Rezagados en la celebración de la Noche de San Juan en Málaga apuran las primeras horas de la mañana.

Rezagados en la celebración de la Noche de San Juan en Málaga apuran las primeras horas de la mañana. Álex Zea / Europa Press

Letras

¿En qué momento se jodió el verano?: "Puede que para los españoles ya no exista dentro de cincuenta años"

Enrique Rey toma el verano como punto de partida para elevar una contundente denuncia en 'Melón con jamón'.

"Se ha perdido el hedonismo y el desenfreno".

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Ni el aburrimiento de las siestas interminables ni el desenfreno bajo el sol. El verano ya no es lo que era y, seguramente, no vuelva a serlo nunca. España ha cambiado (el mundo también) y el modo en que los españoles afrontamos el estío –el plan vacacional, el asueto, las fiestas que solo se celebran en lugares con climas calurosos...– es muy distinto a como era entonces.

Habría que remontarse a los años del desarrollismo, la última etapa de la dictadura, para esclarecer lo que entendemos por verano en este país. Una familia de clase media acude a Benidorm con el coche cargado hasta los topes para pisar por primera vez la playa, que ha pasado de ser un mero espacio en el que operan los pescadores a ser el señuelo que utilizan empresarios y políticos del régimen para llevar a cabo su gran plan: la explotación del turismo.

En torno a las playas se levantan grandes construcciones de cemento que albergan hoteles y apartamentos vacacionales. Es la máxima expresión del capitalismo, un fenómeno que sigue determinando nuestros hábitos. Ya alertaron de las consecuencias del turismo Luis Martín-Santos, que en 1962 advirtió el lado perverso de la sociedad de consumo, y Rafael Chirbes. El autor de Crematorio jamás confió en que aquel delirio –la construcción desaforada, por ejemplo– pudiera llegar a buen puerto.

Hoy es el periodista Enrique Rey (Madrid, 1992) quien, con su nuevo libro, pone la cuestión encima de la mesa. El verano es el punto de partida para elevar una contundente denuncia del liberalismo económico en Melón con jamón (Temas de hoy), una amenísima crónica de corte ensayístico en la que analiza todos los fenómenos que han conducido a este cambio de paradigma.

La primera en la frente: el verano está desestacionalizado. "Por un lado, climáticamente tenemos inviernos y otoños cada vez más cálidos. Por otro, el verano se ha convertido en mercancía, un producto fácil de vender a través de hoteles o experiencias, así que se hace durante todo el año", explica a El Cultural.

Además, las parejas tienen muchos menos hijos que antes (la natalidad ha descendido notablemente), por lo que se depende mucho menos del horario escolar, como explica en el libro. Otras causas como el aumento del teletrabajo tras la pandemia –hay quien tiene la suerte de conectarse desde una tumbona– han terminado con "las grandes masas de veraneantes simultáneos". ¿Algunos síntomas de la desestacionalización? Por ejemplo, la televisión ya no diseña una programación ad hoc porque no está todo el mundo de vacaciones.

¿Y qué hay de las consecuencias? "Esta desestacionalización ha creado un tiempo más fragmentado. Ya no vivimos sincronizados", dice Rey. En efecto, ahora no es tan habitual encontrarte con la gente de siempre en el pueblo donde siempre coincidíais durante la última quincena de agosto. Pero "lo que podía haber sido una utopía de libertad horaria ha acabado siendo una distopía donde el trabajo coloniza todo nuestro tiempo".

Melón con jamón.

Melón con jamón. Temas de Hoy

Localizamos al autor, vía telefónica, en la escuela de vela Socaire de la localidad murciana de Santiago de la Ribera, junto a la Manga del Mar Menor. Desde hace tiempo, siente haber cumplido "el viejo sueño del madrileño que se viene a la playa y tiene un trabajo relacionado con el mar durante todo el año". Aunque también es consciente del "reverso tenebroso de todo esto".

Apoyado en referencias muy contemporáneas, como las obras de Azahara Alonso (Gozo), Beatriz Serrano (El descontento) y Remedios Zafra (El entusiasmo), pero también en clásicos como El capital de Marx, el autor lamenta la autoexplotación a la que nos conduce el modelo económico actual. Él mismo compagina su oficio como instructor de vela con las colaboraciones en El País.

Mientras que antes era la mujer, siempre ocupada del cuidado de los niños y el mantenimiento del apartamento, quien representaba la incapacidad de disfrutar de las vacaciones, ahora prácticamente nadie es capaz de disfrutar del descanso –incluso del aburrimiento, por qué no– en sus días libres. Las redes sociales, a través de la publicidad, nos empujan a la necesidad de vivir experiencias constantemente (le sonará al lector eso del FOMO, algo que a algunos nos parecía tan contemporáneo y, sin embargo, descubrimos que se acuñó allá por 2004 en Estados Unidos).

