Maniqueísmo. Emmanuel Carrère, en declaraciones a Justo Barranco (La Vanguardia), ha dicho: "…El problema del mal es bastante pobre, monótono. El bien es mucho más raro, misterioso". No puedo estar más de acuerdo. El caso es que también estoy de acuerdo con la afirmación contraria: "El problema del bien es bastante pobre, monótono. El mal es mucho más raro, misterioso".

Depende de que el bien y el mal no estén presentados como monolíticos, en blanco y negro. Cuando, en una novela, obra teatral o película, el bien y el mal se confrontan a través de personajes, que por fuerza han de tener modos de ser, circunstancias y motivaciones para obrar como obran, han de aparecer los matices, los grises y los claroscuros.

Desde la ética (y el código penal), cualquiera tiene una idea más o menos redondeada del bien y del mal, pero cosa distinta es que ambos se encarnen en las ficciones en buenos y malos presentados de forma maniquea, sin fisuras, ni grietas, ni contradicciones, ni pugnas internas de conciencia. Cuando esto sucede en los personajes de una narración, es cuando tanto el bien como el mal resultan pobres y monótonos. Sin misterio.

Polarización.Observo en la comunicación de toda clase de ficciones que los departamentos de promoción ponen el acento en el asunto, en el tema de fondo del que trata la obra y en lo que de él se dice. Y sucede que, últimamente, los asuntos y temas de los que tratan muchas ficciones coinciden con asuntos y temas de la agenda político-social, donde se está produciendo la famosa polarización, esto es, las visiones extremas y maniqueas que, por lo demás, corren parejas a la práctica de la cancelación del otro.

Se hacen obras más propias de las certezas de un editorialista que de las indagaciones y dudas de un creador


¿Qué podemos esperar de estas novelas, piezas dramáticas y películas? Pues lo que encontramos en la mayoría de ellas: buenos y malos, todo el bien por aquí y todo el mal por allá mediante asignaciones previas de roles de culpables e inocentes, de verdugos y víctimas. ¿Dónde está la complejidad psicológica y moral de los personajes?, ¿dónde está la complejidad que cabe atribuir a la mirada intelectual y sensible del creador? La coincidencia con las tesis escuchadas en las tribunas políticas y periodísticas es total.

Son obras de apoyo a las polarizadas partes en litigio, más propias de las certezas de un editorialista que de las indagaciones y dudas de un creador. ¿Necesitamos del arte como mera ilustración poética de la ruda prosa del combate ideológico? ¿Es a eso a lo que llamamos compromiso, a la apuesta simplificada por un veredicto simple?

Tesis.Los reos tienen ante los tribunales un fiscal, sí, pero también un defensor. Y las leyes contemplan atenuantes y hasta eximentes que parecen fuera de las consideraciones de no pocos creadores que se expresan desde ideologías compactas abocadas a la condena o a la absolución de sus antagonistas. Sanjorges contra dragones. Esto no es compatible con las grandes obras de creación, y sí con las menores que tienen en la urgencia del decir algo, a favor o en contra, el gen de su carácter efímero.

Y la trampa oculta que sitúa el "decir algo" antes que el "contar algo" y antes, incluso, que la ambición de lograr lo que es propio del arte, el perfeccionamiento del estilo, de las formas de la expresión. Hemos pasado por una posmodernidad líquida y relativista, ¿pero acaso nos estamos yendo de nuevo, en la creación y en todo, a las obras de tesis? Ha habido, ciertamente, grandes novelas de tesis, pero sus creadores también eran grandes.

Con un planteamiento crudamente maniqueo, difícilmente se consuma una gran obra de creación. Y es entonces cuando el bien y el mal resultan monótonos y pobres. Proclamas de (falsos) moralistas de mitin o púlpito, sin sentido de lo sutil, ni de lo complejo. Ajenos a los resbaladizos laberintos de lo humano.