Poesía

Paul Celan en 8 poemas

Poeta abstracto y descarnado, cuyo innovador lenguaje se forjó en las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, reunimos aquí una breve antología en su centenario

23 noviembre, 2020 12:25

Canción a una dama en la sombra

Cuando la Taciturna llegue y decapite los tulipanes,

¿Quién saldrá ganando?

                    ¿Quién saldrá perdiendo?

                            ¿Quién se asomará a la ventana?

¿Quién pronunciará primero su nombre?

Alguien que es portador de mis cabellos.

Los lleva como se lleva a los muertos en las manos.

Los lleva como llevó el cielo mis cabellos aquel año en que amé.

Los lleva así por vanidad.

Ese saldrá ganando.

                No saldrá perdiendo.

                        No se asomará a la ventana.

No pronunciará su nombre.

Es alguien que está en posesión de mis ojos.

Los tiene desde que se cierran los portones.

Los lleva en los dedos, como anillos.

Los lleva como añicos de fruición y zafiro:

era ya mi hermano en otoño;

y ya cuenta los días y las noches.

Ese saldrá ganando.

                No saldrá perdiendo.

                        No se asomará a la ventana.

Pronunciará su nombre el último.

Es alguien que tiene lo que dije.

Lo lleva bajo el brazo, como un bulto.

Lo lleva como el reloj su peor hora.

Lo lleva de umbral en umbral, mas no lo arroja.

Ese no saldrá ganando.

                Saldrá perdiendo.

                            Se asomará a la ventana.

Pronunciará su nombre el primero.

Será decapitado con los tulipanes.

De Amapola y memoria, 1952. Versión de Felipe Boso.

Fuga de la muerte

Negra leche del alba la bebemos al atardecer

la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche

           bebemos y bebemos

cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él

Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe

escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete

lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus

           mastines

silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra

ordena tocad para la danza



Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer

          bebemos y bebemos

Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe

escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete

tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no

se yace estrechamente en él

Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad

empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules

cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la

            danza



Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer

           bebemos y bebemos

un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete

tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes

Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro

          venido de Alemania

grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como

          humo en el aire

y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí



Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de

          Alemania

te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos

la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules

te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere

un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete

azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire

juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido

           de Alemania

tus cabellos de oro Margarete

tus cabellos de ceniza Sulamita

De Amapola y memoria, 1952. Versión de José Ángel Valente

Habla también tú...

Habla también tú

sé el último en hablar,

di tu decir.



Habla-

Pero no separes el No del Sí.

Y da a tu decir sentido:

dale sombra.



Dale sombra bastante,

dale tanta

cuanta en torno de ti tú sabes extendida entre

medianoche y mediodía y medianoche.



Mira en torno:

ve cómo alrededor todo se hace viviente

¡En la muerte! ¡Viviente!

Dice la verdad quien dice sombra.



Pero se estrecha ahora el lugar donde estás:

¿Adónde ahora, despojado de sombra, adónde?

Asciende. Tanteante, asciende.

Te haces más sutil, más irreconocible, más fino.



Más fino: un hilo

por el que quiere descender la estrella

para abajo nadar, al fondo,

donde se ve brillar: sobre móviles dunas

de palabras errantes.

De Umbral en umbral, 1955. Versión de José Ángel Valente

Con todos los pensamientos me fui...

Con todos los pensamientos me fui

fuera del mundo: allí estabas tú,

mi sosegada, mi abierta, y

nos recibiste.



¿Quién

dice que se nos murió todo

cuando se nos quebraron los ojos?

Todo despertó, todo comenzó.



Grande vino un sol flotando, radiantes

se le enfrentaron alma y alma, claras,

imperiosas le presilenciaron

su órbita.

Suave

se abrió tu seno, silente

subió un aliento al éter,

y lo que se hizo nube ¿no era,

no era forma y a partir de nosotros,

no era

tanto así como un nombre?

De La rosa de nadie, 1963. Versión de José Luis Reina Palazón.

Había tierra en ellos...

Había tierra en ellos y

cavaban.



Cavaban y cavaban y pasaba así

el día y pasaba la noche. No alababan a Dios

que, según les dijeron, quería todo esto,

que, según les dijeron, sabía todo esto.



Cavaban y nada más oían;

y no se hicieron sabios ni inventaron un canto

ni imaginaron un lenguaje nuevo.

Cavaban.



Vino una calma y vino una tormenta

y todos los océanos vinieron.

Yo cavo y tú cavas e igual cava el gusano

y aquel remoto canto dice: cavan.



Oh uno, oh nadie, oh ninguno, oh tú:

¿Adónde iba si hacia nada iba?

Oh, tú cavas y yo cavo, yo me cavo hacia ti,

y en el dedo se nos despierta el anillo.

De La rosa de nadie, 1963. Versión de José Ángel Valente

En los ríos, al norte del futuro...

En los ríos, al norte del futuro,

tiendo la red que tú

titubeante cargas

de escritura de piedras,

sombras.

De Cambio de aliento, 1967. Versión de José Ángel Valente

No obres de antemano...

No obres de antemano,

no envíes nada fuera,

mantente

dentro:



transfundido de nada,

libre de cualquier

plegaria,

sutilmente acordado según

la pre-inscripción

insuperable,



yo te acojo

en lugar de toda

paz.

De Compulsión de luz, 1970. Versión de José Ángel Valente

¿Por qué este brusco hogar, medio afuera, medio adentro?...

¿Por qué este brusco hogar, medio afuera, medio adentro?

Yo puedo sumergirme en ti, mira, como un glaciar,

tú misma asesinas a tus hermanos:

antes que ellos

estuve contigo, Neviscada.



Echa tus tropos

al resto:

uno quiere saber

por qué no estuve

ante Dios de otro modo que ante ti,



uno quiere ahogarse dentro,

dos libros en lugar de los pulmones,



uno que se punzó en ti

insufla la punzada,



uno que fue para ti el más cercano,

se extravía a sí mismo,



uno adorna tu estirpe

con tu traición y la suya,



tal vez

era yo cada uno

De Parte de nieve, 1971. Versión de José Luis Reina Palazón