Jesús Noguero en una escena de 'La última noche con mi hermano'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Jesús Noguero en una escena de 'La última noche con mi hermano'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Teatro

Alfredo Sanzol estrena 'La última noche con mi hermano': "Cómo gestionar la tristeza es un gran misterio"

En su nueva obra teatral el director atraviesa la vigilia para afrontar la pérdida, la enfermedad y las despedidas a partir de la historia de dos hermanos.

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“Esta historia es teatro hecho por una muerta que soy yo”, anuncia la protagonista de La última noche con mi hermano en sus inicios. Ella es Nagore Oyarbide (Nuria Mencía), una mujer soltera que tras ser diagnosticada de cáncer cuenta sus últimos días. Su hermano, Alberto (Jesús Noguero), está casado con Ainhoa (Elisabet Gelabert) y ambos tienen dos hijos de diferentes parejas, Nahia (Ariadna Llobet) y Oier (Biel Montoro). A su vez, Claudio (Cristóbal Suárez), el hermano de Ainhoa, es oncólogo. Y, además, como dato, hace tiempo que no se habla con ella.

“La trama principal parte de ese proceso de pérdida y de cómo Alberto no lo termina de aceptar”, cuenta Alfredo Sanzol a El Cultural sobre esta obra inspirada en un suceso real. Fue la historia de una amiga suya, que había pasado una noche acompañando a su hermano en las horas previas a su muerte, lo que le dio la idea del título.

“Aquel fue solo el detonante, pero luego descubrí que el duelo por la pérdida de un hermano es el que socialmente está menos acompañado y quise saber por qué”.

Para resolver aquella duda, Sanzol charló durante mucho tiempo con varias personas que habían perdido a un hermano. “Encontré respuestas de todo tipo. Algo que tiene que ver con que las relaciones fraternales son muy diferentes entre sí. Pueden ser buenas o malas. Hay personas que tienen su propia familia y no viven un duelo tan intenso. Pero lo que sí es cierto es que, en las relaciones muy buenas, la pérdida de uno de ellos supone algo realmente importante para la vida de la persona”.

De ese vacío, afirma, trata esta obra que nos plantea cómo abordar la muerte de un ser querido. “La última noche con mi hermano tiene que ver fundamentalmente con dos elementos. Primero, con cómo varía la esperanza, que es algo esencial para mover la vida. Aunque sea una frase hecha, es lo último que se pierde. Lo que pasa es que va oscilando, en función de cómo avanza la enfermedad, cambia de color y de forma”.

“Ante la tristeza, aparece el humor como un lugar de escape y un espacio energético para lograr impulso”. Alfredo Sanzol

La otra, dice, es la aflicción. “Cómo gestionar la tristeza es un gran misterio. Es algo que paraliza. Pero, precisamente, en los momentos en los que aparece la enfermedad, lo que necesitamos es acción. Como contrapeso, en las entrevistas que mantuve aparecía muchas veces el uso del humor como un lugar de escape y un espacio energético para lograr impulso”.

Ese humor sanador, reparador, se filtra también por los recovecos de La última noche con mi hermano. “Me preocupaba este tema porque no quería hacer escenas con situaciones inventadas, no quería apretar. Es por eso que todos los momentos en los que aparece el humor son reales. Y en esa última noche de la que habla la obra, que es la última parte de la función, hay situaciones bastante caóticas que son las que producen el lado más cómico”.

Alfredo Sanzol, Nuria Mencía y Eva Carrera (ayudante de dirección, de espaldas), durante un ensayo. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Alfredo Sanzol, Nuria Mencía y Eva Carrera (ayudante de dirección, de espaldas), durante un ensayo. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Para darle forma a estas y otras cuestiones, Sanzol acudió a Blanca Añón. Su escenografía utiliza la casa del personaje de Nagore como centro neurálgico de toda la familia. “El acompañamiento es también un tema esencial, porque exige una reestructuración de la vida y de los vínculos de todos, y eso produce conflictos, roces y acercamientos inesperados”.

Sobre la pared del fondo de ese piso, una gran brecha abre paso a la naturaleza. Una metáfora más de cómo el dolor centra la mirada en la herida. “Dentro de esa casa jugamos con todos los espacios –la calle, los hospitales, otros pisos, los parques de Madrid...–. Porque es una obra que está escrita para que los personajes se muevan mucho de sitio”.

La otra espina dorsal de esta propuesta escénica es el sentimiento de fraternidad. La obra plantea tres tipos de hermandad, explorando la diferencia entre vínculos consanguíneos y políticos, y sus diferentes maneras de relacionarse, de forma bien o mal avenida.

“Dentro de nuestra Constitución es esencial el tema social. Vivimos en un Estado de derecho y lo social es una derivación del principio republicano de la fraternidad. El otro, sus problemas, su fragilidad y sus necesidades, no nos es ajeno, es uno de los asuntos que están encima de la mesa ahora”, comenta Sanzol, que se cuestiona cómo lo político afecta a lo íntimo.

Nuria Mencía en 'La última noche con mi hermano'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Nuria Mencía en 'La última noche con mi hermano'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

La hermandad tiene una patria común que es la infancia. En ella se crean unos lazos de complicidad y unas heridas que son muy profundas, para bien y para mal”. En este caso, tanto Alberto y Nagore como Ainhoa y Claudio, provienen del norte de España y emigraron a Madrid para trabajar cuando eran jóvenes. “Y ese pasado, la década de los 90, porque son dos parejas que tienen sobre 50 años, les ha influido de manera fuerte”, señala el director.

En ese punto, explica, a él le interesaba resolver cómo puede ser que las ideologías dentro de una democracia puedan romper vínculos. “La manera en la que se gestiona dentro de las familias la capacidad de escucha y de tolerancia de diferentes opiniones es un reflejo también de cómo se vive en la vida pública. Siempre me interesa crear puentes entre la vida íntima y la pública porque creo que son lo mismo. Esos conflictos para los que no se encuentra solución son el material fundamental de mi escritura. El teatro tiene que entrar ahí, en esos lugares de los que no conocemos la solución”.


También hay una cuestión generacional. “Yo soy del 72, tengo 53 años y estoy en un momento en el que te planteas las cuestiones que tienen que ver con la pérdida y con la muerte de los que tienes al lado. Con un hermano, se va un cómplice, un compañero de vida”.

La última noche con mi hermano, coproducción del Centro Dramático Nacional y del Teatre Nacional de Catalunya, se podrá ver del 13 de febrero al 5 de abril en el María Guerrero, antes de salir de gira por Pamplona, San Sebastián, Valencia, Sevilla y Las Palmas de Gran Canaria. En octubre, estará en Barcelona.