Un hombre camina por las marismas secas de Chebayesh, en Dhi Qarç (Irak).

Un hombre camina por las marismas secas de Chebayesh, en Dhi Qarç (Irak). Forqan Salam Reuters

Historias

Las migraciones climáticas: cuando huir de los estragos del calentamiento global es la única opción posible

El Norte de África y Oriente Medio encabezan la lista de regiones con menos agua del mundo, lo que detona el desplazamiento forzado de la población.

15 septiembre, 2023 02:06

El cambio climático y sus afectaciones a la movilidad humana está provocando una crisis silenciosa cada vez más acuciante. En 2022, un total de 60,9 millones de personas en todo el mundo se tuvieron que desplazar forzosamente de su lugar de origen. Del total, 28,3 millones lo hicieron a causa de conflictos armados y 32,6 millones por desastres naturales, según el Consejo Noruego para los Refugiados.

En este sentido, a finales de 2022 al menos 8,7 millones de personas de 88 países y territorios vivían en situación de desplazamiento como consecuencia de desastres ocurridos durante el 2022 y años anteriores. Esto supone un aumento del 45% el número total de desplazados internos en comparación con 2021, según señalan desde el Centro para el Monitoreo del Desplazamiento Interno. 

De esos 32,6 millones de personas, el 98% tuvieron que desplazarse forzosamente a causa de los peligros relacionados con el clima, las tormentas o las inundaciones. En concreto, más de 2,2 millones lo hicieron a causa de la sequía. En este sentido, uno de los casos más graves es el de Somalia, que sufrió el peor episodio en 40 años y registró 1,1 millones de desplazamientos. 

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En el cuerno de África, la falta de agua en pozos de perforación o manantiales superficiales ha provocado la peor situación de sequía que se ha vivido en las últimas décadas. Esto ha provocado, a su vez, el aumento exponencial del coste de las materias primas esenciales y la saturación de unos servicios básicos ya débiles en las zonas urbanas.

Una crisis silenciosa

En 2019, la Organización Mundial de las Migraciones (OMM) incluyó en su glosario el término migración climática. La entidad de la ONU la define como "el traslado de una persona o grupos de personas que, predominantemente por cambios repentinos o progresivos en el entorno debido a los efectos del cambio climático, están obligadas a abandonar su lugar de residencia habitual, u optan por hacerlo, ya sea de forma temporal o permanente, dentro de un Estado o cruzando una frontera internacional". 

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Este se trata de un fenómeno heterogéneo y con múltiples causas que se encuentran directamente vinculadas con cuestiones de políticas locales, factores culturales, económicos y de género, además de las ambientales. Además, la mayor parte de estas migraciones se producen en aquellos entornos donde el impacto del cambio climático se va desarrollando a lo largo de varios años, como la subida del nivel del mar, la sequía, provocando inseguridad alimentaria o la escasez de agua.

Las poblaciones con menos recursos económicos en países empobrecidos son las más afectadas por la crisis climática. Y si se trata de caracterizar este tipo de migraciones, las desigualdades de género convierten a las mujeres, en especial aquellas con menos recursos económicos y las racializadas, padezcan con mayor crudeza las consecuencias de los impactos del cambio climático. A este grupo cabe sumar a los colectivos LGTBIQ+.

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Estos contextos las abocan a la discriminación, los problemas de salud asociados a la desnutrición, el aumento de las cargas físicas, psicológicas y emocionales, a un menor acceso a la educación y alto riesgo de ser víctimas de trata y tráfico de personas con fines de explotación sexual, entre otras.

Tras los rastros de la sequía

El número y la duración de las sequías han aumentado un 29% desde 2000 y, a día de hoy, hay más de 2.300 millones de personas que sufren problemas a causa de la escasez de agua, según datos de Naciones Unidas. Los extremos climáticos como las sequías o la subida del nivel del mar se denominan procesos de evolución lenta.

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Una problemática que augura un oscuro escenario en cuanto a la movilidad humana se refiere. Así pues, según datos del Banco Mundial, si no se toman medidas urgentes para reducir los gases de efecto invernadero, el cambio climático podría llevar a 216 millones de personas a desplazarse dentro de sus países para el año 2050.

La sequía recurrente impacta directamente sobre los medios de vida de las poblaciones locales, especialmente de aquellas que se encuentran en contextos rurales y ponen en riesgo la seguridad alimentaria, lo que les aboca a abandonar sus comunidades en busca de otros medios de vida, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

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Las consecuencias de las sequías son múltiples. En un plano medioambiental, Las consecuencias de las sequías son múltiples, pues la vegetación puede llegar a morir, y esto se extiende también a los cultivos, llegando a puntos de degradación irreversibles.

Además, puede comprometer una amplia gama de servicios ecosistémicos, como los que generan alimentos, combustibles y agua dulce; los que regulan la polinización y controlan las plagas; o los que favorecen la fertilidad del suelo, rompiendo el equilibro de los ecosistemas, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.

También impacta sobre la producción hidroeléctrica, a la calidad del agua y a muchos otros sistemas, tanto de forma directa como indirecta, provocando inseguridad alimentaria, desempleo, pobreza e inflación, e incluso agravar los conflictos y provocar desplazamientos internos y migraciones.