Image: La vista desde Castle Rock

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Letras

La vista desde Castle Rock

Alice Munro

3 abril, 2008 02:00

Alice Munro

Trad. I. Ferrer y C. Milla. RBA, 2008. 297 pp., 20 e.

"Hacía algo más cercano a la autobiografía: explorar una vida, mi propia vida, pero no de un modo preciso o riguroso. Me situaba en el centro de ella y escribía sobre esa identidad, de forma tan escrutadora como me era posible" (p. 12). Esta suerte de confesión pertenece a la propia Alice Munro y se puede leer en el Prólogo de su último volumen de relatos La vista desde Castle Rock. El libro recoge sus relatos más autobiográficos remontándose temporalmente en su rama familiar de origen escocés, los Laidlaw (el nombre de soltera de Munro era Alice Laidlaw), cuyas aventuras se convertirán en motor e hilo conductor de las historias que conforman la obra. La autora incluso se trasladó a Escocia buscando información, y sus descubrimientos fueron, literaria y personalmente, sustanciosos: no era ella la primera Laidlaw escritora, incluso una de sus antepasadas ayudó a Sir Walter Scott.

El libro se estructura en torno a dos partes ("Sin ventajas" y "Mi casa") coronadas por un Epílogo. La primera parte reúne los relatos correspondientes al periplo de los Laidlaw desde el valle de Ettrick al sur de Escocia hasta Canadá. En las historias de la segunda parte Munro se convierte en el referente de sus propios cuentos y relata sus recuerdos infantiles en Wingham, Ontario, hasta el momento en que decide investigar su historia familiar. Nos encontramos ante una obra de ficción, pero, en palabras de Munro "estos relatos conceden más importancia a la verdad de una vida de lo que suele hacer la ficción" (p. 12). La íntima relación de la autora con cada uno de los relatos confiere tal grado de conexión entre todos que llega a trasmitirse una cierta sensación novelesca al conjunto.

Tal vez sea la referida intencionalidad de recrear asuntos históricos y personales desde una perspectiva ficticia y artísticamente objetiva lo más interesante del volumen. Leído el Prólogo, el lector no puede sino plantearse cuáles son los límites entre la realidad histórica expuesta por Munro y la ficción inherente a cada relato. También inquieta la dicotomía pasado-presente que plantea cada una de las dos partes, pues el tiempo se perfila como el auténtico artífice de la historia familiar. En ambos casos el punto de vista de la autora, utilizando la primera persona en la mayoría de los casos, es el eje gravitatorio que confiere sentido a lo uno y lo otro. En "¿Para qué quieres saber?", relato concluyente de la segunda parte, descubrimos la supuesta clave creativa, pues "Ahora todos estos nombres que he estado reuniendo se relacionan con las personas vivas en mi mente, [...] y descubrir el tremendo latido de mi propia sangre." (p. 297).

Algunos de esos personajes son Andrew, el protagonista de La vista desde Castle Rock, a quien su padre mostró "una tierra tan tenue como la bruma" asegurándole que aquello era América; o el viejo James Laidlaw, quien junto a toda su familia "el 4 de junio de 1818, pusieron los pies a bordo de un barco por primera vez en sus vidas" (p. 37) para emprender viaje a America. Todos tan entrañables como los padres de la propia Munro, y literariamente tan atractivos como aquellos ya conocidos de Secretos a voces.