Manuel Jabois. Foto: Archivo del autor

Manuel Jabois. Foto: Archivo del autor

Letras

'La víspera': Manuel Jabois convierte la desaparición de dos chavales en una poderosa intriga psicológica

El escritor presenta en su nueva novela una historia familiar concreta, pero sobre todo ofrece una reflexión sobre la familia de alcance general.

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Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra, 1978) dispone en La víspera una trama de suspense. Dos chavales desaparecen en un pueblo y el lugar se conmociona. Se trata de una atinada idea formal porque la intriga funciona como hilván de la novela. El misterio le proporciona el oportuno y mínimo movimiento externo que requiere una historia a propósito severa y agobiantemente intimista; en ella se exploran unas conciencias no poco ajetreadas y hasta trastornadas; se examinan unos espíritus complejos y enfermizos.

Cubierta del libro 'La víspera'

Cubierta del libro 'La víspera'

La víspera

Manuel Jabois

Alfaguara, 2026
223 páginas. 21 €

Como la acción externa dura solo veinticuatro horas, convenía este embrollo para evitar que el relato tuviera una andadura de paralizante lentitud. La intriga, aun siendo ante todo un acertado recurso técnico, mantiene bien la incertidumbre, se resuelve de forma original y sorprendente. Por desgracia, no puedo entrar en detalles para no estropearle a nadie el magnetismo de la ficción.

La víspera del título es el día anterior a cumplir sesenta y cinco años de una mujer, Amalia. Ella prepara con antiguo esmero las viandas para la celebración mientras, acompañada por su silente marido, espera la llegada de los hijos, Mon, personaje complementario algo funcional, y Chami, quien comparte con la madre el protagonismo de la obra.

La novela presenta una historia familiar concreta, pero, a la vez y sobre todo, ofrece una reflexión sobre la familia de alcance general.

El abordaje del asunto se hace con un planteamiento fuertemente psicologista. No carecen de interés varios personajes secundarios, pero Jabois les dedica minutísima atención a madre e hijo. Son dos magníficas figuras, de enorme densidad, problemáticas y a través de las cuales Jabois plantea cuestiones y dilemas serios, sin juzgarlas, pero también sin mostrar la menor empatía hacia ellas, permitiendo, o exigiendo, que sea el lector quien se pronuncie.

Amalia es una mujer de frialdad patológica que carece en absoluto de emociones y solo las manifiesta por un puro aparentar social. Un alma mórbida que transmite insatisfacción, genera dependencia y propicia un gran asunto de la novela, la incomunicación familiar.

Con Chami aborda Jabois un personaje también atractivo en quien carga un pesado lastre de derrota íntima y con el que aborda un asunto interesante, qué hacer en la vida después de haber sido un triunfador. Fue futbolista famoso y aún es reconocido en la calle, y ahora, en vísperas de la cincuentena, busca aventuras eróticas y su mayor preocupación consiste en alargarse el pene (no hacía falta, por cierto, tanto fisiologismo explícito y reiterado). Por otra parte, mantiene una relación un tanto confusa con su madre.

La historia novelesca de este libro oscuro, amargo, muy duro y tiznado de humorismo cáustico es demoledora

Con estos mimbres mentales Jabois nos sumerge en el leitmotiv de La víspera: la familia, sus fundamentos genéticos, históricos y sociales. Una especie de omertà irracional preside la institución y lleva a un núcleo vicioso de relaciones basado en los vínculos de sangre. El propio texto lo declara con rotundidad: "Una familia solo sobrevive si no se hace preguntas".

Pero la familia existe en nuestra sociedad como una entidad pétrea, vigorosa y firme (salvo en el pensamiento libertario, que la novela no escudriña). ¿Qué hacer ante esa realidad cierta? Al no ser un moralista, Jabois no lo aclara. Por un lado, vislumbramos el valor del arraigo grupal y familiar. Por otro, la historia novelesca es demoledora. La respuesta, como suele ocurrir en la buena literatura, corresponde al destinatario de este libro oscuro, amargo, muy duro y tiznado de humorismo cáustico.