Ana Pérez Cañamares. Foto: Baile del Sol

Ana Pérez Cañamares. Foto: Baile del Sol

Letras

'Seronda': Ana Pérez Cañamares, poesía entre el dolor y la esperanza

La poeta no se circunscribe a lo personal en este libro, sino que alumbra de un modo global todo cuanto nace en la pérdida, en la destrucción y la injusticia.

Más información: Luis Landero: "Si me hacen una crítica mala de cien, me quedo con esta y pienso: 'Este cabrón ha sabido leerme'"

Publicada

Seronda, el último libro de Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968), se mueve entre el dolor y la esperanza. El dolor es el de todos, no solo el propio. Surge casi enraizado a una percepción de la carne, imaginado en el cuerpo y los huesos. La esperanza, de igual modo, no se reduce a lo personal, también es la del mundo, se alumbra como compromiso palpitante en todo lo que existe, alejado de aquella sucia esperanza de Sartre.

Seronda

Ana Pérez Cañamares

La Garúa, 2025
68 páginas. 14 €

Es una esperanza, no obstante, que nace en la pérdida, en la destrucción y la injusticia, de ahí que esté hermanada con el sufrimiento. "A los pies de la anciana / troncos ejecutados al amanecer".

Cañamares teje un mundo en el que conectan todas las cosas y, con todas ellas, siente una implicación. Es un universo atento a los otros, siendo esos otros de géneros y especies distintas, una diversidad de seres, de materias, un sentido amplio de lo compartido.

Podemos decir que aquí, la mirada poética no se lanza tanto desde un humanismo como desde algo parecido a un naturalismo genérico, donde el sujeto abarca de igual modo un yo que un nosotros o también un tú: "porque lo Otro está en la ancha perspectiva / y el acontecimiento no es el viaje // sino el terco motor del insecto / el árbol y su trama sanguínea / el azul subrayado por el pájaro".

La naturaleza que aparece aquí incluye a los humanos y nuestra sintética mirada, nos reconoce como de su familia; y el sujeto devuelve ese reconocimiento, que consiste en sentir todo habitado. Pero también el bosque puede funcionar como correlato de un interior propio, personal, colmado de un pensamiento abarcador, incesante. Y en ese interior parece surgir el dolor del que hablamos antes, un cuerpo herido y una tristeza del pensamiento, como diría George Steiner, que se desborda.

Sería un pensamiento que duele, que está en la conciencia y también en los sueños, todo alcanza una forma de pensamiento, y ese alcance sabe de las amputaciones de la vida. "El mundo también se cansaba / el mundo también dormía acuclillado / la montaña plegaba alas / planificaba la voracidad de sus abismos".

En esta línea de voces abiertas, Cañamares congrega un largo número de referencias. Citas que encabezan poemas, también citas que, en ocasiones, asoman entreveradas en los textos, citas sin nombre y nombres sin citas, que conforman una suerte de afinidad selectiva con distintos tiempos y lugares. Rosalía de Castro, Christa Wolf, Enrique Falcón, Rosana Acquaroni

La cita suele dar un aire conclusivo a lo escrito, pero la pluralidad se lo resta, de alguna manera. En ese abrir y cerrar la conclusión, juega también el no poco frecuente uso de un verso final en el poema, descolgado, que parece guardarse una última palabra.

Se trata de una escritura nítida, podemos decir, donde Cañamares prescinde de la puntuación, aunque no busca en ello una problematización del lenguaje. El sintagma se ajusta al verso, construyendo un fraseo que se va deslizando sin cortes abruptos, algo que sugiere una relación de equilibrio.

Cada parte de este otoño, que es lo que nos dice "seronda" en asturiano –también dice fruto tardío–, lleva el nombre de una zona de las hojas de las plantas: haz, limbo, envés y nervadura. Preceden, a cada uno, sus definiciones, tanto la referida a la hoja como otras, predisponiendo así a una lectura polisémica de los poemas, donde ver el significado segundo como el interior del primero, como el corazón de esa hoja.

Cómo suena la lluvia
al soltarse de la nube
cuán largo es el minuto en la piedra
cómo transcurre el domingo
bajo el manto del musgo
Qué síntoma de la muerte
sacude al estornino
quién dice yo dentro de la manzana
qué pensarán los pulpos
de la melancolía
De cuántas formas se vestirá el ser
antes de mudar en desnuda nada.