Image: Tolstói, inédito

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Letras

Tolstói, inédito

“Hay mucha mugre acumulada en mi alma”

25 septiembre, 2008 02:00

Tolstói con sus amigos Grigoróvich, Goncharov, Turguéniev, Druzhinin y Ostrovski en San Petersburgo, 1856. Foto: Acantilado

Carta inédita de Tolstói al Zar Alejandro II

Lev Tolstói (Yásnaia Poliana, 1828-Astapovo, 1910) mantuvo a lo largo de su vida una amplísima correspondencia con zares, escritores y artistas, amigos, familiares y amantes, de la que se conservan más de 10.000 cartas. Este testimonio asombroso, que conforma una suerte de autobiografía sin censuras ni pudores, ha permanecido inédito en España hasta hoy, y ve ahora la luz gracias al empeño de la editorial Acantilado. La editora y traductora Selma Ancira ha trabajado directamente con los manuscritos originales, celosamente custodiados en una habitación de acero en el Museo Tolstói, y ha logrado además sortear la censura rusa, implacable con el autor de Guerra y paz. El Cultural ofrece hoy algunos de los fragmentos más significativos del volumen, así como una carta al zar Alejandro II en la que denuncia el abuso que su familia y él mismo habían sufrido a manos de la policía zarista.

Todo Tolstói (el hombre, el escritor, el amigo, el utópico) se desnuda en estas cartas, frecuentadas por gentes como Rilke, Bernard Shaw, Gorki o incluso Gandhi, si bien, en lo que a los escritores se refiere, las de más interés tal vez sean las intercambiadas con Ivan Turguéniev, prueba de su tormentosa amistad. De hecho, en 1861 Tolstói lo retó a duelo, y dejaron de hablarse diecisiete años. Antes, sin embargo, en una carta escrita en Ginebra entre el 28 de marzo y el 9 de abril de 1857, le da cuenta de su estado de ánimo tras abandonar París: "Acabo de pasar un mes y medio en Sodoma y hay mucha mugre acumulada en mi alma: dos rameras, la guillotina, el ocio, la vulgaridad; usted es un inmoral, aunque lleve una vida más moral que la mía, pero en el transcurso de seis meses también usted debe de haber acumulado muchas, muchas cosas que no compaginan con su alma". Es el primer paso para plantear lo que realmente le preocupa: si Turguéniev cree posibles sus amores con la princesa Lvova: "¿cree usted que una joven como ella se enamoraría de mí? Quiero decir, que no encuentre repugnante o ridículo que yo quiera casarme con ella. Estoy tan seguro de la imposibilidad de esta extravagancia que hasta escribirlo me parece absurdo. Pero si creyera en esta posibilidad, le demostraría que también yo puedo amar. Sonríe usted con ironía, desesperanza y tristeza".

Es el mismo Tolstói que el 22 de agosto de 1862 envía una carta incendiada al mismísimo zar de todas las Rusias denunciando los abusos que su familia, unos invitados y él mismo habían sufrido a lo largo de dos días por parte de la policía zarista y grita: "no puedo ser ni un conspirador, ni un asesino". Con la misma sinceridad se confiesa a corazón abierto con Alexandra Tolstaia, a finales de enero de 1873, sobre su novela más famosa: "No piense que no fui sincero cuando le dije que en este momento Guerra y paz me resulta repugnante. Hace unos días tuve que echarle una mirada para decidir si debo hacer o no correcciones para la nueva edición, y soy incapaz de transmitirle el arrepentimiento y la vergöenza que sentí al revisar muchos de los pasajes. Era un sentimiento semejante al que experimenta una persona cuando ve las huellas de una orgía en la que participó. Lo único que me consuela es que me entregué a esa orgía con toda el alma y en ese momento pensaba que era lo único que existía".

Pero si era implacable con su obra, su diagnóstico sobre el mundo tampoco admitía componendas, aunque estaba iluminado por la esperanza. Así, el 4 de mayo de 1886 escribe a su esposa, Sofia Andréyenva Tolstaia: "El mal no proviene de que los ricos le hayan quitado a los pobres. ésta es una parte insignificante de la causa. La causa es que toda la gente, los ricos, los no tan ricos y los pobres, viven de manera animal: cada cual para sí mismo, cada uno pisoteando a los demás. De ahí la desgracia y la pobreza. [...] Yo sé, y tú sabes, cualquiera lo sabe, que la maldad humana será abolida por los hombres, que ésa es la única tarea de la gente, el sentido de la vida"

El tiempo, en cambio, fue acrecentando el desengaño, y sus problemas familiares le empujaron a huir. Por eso, en su última carta, del 28 de octubre de 1910, anuncia a su esposa: "Mi partida te afligirá. Lo lamento, pero créeme que no podía hacer otra cosa. Mi situación en casa se vuelve, se ha vuelto insoportable. Además de todo lo demás, no puedo seguir viviendo en estas condiciones de lujo en las que he vivido hasta ahora, y hago lo que suelen hacer los ancianos de mi edad: se retiran de la vida mundana para vivir en paz y en soledad los últimos días de su vida". Menos de un mes después, el 20 de noviembre, Tolstói murió acostado en un camastro a la luz de la luna llena, en la estación ferroviaria de Astapovo.