Yukio Mishima fotografiado en 1955 por Ken Domon

Yukio Mishima fotografiado en 1955 por Ken Domon

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Crítica de la novela inédita de Yukio Mishima: una historia trágica como su muerte, pero llena de erotismo y encanto

'El tumulto de las bestias', traducida por primera vez al español, está dominada por una pulsión de muerte: los personajes se aman y se odian a la vez.

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Publicada

Belleza, erotismo y muerte. Ultranacionalismo japonés, culto al emperador y conocimiento de la literatura occidental. Soberanía del cuerpo y narcisismo exacerbado. Disciplina militar y culpa de la carne. Radicalismo político cercano al fascismo.

El tumulto de las bestias

Yukio Mishima

Varios traductores
Alianza, 2025
160 páginas. 19,95 €

Estos son algunos de los conceptos con los que se trata de comprender la compleja figura de Yukio Mishima (Tokio, 1925-1970), el novelista, dramaturgo, ensayista, actor, realizador japonés más famoso de todos los tiempos. Por primera vez se ha traducido al español El tumulto de las bestias (1961), una novela inédita en nuestro país.

Considerado el escritor más grande en lengua japonesa de la posguerra, su verdadero nombre era Kimitake Hiraoka. Eligió el seudónimo de Yukio Mishima por una ciudad japonesa donde está el templo sintoísta Mishima Taisha, al pie del monte Fuji.

Su padre era un funcionario ministerial que le prohibía escribir y que le empujó a estudiar Derecho. Fue su abuela materna, procedente de una familia aristocrática emparentada con los samuráis del periodo Tokugawa, quien le introdujo en el Japón legendario, en la literatura francesa y germánica y en el teatro Kabuki.

La abuela le matriculó en el elitista Peers School, de la nobleza nipona. Mishima vivió con la abuela los primeros 12 años de su vida sin jugar con otros muchachos de su edad.

Fue un niño fragilizado y excéntrico, fascinado por relatos sangrientos. En su novela autobiográfica Confesiones de una máscara (1948), escribe: "Las visiones de príncipes muertos violentamente me perseguían sin cesar. ¿Quién podía explicarme la razón por la que hallaba tanto placer en aquellas fantasías en que las ceñidas y reveladoras medias que llevaban los príncipes iban ligadas a una muerte cruel?".

En sus confesiones la sublimación del homoerotismo del protagonista, alter ego del propio Mishima, convierte el deseo en un ideal estético cargado de oscuridad.

Mishima vivió solo 45 años, pero dejó una obra ingente: cerca de 50 novelas, una veintena de ensayos, relatos, obras de teatro, películas y centenares de artículos. El mismo día de su muerte envió a su editor la última entrega de su tetralogía El mar de la fertilidad, su obra maestra, integrada por Nieve de primavera, Caballos desbocados, El templo del alba y La corrupción de un ángel.

Sus múltiples paradojas se manifiestan una vez más en El tumulto de las bestias. La armonía formal de la escritura contrasta con la pulsión de muerte; el amor físico se mezcla con la tortura espiritual; los personajes se aman y se odian a la vez. "En mi interior, belleza, erotismo y muerte se hallan en la misma línea", declaró Mishima en una entrevista publicada en Últimas palabras (Alianza).

Este inédito posee un estilo de límpida belleza, una delicadeza refinada, una atmósfera luminosa y exquisita

Este inédito Mishima posee un estilo de límpida belleza, una delicadeza refinada para describir las sensaciones sensuales del protagonista y una atmósfera perfilada con luminosidades exquisitas. La historia es trágica, pero lo que la rodea es de un encanto fulgurante: los invernaderos, la cascada cerca del templo Taisenji, el atractivo de la mujer que espera en el puerto.

La historia arranca con un prólogo: un narrador omnisciente describe la fotografía de tres personas retratadas cerca del puerto del pequeño pueblo de Iro. Son los protagonistas de un triángulo amoroso: la bella Yuko, su esposo Ippei y el joven Koji. El final de la novela lo cuenta en un epílogo un narrador, investigador del folclore de visita en Iro, que retomará la fotografía de manos del abad del templo de Taisenji.

En los capítulos centrales, Koji llega en un barco tras pasar dos años en la cárcel. Yuko le espera en el puerto de Iro. Sabremos que Koji, que repite la frase "estoy arrepentido", fue detenido por golpear a Ippei con una llave inglesa.

Dos años antes, Ippei era el rico propietario en Tokio de una tienda de cerámica y un reconocido estudioso universitario. Un hombre vanidoso y libertino a ojos de Koji, que es un universitario empleado en su tienda. Koji, enamorado secretamente de la esposa de su patrón, no soportará las humillaciones que sufre Yuko y golpeará a Ippei con violencia.

Cuando los tres personajes se vuelven a reunir, tras salir Koji de la cárcel, la mujer se ha convertido en una empresaria de unos prósperos invernaderos, Ippei es un enfermo de afasia y Koji ya no es aquel inocente muchacho. Entre el arrepentimiento de su acción anterior y el deseo de consumar el amor físico con su amada, el relato está cargado de un erotismo que lo envuelve todo.

La conciencia de estar vigilado por los habitantes del pueblo, la cercanía del matrimonio, el ambiente carnal de la taberna del pueblo y de los amigos, llevan a Koji a un estado lúgubre y excitado a la vez.

El tumulto de las bestias podría ser una novela de un triángulo convencional pero Mishima juega con un sable inesperado debajo de las sábanas. Seguidor de Bataille y de Yasunari Kawabata, el erotismo transgresor lanza a los protagonistas a un precipicio mortal.

Desde Marguerite Yourcenar a Paul Schrader, son numerosos los estudios, películas y novelas sobre Mishima que intentan desentrañar a un autor que sueña con la gloria imperial de Japón, crea su propio ejército 'Tatenokai' y prepara cuidadosamente su muerte ritual.

El 25 de noviembre de 1970 Mishima se infiltra con cuatro de sus hombres en el despacho del comandante en jefe del cuartel general de Tokio y le obliga a dejarle hablar ante los militares desde el balcón, para incitarles a un golpe de Estado.

Ante las burlas de los soldados y los helicópteros que le cercan, vuelve al despacho del comandante general y se suicida por seppuku, un ritual más sangriento que el harakiri. Mishima, un genio controvertido, se propuso describir lo bello y lo siniestro.