William Blake: 'Behemoth y Leviatán' (1805).

William Blake: 'Behemoth y Leviatán' (1805). Morgan Library

Letras

Los fantasmas marinos de William Blake, al descubierto en el único y desbordante ensayo de Philip Hoare

El autor británico publica 'William Blake y los monstruos marinos del amor'.

Un viaje por la cultura británica e irlandesa a través de las visiones del pintor y las profundidades del océano.

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“Creía que eran imaginaciones mías. Veo ballenas en todos lados; quizá lo hayáis notado” (p. 117), confiesa Philip Hoare (Southampton, 1958) en el primer tercio de William Blake y los monstruos marinos del amor.

Portada de 'William Blake y los monstruos marinos del amor'.

Portada de 'William Blake y los monstruos marinos del amor'. Ático de los Libros.

William Blake y los monstruos marinos del amor

Philip Hoare

Traducción de María Alberdi. Ático de los Libros, 2026. 528 páginas. 24,95 €

En efecto, este ensayista está obsesionado con los cetáceos y, en general, con los elementos marinos (el fitoplancton, las anémonas, etc.), con la costa pedregosa de Dorset y con el laberinto de calles de Londres, así como con la cultura queer.

Además, en este ensayo, que se podría calificar de singular (si no de único), Hoare da sólidas pruebas de vivir obsesionado con el genio del XVIII y autor de El matrimonio del cielo y del infierno, de Canciones de inocencia y de experiencia y de Jerusalén. La emanación del gigante Albión.

Ciertamente, no es sencillo resumir el volumen, de título un tanto daliniano, tras sumergirse en sus 500 páginas. Esta disertación literaria (he pensado en Iain Sinclair, en Calasso y en Sebald) viaja por las épocas, entre el siglo XVII (antes de Blake) y el XX (influido por Blake), recorre unos cientos de años de la cultura británica, y contiene además numerosas noticias sobre la vida del mismo autor (incluso, meditativamente, este se refiere muchas veces al lector en segunda persona). En realidad, no es fácil dar cuenta del contenido un tanto digresivo del volumen, escrito en un estilo poético rico en analogías y metáforas pregnantes.

Una de las líneas más principales de este ensayo, que contiene mucho material gráfico y prescinde de la nota (e incluso de las comillas) en la cita, pretende mostrar la influencia de Blake en la cultura inglesa e irlandesa después de Blake. Es lo que me ha interesado de verdad.

Hoare medita en torno al visionario, grabador, pintor y poeta en su relación con la naturaleza

Alexander Gilchrist publicó, nos cuenta Hoare, póstumamente la primera biografía de Blake (muerto en 1827) en el año 1863. Dante Gabriel, el prerrafaelita, y William Michael Rossetti, ayudaron a la viuda de Gilchrist, Anne, a terminarla y publicarla. En 1913, la Tate, dedica la primera expo oficial-nacional a Blake. Entremedias está la muestra blakeana en la Carfax Gallery a cargo del a su vez pintor Graham Robertson. He aquí unos hitos puntuales… pero el libro nos desborda. Me pregunto ahora mismo si una reseña al uso, como esta, puede ser justa con un experimento como el de Hoare.

Los tres años de Blake junto al mar (Hoare medita en torno al visionario, grabador, pintor y poeta en su relación con la naturaleza, lo cual es bastante inaudito); los zoológicos y Blake (el circo Exeter Exchange); las factorías balleneras junto al Támesis y Blake; Blake y el modélico Milton; o la obra de Blake y los herederos de su mecenas, Thomas Butts, son algunos de los asuntos que hilan el lado más sólido del discurso.

Luego, he descubierto numerosas asociaciones de interés. Los irlandeses Wilde, Joyce, Iris Murdoch, Francis Bacon y Yeats (que, de hecho, defendió que Blake era de este país), el pintor surreal Paul Nash, así como la escritora activista Nancy Cunard, el poeta Robert Bridges, el cineasta Derek Jarman y toda una serie de escritores anglosajones sobre el mar y, de nuevo, las ballenas, van trenzando sus biografías en el texto.

Los clásicos se multiplican en sus interpretaciones: hay, parece obvio, unos cuantos Blakes. Reconozco que, a veces, como en el caso de T.E. Lawrence o de la mencionada aristócrata rompedora Cunard, he perdido el hilo narrativo de Hoare.

¡A veces, no encontraba ni elemento marino ni el blakeano en sus pasajes! Cuando en la página 429 el autor rememora una visita suya para ver Newton, Nabucodonosor y Piedad en la Tate me he recolocado un poco.

En el tono confesional que aquí hemos hallado, Hoare considera: “La gente dice que me entusiasmo demasiado, como si el entusiasmo estuviera racionado” (p. 148). Hoare transmite entusiasmo, en efecto.