Patricio Pron. Foto: Ezequiel Zaidenwerg

Patricio Pron. Foto: Ezequiel Zaidenwerg

Letras

El imprevisible Patricio Pron se vacía en su nueva novela, la caja de Pandora de un mundo loco

'En todo hay una grieta y por ella entra la luz' es una historia de historias. El escritor teje cuentos que, a su vez, engendran otros de forma azarosa.

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Los libros de Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975) arrojan luz sobre todas aquellas cosas que, a fuerza de estar, se nos han hecho invisibles. Minucioso, concienzudo; lúcido y sutil; dueño de un rigor sintáctico y léxico iluminadores, el escritor se detiene, a menudo, en una pequeñez hasta entonces inadvertida con la intención de enfocarla y esclarecerla.

En todo hay una grieta y por ella entra la luz

Patricio Pron

Anagrama, 2026
227 páginas. 18,90 €

Para ello la abre como hizo Pandora con el mítico recipiente de los dioses, aunque del suyo no solo escapan los males del mundo, sino también algunos bienes, remedios y explicaciones que en su pluma se transforman en algo cercano a la poesía.

La lectura de En todo hay una grieta y por ella entra la luz (título que, como es habitual en el autor, contiene un argumento) recuerda a la Trilogía de la guerra (2018) de Agustín Fernández Mallo.

A pesar de las notables diferencias entre ellas, ambas comparten una misma escritura hipnótica; una estructura caleidoscópica –y fractal–; la búsqueda de una obra total que no se agota en las palabras ni en las imágenes; la preocupación por el hombre y la naturaleza; la mezcla de tiempos; y una idea de Nueva York que se refleja en sus habitantes, en su paisaje provocador, en sus museos y en la indolencia que la tiraniza, encarnada para Pron en la estampa de un río insomne –tomada de un verso de Hart Crane– que se desliza bajo los arcos de un puente.

Inicialmente –como dice el narrador–, la novela quería ser una biografía de Benjamin Fondane, el poeta simbolista que murió en las cámaras de gas de Auschwitz, de las que pudo haber escapado. Pero de este hipotético libro solo se escriben unas líneas.

Al final del párrafo que las contiene, aparecen –uno detrás de otro– los siete números volados de sendas notas al pie, de modo que el texto al que finalmente accedemos se compone de esos comentarios, desarrollados marginalmente y con letra más pequeña en la parte inferior de las páginas.

Para mostrar la complejidad de la realidad, y la imposibilidad de reflejarla en una escritura lineal, dentro de algunas de ellas emergen, a su vez, otras sub-llamadas convenientemente numeradas, que alcanzan hasta cuatro niveles de subordinación, cada uno dependiente de su inmediato anterior.

Una reflexión profunda sobre el amor, la moral y el papel del hombre en un mundo que avanza ciego y loco

Desde la perspectiva argumental, En todo hay una grieta... se configura como una historia de historias, una de las cuales se vertebra sobre la posibilidad de componer la semblanza de Fondane, leitmotiv de la narración. Las referencias a las dificultades que entraña conocer su vida –en realidad la de cualquiera– le dan a la obra el carácter de trabajo in fieri en torno al cual se tejen cuentos que, a su vez, engendran otros de forma azarosa, como sucede en una búsqueda imprevisible en Internet.

Así descrito, En todo hay una grieta... parece un trabajo confuso y desordenado, pero nada más lejos de la verdad y de la clarividencia de su autor. En él encontramos el relato de una relación amorosa que lo cohesiona y que, como tantas que nos resultan familiares, desaparecen para volver a aparecer.

También una reflexión profunda –en letras mayúsculas– sobre el deterioro de la naturaleza, la crisis de las democracias occidentales en la actualidad y el papel del hombre en un mundo que avanza ciego y loco ¿hacia su autodestrucción? Incluso una meditación sustancial sobre el individuo concreto y sus escollos personales: el amor, el dolor, el duelo, la moral o la búsqueda de sentido. La hibridez genérica, la intertextualidad y la profundidad son, asimismo, componentes de un texto que satisfará a lectores que no se conforman con lo obvio.