Elvira Roca Barea

Elvira Roca Barea

Jardines colgantes

La creación como terapia

Catarsis y resurrección. Para algunos escritores no hay opciones fuera de la literatura para resolver conflictos internos y externos. Siempre que no sean escritores de la corte. O de esos a los que se les publica cualquier cosa

9 mayo, 2022 01:44

Pregunta Juan Luis Álvarez a Carla Simón en La Vanguardia si hacer cine sana. La directora responde matizando: “Alivia, quizá”. Aunque reconoce que tiene sus contraindicaciones: “Si haces un filme para curar algo que llevas dentro que no está bien te va a resultar muy difícil hacer una buena ficción”.

A José Ángel Mañas, según confiesa a Iñaki Domínguez en Ethic, la dedicación a la literatura le ayudó a salir del mundo de las drogas, que formaba parte inseparable de su vida y de su obra. “En esa época lo que hacíamos era escuchar música y tomar drogas (…) En los ochenta no existía la noción de peligrosidad”. Pero buscó un remedio, porque “necesitaba mi cerebro para escribir y lo corté todo a tiempo”.

La actriz y escritora Malena Pichot confirma a Juan Mascardí en Jot Down que, “sin lugar a dudas, la creatividad puede ser catártica,” Lo precisa. “No sé si catártico es más sacarte de encima un veneno, un dolor. Para mí es como transformarlo en algo útil. Incluso las cosas feas que me pasan (…) Es como una especie de privilegio. No sé cómo hace la gente que no escribe cuando tiene un problema. ¿Cómo hacen? ¿Cómo se consuelan?”.

“Hace mucho frío cuando uno está solo ante el peligro”

Elvira Roca Barea

Claro que los motivos del creador no siempre tienen que ver con la salud. Lucía Lijtmaer cuenta en Diari de Tarragona que “lo que más me interesa de la literatura es la figura que vuelve de entre los muertos… La idea de que tú invocas a alguien y esa persona aparece y, además, vuelve para vengarse”. Por el contrario, no le interesan “los personajes demasiado bondadosos porque no hay conflicto: es un espejo demasiado limpio (…) El personaje bueno no puede relatar nada porque es un lienzo en blanco. El personaje bueno está bien para que le tiremos piedras en la literatura.”

La libertad de los creadores le preocupa especialmente a Elvira Roca Barea. Considera que “discrepar es un acto cada vez más heroico”. Le cuenta a Álvaro Sánchez León en Aceprensa que “el mundo de la cultura siempre ha estado en los aledaños del poder (…) Lo forman poetas, escultores, pensadores, que son gente que no produce nada y debe vivir de otros. Ahí están los filósofos griegos yéndose a las cortes de los tiranos para convertirse en adornos de mesa, incluido Platón”. Y concluye: “No hay nada nuevo bajo el sol, es que hace mucho frío cuando uno está solo ante el peligro”.

Otros se interesan por lo nuevo como Jorge Drexler (EfeEme). “No puedo soportar –asegura– eso de que la música buena era la de nuestra generación. No miro por encima del hombro a una música simplemente por una diferencia generacional. Intento estar abierto y hay cosas que no puedo asimilar. Por supuesto que no me gusta todo el reguetón, pero el reguetón me parece interesante.”

“El mundo de la crítica es muy decepcionante”

Cristina Sánchez-Andrade

Álvaro Colomer cuenta en Zenda una historia que revela muchas cosas “sobre el funcionamiento interno del mundillo literario”. “En cierta ocasión –relata–, Vila-Matas envió a Aramburu un ejemplar en portugués de una de sus novelas, gesto al que el vasco correspondió mandando al catalán una versión en eslovaco de otra de las suyas. Parece absurdo que dos escritores intercambien libros en idiomas que no les son propios, pero no lo es tanto si interpretamos dichos regalos como una muestra de aprecio que, además de afianzar una amistad, evita que ninguno de los dos se vea en la obligación de leer el libro del otro”.

P. S. Cristina Sánchez-Andrade está muy preocupada por la calidad de lo que se publica. Así se lo explica en Zenda a Alberto Olmos. “Creo firmemente que es mejor dejar de escribir a publicar cualquier cosa. Veo cosas de gente muy conocida, con mucho prestigio, que son malísimas. Te preguntas cómo les pueden publicar semejante bazofia. Y sobre todo, ¿por qué no hay nadie que haga una reseña que diga la verdad? Las reseñas no sirven para nada. El mundo de la crítica es muy
decepcionante. Nadie se atreve, sobre todo, a criticar a alguien conocido. Me da rabia porque hay gente muy buena que está empezando que no tiene oportunidad de publicar. Y sin embargo, llega un pez gordo de estos y se le publica cualquier cosa”.

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