El ensayista Cory Doctorow. Foto: Paula Mariel Salischiker

El ensayista Cory Doctorow. Foto: Paula Mariel Salischiker

Letras

'Mierdificación', de Cory Doctorow: de la promesa de un internet democrático a la escatología digital

El ensayista canadiense alerta en su nuevo libro de un cambio de rumbo en la forma de entender y legislar la red que amenaza con comprometer la democracia.

Más información: 'Reliquia': Pol Guasch firma una elegía catártica sobre el suicidio del padre, el duelo y la escritura

Publicada

Si comparásemos la obra maestra de Orson Welles, Ciudadano Kane (1941), con La red social (David Fincher, 2010), película que indaga en los orígenes de Facebook, cabría identificar dos tipos de modelos capitalistas y de emprendimiento distintos; dos carreras hacia la cumbre en donde la información desempeña un papel central, pero desde estrategias monopolísticas orientadas a la creación de valor heterogéneas.

Mierdificación

Cory Doctorow

Traducción de Eduardo Maldonado.

Capitán Swing, 2026.
376 páginas. 25 €.

De hecho, "enshittification" ha sido el término escatológico elegido por el escritor y activista Cory Doctorow (Toronto, 1971) para definir el estado actual del mundo digital y cómo afecta a nuestra cotidianidad. Un neologismo que fue elegido como palabra del año por la American Dialect Society en 2023.

Reconozcámoslo: estamos a años luz de las promesas que en la década de los 90 anticipaban que la red promovería un reforzamiento de las posibilidades democráticas y una cultura de discusión más vibrante. El nuevo capitalismo de plataformas en Internet —desde X y Google hasta TikTok, pasando por Amazon y Apple— no solo fomenta respecto al viejo sistema de medios una proactividad tóxica, sino una degradación de contenidos que empieza a tener consecuencias ética y políticamente desastrosas.

Ante este panorama, la "mierdificación" no evidencia, sostiene Doctorow, limitaciones contingentes susceptibles de resolución, sino un dispositivo estructuralmente nocivo, cuya seductora y adictiva lógica algorítmica comienza a amenazar la salud de nuestras democracias, como muestra la importancia de los gigantes tecnológicos en el segundo mandato de Donald Trump. Si el emergente "tecnofeudalismo", acuñado por Varoufakis, parece cobrar fuerza, ¿no es en virtud de esta creciente degradación tecnológica y su política de datos?

¿Exageración? El diagnóstico de Doctorow huye del sensacionalismo maximalista y busca, más bien, indagar en las prácticas concretas que, buscando fidelizar a sus usuarios, están generando esta mutación antropológica de la sensibilidad y un preocupante recorte de libertades y derechos.

Este deterioro tecnológico no obedece ni a grandes fuerzas de la historia ni a leyes de hierro económicas: lo que nos ha llevado hasta aquí son decisiones políticas limitadamente interesadas de figuras concretas (Musk, Bezos, Zuckerberg).

Pero el ensayo muestra también cómo estas plataformas han podido crecer desmesuradamente en virtud de sucesivas reformas legislativas desreguladoras orientadas a anular la competencia y favorecer monopolios. Asimismo, empresas como Google han empeorado intencionadamente sus buscadores para promover más interacción y actividad aun en detrimento de la calidad. "Hay diferencias significativas entre el internet que tenemos hoy […] y el internet bueno y querido que tuvimos en el pasado".

Revertir esta situación exige que la política no abandone su responsabilidad y el sentido común sobre las transformaciones tecnológicas y embride con mecanismos de regulación y control lo que hoy es una avalancha hiperactiva de datos totalmente desenfrenada.

Tras la lectura, una pregunta se impone al lector: ¿pueden las herramientas del amo desmontar la casa del amo? Se agradece que Doctorow no ceda al desánimo. Su ensayo no solo diagnostica la metástasis del cuerpo digital, sino que propone también opciones de resistencia y la posibilidad de construir una nueva red más protegida en cuanto a derechos.

Cierto que la batalla en torno a internet no es la más importante que ha de afrontar la humanidad del futuro, pero no deja de ser extremadamente relevante para propiciar unas mínimas condiciones mediáticas donde las reglas básicas de la comunicación social no estén marcadas por la acumulación de basura digital y puedan sentar las bases democráticas para las restantes luchas. Que este valiente, inspirador y entretenido ensayo haya recibido tanta atención internacional no es un mal signo.