Icónico fotograma de la película 'Viaje a la luna' (1902), película dirigida por Georges Méliès.

Icónico fotograma de la película 'Viaje a la luna' (1902), película dirigida por Georges Méliès.

Letras

Descifrando la cara oculta de la luna, territorio de fascinación para el cine, la música y la literatura

De Julio Verne a Pink Floyd, de Tintín a Hollywood, el arte ha mantenido una obsesiva relación con aquella parte no visible, origen de incontables misterios.

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Dijo Mark Twain en el siglo XIX que "cada hombre es como la Luna: tiene una cara oscura que no enseña a nadie". Por entonces, el ser humano aún no había avistado la parte oculta del satélite que marca el ritmo de la Tierra, pero su mente calenturienta ya especulaba acerca de lo que podía esconderse en el territorio no visible.

La cara oculta de la Luna en realidad recibe tanta luz solar como la visible, pero está a nuestra espalda. Si no vemos aquel hemisferio es por la rotación sincrónica, o sea, la Luna tarda lo mismo en girar sobre sí misma que en orbitar la Tierra. En 1959 la sonda soviética Luna 3 capturó las primeras imágenes de esta región esquiva, mientras que en 2019 la misión china Chang'e-4 logró realizar allí el primer aterrizaje (no tripulado).

Siete años después, la misión Artemis 2 de la NASA –formada por los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen– sobrevolará este lunes la cara oculta de la Luna y promete desvelar nuevas perspectivas e imágenes inéditas. Las expectativas ante los nuevos misterios nos recuerdan que el cine, la música y la literatura siempre ha mostrado un especial interés por este recóndito territorio.

Julio Verne, siempre un paso por delante, ya imaginó en su novela De la Tierra a la Luna (1865) qué podrían encontrar al rodear el satélite sus personajes, que discuten fervorosamente acerca de la posibilidad de que haya vida humana.

Recién descorchado el siglo XX, Georges Méliès estrena Viaje a la luna (1902), un cortometraje de apenas 14 minutos que está considerado como el primer filme de ciencia ficción de la historia del cine. Méliès imagina que es en la cara oculta de la Luna donde se esconden sus habitantes, denominados selenitas.

El profesor Barbenfouillis y sus colegas astrónomos son lanzados en una cápsula que termina impactando en el ojo de una Luna con rostro humano, una de las escenas más icónicas de la cinematografía universal. Aunque la película se centra en la aventura y el encuentro con los selenitas –que estallan en humo al ser golpeados–, sentó las bases de la Luna como un espacio de alteridad y misterio.

La cara oculta es algo parecido a las bambalinas del teatro, un lugar donde no se aplican las terrenales leyes de la física y la lógica. Y es que, para el mundo del arte y la filosofía, esa vertiente remota es el único lugar del universo donde el ser humano no es un "sujeto". Hemos sabido, gracias a las informaciones vertidas por la misión Artemis 2, que la nave Orión se quedará en absoluto silencio durante 40 minutos debido al bloqueo de señales por la masa lunar. El ser humano queda, por tanto, solo ante el universo.

El disco The Dark Side of the Moon (1973) de Pink Floyd es el paradigma de la relación conceptual que históricamente une la cara oculta de la Luna con el plano artístico. Aquel hemisferio ignoto es, en aquel mítico álbum, una alegoría de la mente humana en los años 70. La cara oculta de la Luna es un pretexto para referirse a la locura, para divagar acerca de las veleidades de una generación neurótica en un mundo desquiciado.

La atmósfera psicodélica, lograda con el uso de sintetizadores analógicos (EMS VCS 3) y otros elementos que evocan sonidos lisérgicos –bucles de cinta y grabaciones de campo (relojes, latidos, monedas...)–, sirve como vía de escape a la ansiedad imperante, pero también como reflejo de la misma. La crisis económica, la guerra de Vietnam o la psicosis ante el contexto de la Guerra Fría, que sumía a la juventud en una absoluta incertidumbre, eran algunas de las marcas de la época.

"En realidad, no existe un lado oscuro de la Luna. De hecho, todo es oscuridad", dijo Roger Waters, uno de los fundadores de Pink Floyd. Grabado en los estudios Abbey Road, The Dark Side of the Moon fue un éxito absoluto –más de 45 millones de copias vendidas– y representa uno de los hitos culturales del siglo XX.

Luis Eduardo Aute desbordó más si cabe la dimensión poética de la cara oculta de la Luna con una canción que acabó convertida en cuento. "Yo que no pretendo/ fortalezas ni fortuna,/ solo un sueño soñaría.../ entre un mar de girasoles/ buscaría un Giraluna/ que velara y desvelara/ cada noche la otra cara/ de la luna...", reza el estribillo de "Giraluna", corte incluido en el disco Alas y balas (2002).

