Image: El mejor amigo del perro
La prosopopeya es la figura retórica que atribuye a seres irracionales cualidades de los hombres. Una adaptación de este mecanismo consiste en otorgarle al hombre características de otros seres vivos. Ambos han sido desarrollados en muchos cuentos infantiles, como Los animales no deben actuar como la gente de Judy y Ron Barrett y ¿Yo y mi gato? de Kitamura, y su eficacia está garantizada por la comicidad y el cuestionamiento implícito que se generan al cambiar los roles animales y humanos o al establecer la analogía.
"Si los niños fuesen tratados como los perros, ¿cómo se sentirían?" es el motivo del cual parte este álbum. A primera vista, es una historia ingeniosa en la que el lector reconoce los comportamientos descritos y se identifica con la denuncia. Sin embargo, tras el humor y la cercanía del cuento subyace un mensaje ideológico y una forma de transmitirlo que merecen ser analizados con detenimiento y que, quizás por el elevado peso y mérito de las ilustraciones, podrían pasar desapercibidos.
Moure apela al sentimiento de culpa del lector infantil para que se adhiera a su tesis-denuncia. Su mensaje podemos resumirlo en los siguientes términos: "¿cómo te sentirías si te golpearan constantemente con el periódico (para que aprendas), no satisficieran tus necesidades mínimas fisiológicas, te encerraran en el balcón por las noches y en una jaula en agosto y, encima, se burlasen de ti? Eso es lo que le hacen a ¿todos/algunos? animales domésticos". No queda claro qué es exactamente aquello que se denuncia, ¿se limita al maltrato de los animales o se extiende a la pérdida de la libertad inherente a todo animal doméstico? Por otra parte, la imagen que ofrece de la relación hombre-mascota es estereotipada, maniquea y, en definitiva, falsa, pues presenta el maltrato como generalidad y no como lamentables casos particulares.
"Si los niños fuesen tratados como los perros, ¿cómo se sentirían?" es el motivo del cual parte este álbum. A primera vista, es una historia ingeniosa en la que el lector reconoce los comportamientos descritos y se identifica con la denuncia. Sin embargo, tras el humor y la cercanía del cuento subyace un mensaje ideológico y una forma de transmitirlo que merecen ser analizados con detenimiento y que, quizás por el elevado peso y mérito de las ilustraciones, podrían pasar desapercibidos.
Moure apela al sentimiento de culpa del lector infantil para que se adhiera a su tesis-denuncia. Su mensaje podemos resumirlo en los siguientes términos: "¿cómo te sentirías si te golpearan constantemente con el periódico (para que aprendas), no satisficieran tus necesidades mínimas fisiológicas, te encerraran en el balcón por las noches y en una jaula en agosto y, encima, se burlasen de ti? Eso es lo que le hacen a ¿todos/algunos? animales domésticos". No queda claro qué es exactamente aquello que se denuncia, ¿se limita al maltrato de los animales o se extiende a la pérdida de la libertad inherente a todo animal doméstico? Por otra parte, la imagen que ofrece de la relación hombre-mascota es estereotipada, maniquea y, en definitiva, falsa, pues presenta el maltrato como generalidad y no como lamentables casos particulares.