a lo que digan algunos discursos.
Sanz Montes hizo una advertencia sobre la situación social: "La inseguridad crece, la convivencia se ve amenazada, la paz puede estar en entredicho o el relato impuesto no siempre responde a la verdad". Y concluyó que, cuando se dan estas circunstancias, "tenemos entonces un verdadero problema moral que ni siquiera piadosamente podemos ignorar".