En sus conciertos acostumbraba a relatar, antes de interpretar la canción, el significado del concepto 'giraluna', que se refería a "un disidente dentro del orden establecido". "El girasol que, en cuanto cae la tarde, en vez de humillar permanece erguido esperando que ocurra algo. Y ocurre que sale la luna, la ve por primera vez y se queda extasiado. Por esa constancia, la luna le quiere dar un premio que consiste en girar sobre su eje y mostrarle su cara oculta. No se sabe lo que es, pero es una imagen absolutamente fabulosa".

Se trataba, por tanto, de un homenaje a aquellos que nadan a contracorriente con la confianza de su propio criterio y unos principios innegociables. Su editora le recomendó que lo escribiera. Aute aceptó el desafío y el resultado fue El Giraluna (La Galera, 2011), un pequeño cuento ilustrado por él mismo.

Nueve años antes de las primeras fotografías de la cara oculta, tomadas por la citada sonda soviética Luna 3, Hergé realizó una investigación científica de cara a una de las aventuras que protagonizaría Tintín (Objetivo: la Luna, inicialmente serializada en 1950). Tintín, Milú y el capitán Haddock subirán a bordo de una nave espacial que volará a la Luna. Se trata de una misión para fotografiar la cara oculta y probar el motor nuclear del cohete de Tornasol.

El científico Bernard Heuvelmans actuó como asesor científico de Hergé para amalgamar la aventura con el realismo documental. El cohete de Tintín estaba inspirado en la estética de los misiles V-2 para representar un viaje lunar notablemente verosímil años antes de que ocurriera.

Mucho menos realistas resultan algunas películas y series de ciencia ficción que se ocupan de este mismo asunto. Precisamente en La cara oculta de la luna (D.J. Webster, 1990), unos astronautas encuentran una nave espacial abandonada. Había desaparecido en el Triángulo de las Bermudas y ahora es el hogar de un extraterrestre que se alimenta de almas humanas.

En una línea similar, Iron Sky (Timo Vuorensola, 2012) es una película de serie B finlandesa basada en la conspiranoica teoría de que los nazis huyeron a la cara oculta de la Luna en 1945 para construir una flota de platillos volantes.

Mucho más celebrada sería Moon (Duncan Jones, 2009), una de las mejores películas de ciencia ficción moderna. Sam Rockwell, que interpreta a un minero de Helio-3 trabajando en una base en la cara oculta, encarna la soledad absoluta y la crisis existencial.

Aunque quizás la película de ciencia ficción por excelencia de la historia sea 2001: Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968). Las resonancias de aquel filme de culto con las inquietudes actuales estremecen.

No es solo que un monolito enterrado en una luna despierte el interés de los científicos, lo que entronca con las expectativas generadas a partir de la misión Artemis 2. Además, otro de los episodios alude a una misión de la NASA en la que una máquina dotada de inteligencia artificial se encarga de controlar todos los sistemas de una nave espacial tripulada.

Por aquí cabe recordar algunos relatos de H.P. Lovecraft. En la novela corta La búsqueda onírica de la desconocida Kadath, por ejemplo, la Luna tiene una cara oculta poblada por bestias lunares y dioses olvidados.

El simbolismo lunar es especialmente nutricio en el universo lorquiano. Más allá de su poética, en la que podríamos encontrar incontables referencias –"La luna vino a la fragua/ con su polisón de nardos/ El niño la mira, mira/ El niño la está mirando"–, Lorca escribió en 1929, en Nueva York, el guion de una película que no llegó a cuajar: Viaje a la luna. "Hizo amistad con el cineasta mexicano Emilio Amero. Le interesó mucho en lo que estaba trabajando y le escribió muy rápidamente un guion para que lo filmara", relató en El Cultural su sobrina Laura García-Lorca.

Se trata de una obra surrealista con 71 escenas breves en las que explora el deseo y la angustia. Para muchos, es una exploración velada de la homosexualidad y la imposibilidad del amor pleno, por lo que hallaría correspondencia con esa idea de "la cara oculta".

Una exposición inspirada en el guion de la película aún está disponible –hasta el 19 de abril– en el Centro Federico García Lorca de Granada. "No sabemos si Amero llegó a acabar el rodaje, pero sí se conservan imágenes y algunos fotogramas, que son los que están expuestos en la sala del Centro", añadió la sobrina del poeta. Además, hace apenas unas semanas, del 26 al 28 de marzo, el prestigioso artista canadiense Marcel Dzama presentó To Live on the Moon (For Lorca), una pieza escénica basada en el guion, en el mismo Centro de Granada. La Luna y su parte oculta sigue siendo terreno abonado para lunáticos.