José Sacristán en 'El hijo de la cómica'. Foto: Diego Miranda

José Sacristán en 'El hijo de la cómica'. Foto: Diego Miranda

Teatro

José Sacristán encarna a su amigo y maestro Fernando Fernán Gómez en 'El hijo de la cómica'

El Teatro Bellas Artes recibe el monólogo basado en las memorias del director y en unas confidencias que este hizo en vida.

Más información: El fenómeno editorial 'Las gratitudes', de Delphine de Vigan, se sube al escenario

Publicada

Vivía el pequeño Fernando Fernán Gómez (Lima, 1921 - Madrid, 2007) en el Madrid en ebullición de los años 20 y 30, entre dictablandas y repúblicas, y él estaba ocupado armando barullo con sus juegos. Un auténtico quebradero de cabeza para sus vecinos, que aun así se decían para calmar las aguas, en un gesto de indulgencia hacia el descaro de la infancia: "No pasa nada, es el hijo de la cómica".

A esta anécdota que le contó hace décadas el actor y director de El viaje a ninguna parte al también intérprete José Sacristán remite el título de la obra que recala en el Teatro Bellas Artes de Madrid este miércoles 29 de abril.

Concebida, dirigida y protagonizada por este último, se trata de un monólogo del que vimos una primera versión como lectura dramatizada en 2021, a propósito del centenario del nacimiento de Fernán Gómez. Fue sobre las tablas del teatro madrileño que lleva su nombre.

Compone Sacristán el armazón textual a partir de dos fuentes principales. Por un lado, la primera parte de las memorias de su viejo amigo, El tiempo amarillo, que abarca el periodo de 1921 a 1943, momento en el que su carrera como actor despega tras su incorporación a la productora cinematográfica CIFESA.

Por otro, el corpus de anécdotas del que fue privilegiado depositario el propio autor de este montaje que ya se ha dejado ver en diversos enclaves escénicos del país, como el Arriaga de Bilbao o el Palacio Valdés de Avilés. "Firme, orgullosamente resuelta en su melancolía, sonaba la voz de Fernando al recordar aquellos tiempos, al recordarse", señala el actor en la carta de presentación de la obra.

El producto final de tal combinación es un tributo íntimo y rebosante de ternura hacia una etapa "que no conoce nadie" de la vida del que fue, según él, uno de sus grandes maestros: "Si el escritor Delibes me enseñó a mirar, el cómico Fernán Gómez me enseñó a escuchar".

Hijo natural de la actriz Carola Fernán Gómez —esa cómica a la que se referían tanto las vecinas de la familia del muchacho, como el título del montaje que nos atañe—, el niño Fernando pasó su infancia ninguneado por su padre, Fernando Díaz de Mendoza Guerrero, hijo de la celebrada actriz María Guerrero, cuya identidad no se hizo pública hasta después de la muerte del actor.

Con la madre de bolo en bolo, los cuidados del pequeño recayeron principalmente en la abuela, Carolina Gómez, una costurera de Valdelaguna (Madrid) a la que profesaba auténtica devoción. Ella es la protagonista de varios de los recuerdos más entrañables que compartió el cineasta y actor con su amigo, una macedonia de risas y juegos que lo sumían en un mar de nostalgia. "No sabía entonces que habría de perder más de media vida tratando de volver a encontrar momentos de felicidad como aquellos".

Un mundo a caballo entre Galdós y Baroja que a Sacristán le recuerda a su propio pasado: "Compartimos coincidencias en historias de supervivencia, de ausencias, miedos, sueños, de 'llegar a ser alguien...'". Y alguien, desde luego, llegaron a ser.