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'Cortocircuito': el regreso magistral de Wolf Haas más allá del género negro
Tras el éxito de su célebre detective Brenner, el autor austriaco firma una novela rotunda, ingeniosa y hermosa armada como un puzle adictivo.
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El novelista austriaco Wolf Haas (Maria Alm am Steinernen Meer, 1960) ha cosechado un gran éxito en el ámbito literario alemán gracias a sus novelas negras del detective privado Brenner, que además tuvieron sucesivas adaptaciones cinematográficas.
Portada de 'Wolf Haas'.
Cortocircuito
Wolf Haas
Traducción de Carles Andreu. Seix Barral, 2026. 288 páginas. 18,90 €
Cortocircuito no pertenece al ciclo de Brenner, pero la novela se vale de igual maestría en el buen suspense y en un engranaje magistral, tan habilidoso como adictivo, pues todos los ángulos desde los que se cuenta la historia funcionan en perfecta armonía y suman en esta trama que, como los alemanes suelen expresar, resulta atemberaubend, vertiginosa, o, literalmente, capaz de robarnos el aliento. No es extraño que se le nombrara “libro del año” o que la crítica literaria germana lo haya calificado de “obra maestra” o de “novela grandiosa”.
Dos hilos narrativos generales, aparentemente separados, la historia del solitario y metódico Franz Escher y la del electricista Marko Steiner, terminan cruzándose y confluyendo en este texto que queda dividido en dos grandes bloques, de título Off y On.
Esta es, sobre todo, una obra repleta de secretos del pasado y de existencias paralelas. Escher es y no es quien el lector ve en un principio, su propio apellido lo condiciona de origen por referencia al gran artista gráfico especialista en ilusiones ópticas y perspectivas matemáticas imposibles. No es rara la afición del protagonista por montar rompecabezas en los ratos libres que le deja su bien remunerada profesión de orador fúnebre.
El Marko Steiner inicial, que al comienzo de la novela repara un enchufe en la cocina de la casa de Escher, tampoco es quien dice ser. Detrás se esconde un largo y antiguo misterio que implica persecuciones de la mafia, cambios de identidad y de país (Italia, Suiza, Austria…), protocolos de testigos protegidos, promesas de vendetta, secuestros, inversiones bursátiles…
La obsesión por un mismo libro que leen simultáneamente varios de los personajes de Cortocircuito articula esta historia en la que cada uno (incluidas una esposa y una hija) va descubriendo en esas páginas lo que el destino aparentemente va a depararles. Unos personajes se reflejan en otros como en las simetrías y reflejos de casas, laberintos o manos que se dibujan a sí mismas en el célebre artista Escher, de tal modo que cada uno de los actores de esta peripecia son a la vez tan reales como ficticios.
Al leer, se leen a sí mismos, porque lo que ahí se cuenta les concierne, les va la vida en ello. “El libro era demasiado espeluznante. Había algo que no encajaba, como cuando uno mira a través de unos prismáticos, pero al revés. Le daba vértigo”, piensa Ala, la hija adolescente de Marko Steiner.
Leer a Haas es disfrutar de la belleza de los argumentos complejos, mientras nos hace reflexionar
Hay personajes secundarios de mera transición, como la profesora de alemán Frauke Schnabel, y otros que se quedan con nosotros, plenos de misterio, como la hermosa e inteligente Nellie Wieselburger, en su atracción recíproca con Escher, que queda siempre en suspenso, en esbozo, en la consideración de su cuello hermoso, o en la camaradería compartida de montar juntos complicados puzles de mil piezas.
Leer a Haas es disfrutar de la belleza de los argumentos complejos, admirar la precisa y ágil arquitectura de sus narraciones, mientras nos hace reflexionar acerca de si nuestra historia está escrita como destino inapelable que se constata y se padece sin remedio. La propia existencia queda retratada aquí como un puzle que se construye y deshace para volver a ser reconstruido.
La novela resulta por igual rotunda, convincente, ingeniosa, hermosa. Suscita la pregunta de si acaso lo que llamamos vida cotidiana no será más bien el montaje progresivo y esforzado de un mero relato.