Image: Las revistas de un disidente

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Letras

Las revistas de un disidente

28 marzo, 2014 01:00

Octavio Paz con la redacción de Plural

Plural y Vuelta, las dos revistas que fundó Octavio Paz, fueron, durante casi tres décadas, dos publicaciones en las que se encontraron las mejores letras mexicanas en diálogo abierto con la intelectualidad americana y europea. Un empeño por escuchar a otros.

En 1976 el presidente mexicano Echevarría, acérrimo defensor de la dictadura cubana y acérrimo represor de la izquierda de su país, dio un golpe de mano al periódico más crítico con su régimen, Excélsior, causando la destitución de su director, Julio Scherer, y la consecuente renuncia de los escritores que a su amparo publicaban Plural, la revista que Octavio Paz fundara en 1971, al poco tiempo de volver a México tras dejar su cargo de embajador en la India como protesta por la represión que contra el movimiento estudiantil de 1968 cometió el gobierno previo. Scherer fundó entonces el semanario político Proceso, y Paz a su vez fundó y dirigió hasta su muerte la revista Vuelta, título de uno de sus más celebrados poemas. Desde mediados de los sesenta, Paz había querido establecer una publicación inspirada en el New York Review of Books, como consta en su correspondencia, cuando preparaba la antología Poesía en movimiento, con su editor Arnaldo Orfila. Era imperativo que esa publicación fuera independiente, a fin de ejercer también la ya apremiante crítica del autoritario ogro filantrópico gobernante en México, y de los totalitarismos de Estado, de izquierdas y derechas, en otros países. Aunque se trataba de un empeño que tuvo sus inicios materiales a finales de los años treinta, al volver Paz a México procedente del Congreso de Escritores de Valencia que condenaría la disidencia de André Gide: Taller, revista que a la postre acabó dirigiendo, opuesta al nacionalismo y al realismo socialista imperantes, publicó a muchos escritores del exilio español, entre ellos a Juan Ramón Jiménez, y las primeras traducciones de la Tierra baldía y de Una temporada en el infierno. Poesía e historia, y subversión psíquica y moral, fueron el temple de Taller desde 1938 a 1941. Con todo, si el de Paz es uno de los casos más singulares de las letras hispánicas por su voluntad de conciliar tradiciones artísticas y de pensamiento de muy diversas culturas, esa vocación universalista de la experiencia literaria y la reflexión tiene a la poesía como centro irradiador absoluto asimismo de su implicación cívica. Su actividad como intelectual -la del escritor que ejerció influencia sobre las cosas públicas desde sus revistas- es inconcebible sin su poesía. La palabra poética, aún si el poeta no se lo propone, afirmó alguna vez, es siempre disidente. Toda gran obra es subversiva. En Plural y en Vuelta confluyeron, durante casi treinta años, el conjunto de escritores afines más destacado en México desde el grupo Contemporáneos. Zaid, Segovia, Rossi, De la Colina, Elizondo, García Ponce y Ulalume González de León, entre otros muchos, como Fuentes al principio, le imprimieron tensión intelectual, moral y poética, la cual se vio intensificada con la difusión de escritores y críticos como Cioran, Kundera, Enzensberger, Cabrera Infante o Levi-Strauss y tantos otros procedentes de la disidencia cultural y política de Europa y América. Ambas revistas conformaron la sensibilidad y la conciencia crítica y moral de tres generaciones de lectores, además porque desde su generosidad selectiva Paz nunca las instrumentalizó en beneficio propio. Ese empeño en escuchar a los otros con atención crítica se extendió también a la pequeña editorial que adscrita a Vuelta presidió, y de la que fui privilegiado responsable a mediados de los noventa. De la pasión crítica de Octavio Paz se ha escrito inteligentemente a lo largo de muchos años -Gimferrer, Ullán, Savater, por ejemplo, que colaboraron en ambas publicaciones-, pero se ha difundido tanta hagiografía beata, tanta simplificación neoliberal y tanto denuesto, extremado éste en una inaudita quema en efigie junto a su domicilio (por denunciar la deriva autoritaria nicaragüense de entonces), que es preciso dejar de nuevo expuesta la propaganda que primero el camaleónico y sonriente marxismo agitó en su contra desde los años treinta, y hasta fechas muy recientes, con un empeño que sólo se le consagra al disidente. Un intelectual incómodo que no dejó nunca de interpelar a la propia izquierda desde las páginas de aquellas revistas, porque si estamos condenados a la disputa, también lo estamos al diálogo. Porque el enemigo tiene voz humana.