Paloma Sánchez-Garnica frente a la sede del New York Times.

Paloma Sánchez-Garnica frente a la sede del New York Times. Javier Ocaña

Letras

De la Cosa Nostra a Bobby Kennedy: viaje a las cloacas de la política estadounidense con Paloma Sánchez-Garnica

Acompañamos a Nueva York a la ganadora del Premio Planeta para la presentación de 'Un hombre de honor', su nuevo libro.

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Nueva York
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Para Paloma Sánchez-Garnica hay dos formas de entender el honor. Una es la de la palabra dada. Se trata de una dinámica de lealtades que está por encima, incluso, de la moral individual. Es la que se popularizó en las ficciones de mafiosos, la de la célebre omertá siciliana. La otra es diametralmente opuesta: consiste en la férrea voluntad de oponerse a un sistema corrupto, la de levantar la voz cuando conviene callar.

Esa tensión entre las dos maneras de entender un mismo concepto es el eje en torno al que gira la maquinaria de la nueva novela de Sánchez-Garnica, Un hombre de honor (Planeta). Ambientada en la Nueva York de los años 60, asistimos al choque entre Fabrizio, un hombre en las sombras que ha medrado en la ciudad que nunca duerme mediante maniobras truculentas hasta el punto de manejar a su antojo el sistema, y Frank, un policía judío de Harlem que trata de sortear todas las zancadillas del entramado corrupto para hacer justicia.

"El concepto de honor es muy ambiguo y eso es lo que he querido reflejar en esta novela. Fabrizio Donatti y Frank Bernstein son las dos caras del honor: el que supone una carga de obediencia, de silencio y de sometimiento a las reglas, y el de tratar de mantener la justicia a pesar de todos los impedimentos", explica la ganadora del Premio Planeta en 2024 frente al Jacqueline Kennedy Onassis Reservoir, el lago principal de Central Park.

A lo largo de tres días, El Cultural ha acompañado a la escritora por los principales escenarios donde transcurre la historia de su nuevo libro. Y es que Un hombre de honor es un auténtico fresco de la gran capital de la costa este estadounidense: página a página, visitamos varios de los emplazamientos más emblemáticos de la ciudad, a los que la escritora insufla de vida hasta convertir en un personaje más de la obra.

He ahí, por ejemplo, la Catedral de San Patricio, ubicada en la Quinta Avenida de Manhattan frente al Centro Rockefeller. "Lo elegí por el sentido que tiene el interior: es un templo que invita a la confesión, al perdón, a pedir perdón, a mirar al cielo y pensar en lo que se ha hecho y en las consecuencias de un silencio mantenido en el tiempo", señala la escritora. Desde luego, si algo no le falta a la novela son pecados.

Cubierta de 'Un hombre de honor' de Paloma Sánchez-Garnica.

Cubierta de 'Un hombre de honor' de Paloma Sánchez-Garnica. Planeta

Pero huelga hacer un matiz: si bien hemos comenzado este artículo con la mención de dos hombres y el enfrentamiento que sostienen a lo largo del relato, sobre ninguno de ellos recae el protagonismo. Ese privilegio es para Nicole Donaldson, una joven periodista de familia acomodada que trabaja como asistente investigadora en el New York Times y que mantiene un romance con Frank.

Hasta la antigua y la nueva sede (esta última, un inmenso edificio de más de cincuenta plantas) del legendario periódico nos dirige la autora de Un hombre de honor para hablarnos de los retos a los que se enfrenta la periodista. "Nicole es de esa generación que cuestiona por primera vez el lugar de la mujer reducido solo a la familia. Ese es su primer obstáculo para ser la mujer que desea ser: su familia y los planes que ellos tienen para ella, consistentes en ser parte de un pacto matrimonial con otra familia acomodada con quien se quiere estrechar lazos".

Sánchez-Garnica en el puerto de Hoboken con la isla de Manhattan de fondo.

Sánchez-Garnica en el puerto de Hoboken con la isla de Manhattan de fondo. Javier Ocaña

El segundo escollo para la joven aparece en la redacción del periódico. Pese a demostrar continuamente sus dotes como periodista, tiene que ver cómo su jefe firma con su nombre las piezas trabajadas por ella. "En esa época las noticias importantes eran para los hombres, aunque estuvieran mucho menos preparados que ellas", lamenta Sánchez-Garnica.

Sin embargo, la escritora advierte de que hay que prestar atención al contexto histórico: "Aunque era el principio de un gran cambio, ella, como la mayoría de las mujeres de entonces, tiene absolutamente normalizado que ella es la que investiga, la que escribe el artículo... pero el que firma luego es un hombre".

Así ocurrirá también en el viaje que realiza a California para cubrir la previsible victoria de Bobby Kennedy en las elecciones primarias demócratas de 1968 en ese estado. En uno de sus principales aciertos narrativos de la novela, Sánchez-Garnica enlaza el episodio real del asesinato del aspirante a presidente de los Estados Unidos con la ficción policíaca de tintes mafiosos neoyorquina.

De hecho, la autora confiesa que es una noticia relacionada con el asesinato del hermano de JFK lo que la inspiró para lanzarse a escribir esta nueva novela: "La primera chispa que pone en marcha el proceso creativo de esta novela es un artículo que leo sobre Sirhan Sirhan [hombre condenado a cadena perpetua por el asesinato de Bobby Kennedy] al que le han denegado la libertad provisional por enésima vez. A partir de ahí empiezo a tirar del hilo, llego a las irregularidades que hay en la investigación después de este asesinato, la versión oficial del solo tirador... y se me cruza el proyecto MK Ultra".

Paloma Sánchez-Garnica frente a la catedral de San Patricio.

Paloma Sánchez-Garnica frente a la catedral de San Patricio. Javier Ocaña

Otra de las virtudes de Un hombre de honor es su capacidad para registrar las constantes vitales de esa complicadísima década en los Estados Unidos. Comparecen la guerra de Vietnam, los movimientos por los derechos civiles, la segregación racial, la violencia en las calles...

Escenario histórico de muchos de estos elementos es el barrio neoyorquino de Harlem, donde se encuentra la comunidad afroamericana más grande de toda la costa este estadounidense. Gracias a los proyectos de remodelación urbanística, el lugar muestra una cara mucho más amable que la que presentaba en los años 60, cuando era un auténtico hervidero.

Allí, precisamente, es donde se encuentra la comisaría de Frank Bernstein y su hogar. Y allí también es donde Sánchez-Garnica nos dirige para concluir su recorrido: "Antes, en los 60, pero también en los 90, visitar Harlem era una aventura de alto riesgo. Ahora es un hermoso lugar residencial. Nadie diría lo que ha podido vivir este barrio si pasea por él hoy día. Demuestra que con las decisiones adecuadas, todo puede mejorar".