"Quienes construyen el verano son quienes menos lo disfrutan"

"Quienes construyen el verano son quienes menos lo disfrutan", asegura a El Cultural el autor, que, más allá de su propia experiencia, tiene un amigo que es herrador de caballos y monitor de windsurf, y conoce a una chica que trabaja en una gasolinera y por la noche pone copas en un pub, a un socorrista que por la tarde hace camas en un hotel... "Al perderse los tiempos sincronizados de descanso que había antes, ya no quedan espacios para parar", explica.

Además, las condiciones laborales en verano son peores que las que presentan los empleos no estacionales: el calor, los horarios imposibles, el desgaste físico, trabajar muchas veces a la intemperie... Este libro es, entre otras cosas, una defensa del "derecho al descanso" a través de la reivindicación de figuras como las kelis, a menudo sujetas al pluriempleo y la temporalidad. Por cierto, cuando le preguntamos por el absentismo laboral, ahora en el centro del debate, conjetura que sí, que "lo de las bajas laborales puede tener que ver con eso".

Parece, en todo caso, que existe una relación clara entre el turismo masivo y el aumento de las desigualdades y la precariedad. Esto implica, según Rey, que "no hay verano ni ocio posible bajo este sistema". Y es que, "mientras haya que generar un crecimiento del 3% y beneficios para los accionistas, es imposible que el turismo sea sostenible". El antropólogo Emilio Santiago asegura que "toda nuestra civilización está muriendo de turismo", según recoge uno de los testimonios de Melón con jamón.

Lo que sí sorprende al autor es "lo rápido que se ha llegado a un consenso social sobre las consecuencias negativas del turismo en los últimos tres o cuatro años. Ha sido como la explosión del feminismo en 2017". Y apunta otra cuestión interesante: "Podemos disfrutar del verano sin culpa porque nosotros no somos los responsables directos".

Este es el otro quid de la cuestión: ¿sabemos disfrutar del verano o lo hemos olvidado? Acabamos de hablar de nuestra incapacidad para descansar, pero es que, según Rey, "se ha perdido también el verano hedónico y desenfrenado". Hace no mucho descubrió en un reportaje que el nudismo estaba desapareciendo progresivamente, que no hay relevo generacional. "Hay un movimiento regresivo y conservador muy fuerte. Pienso en las influencers que solo presentan veranos familiares con niños y gorritos".

Enrique Rey.

Enrique Rey. María Caparrós

Lo cierto es que, puestos a perder, hasta la canción del verano está desapareciendo. La fragmentación de la que antes hablábamos se ha instalado también en el mercado musical. Los hits ya no se lanzan en verano –desestacionalizado, decíamos–, sino que se trata de "fenómenos virales que personas de distintas generaciones no comprenden". Entre las causas, se encuentran la falta de referencias como la cadena 40 Principales, mucho menos influyente, o Vale Music, la discográfica que alumbró éxitos como "Yo quiero bailar", de Sonia y Selena.

En definitiva, se aprecia un desinterés general hacia las novedades. Mientras que "antes la canción del verano era algo intergeneracional que permeaba a todo el mundo", ahora hablamos de géneros dirigidos a nichos muy concretos. ¿La disolución del mainstream?

"Como la gente joven ya no tiene dinero para la entrada de un piso, lo que tiene disponible lo gasta en festivales"

En contrapartida, los festivales de música han experimentado un auge sobresaliente en los últimos años. Rey trata de explicar los motivos a través de la querencia juvenil al "rito de experiencia compartida", pero "la respuesta económica es que, como la gente joven ya no tiene dinero para la entrada de un piso porque es imposible, lo que tiene disponible lo gasta en festivales. No es que sean malgastadores; es que, al no haber un objetivo mayor para el que ahorrar, lo consumen en experiencias".

Nos gustaría terminar este texto hablando de una fiesta hasta el amanecer o de una puesta de sol en Ibiza, pero el mensaje no es otro que el añejo carpe diem, pues, según Rey, "puede que para los españoles el verano ya no exista dentro de 50 años". La liquidez de los tiempos, su inalcanzable velocidad, nos ha abocado a la "desaparición del tiempo lento y del aburrimiento". Lejos queda ya la siesta con una del Oeste o el Tour de Francia de fondo. "El verano quedará como una estética, una tendencia de moda", dice.

En el propio libro, cuajado de referencias y agudas observaciones, la conclusión es aún más dramática: "No hay neveras porque las playas ya no son públicas, ni hay gazpacho porque los fondos de inversión han comprado los campos de cultivo y especulan con la producción de hortalizas. Los veraneantes se han extinguido". Sin embargo, el elocuente Melón con jamón, que está lleno de curiosidades sabrosas y anécdotas divertidísimas, abre hacia el final una ventana a la esperanza. Se acabe extinguiendo o no, el verano será siempre la manera de ir "por el lado más bestia de la vida", como escribió Albert Pla.