Belén-Bermejo

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Letras

Belén Bermejo, una editora popular

Muy querida en el sector editorial y cultural, siempre defendió cualquier literatura por encima de las etiquetas y la lectura, especialmente de poesía, como un bien de interés general

30 junio, 2020 13:36

"Editora. De baja por cáncer (HGUGM). Filóloga (Hispánicas). De la UAM y del Ramiro. Siempre llevo un libro de Pe Cas Cor. Hago fotos. Feminista". Así se presentaba en Twitter, una red social a la que era asidua y desde la que cultivó un magisterio discreto y cómplice en el que descargaba su insaciable curiosidad y sus ganas de compartir. Un modo de entender la literatura que caracterizó hasta el final a Belén Bermejo, editora de Espasa, que ha fallecido este fin de semana en Madrid a causa del cáncer que padecía desde hace tres años.

Nacida en Madrid en 1969 y criada en Aranda del Duero, Bermejo se dedicaba a la edición de ficción y poesía en Espasa, aplicando la máxima de que, más allá de otras consideraciones y prejuicios de género, existen solamente la literatura buena y la mala. El proselitismo literario del que hacía gala en sus redes, y que la hizo tan querida, nacía de una voluntad sincera de hacer la lectura y la literatura algo masivo. En este sentido, su debilidad especial era la poesía.

Esta eclosión ha favorecido tanto a los más jóvenes como a los consagrados e incluso a los clásicos y, gracias en parte a ello, se han ampliado las secciones de poesía en las librerías y también en la prensa”, defendía en El Cultural el año pasado en un reportaje sobre el fenómeno que ha dado en llamarse Ciberpoesía. “Cuando nosotros éramos jóvenes no todo lo que leíamos era tan bueno como pensamos. No todo era, señala, Cernuda o Góngora. Los jóvenes que ahora se acercan a la poesía de la mano de poetas jóvenes luego pasan a leer la poesía de la experiencia de los años 50, a poetas del 27 como Miguel Hernández, que es también muy leído, e incluso a autores del 98 como Machado”, explicaba entonces.

Y es que, en eso de la poesía, igual que en la lectura en general, Bermejo lo tenía claro. “No entiendo por qué tiene que ser minoritaria. No es un campo solo para los entendidos. La poesía y cualquier literatura pueden ser disfrutadas por cualquier persona con sensibilidad”.

Ella mismo dio en 2019 el salto a la autoría publicando Microgeografía de Madrid, donde volcaba una pasión por la fotografía que antes había encontrado acomodo en su Twitter. De ello se hizo eco en su día en nuestra revista Gonzaló Torne, que escribía en su sección Inteligencia ajena: “Mis fotos favoritas componen una serie discontinua que Bermejo llama Microrrelatos, y que sus seguidores esperamos expectantes. Son fotos de apariencia espontánea, urbanas, enfoques sin horizonte, concentradas en peines, zapatos, cabinas de teléfonos, maletas, muebles, contenedores… que se erigen en protagonistas de estas inesperadas naturalezas muertas cuyo denominador común es ofrecer una imagen con un poder de fascinación parecido al de una cicatriz: obligan a la imaginación a reconstruir la historia que condujo a ese estado”.

Las redes, ese ámbito tan querido para ella, han sido el lugar donde se han despedido de ella, no sólo sus casa editoriales Espasa y Planeta, sino multitud de librerías, escritores -de los que en algunos casos ejerció de editora-, músicos, artistas, periodistas culturales y muchos seguidores anónimos que apreciaban la sensatez y la emoción de sus recomendaciones.