Image: El año que hizo ¡boom!

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Teatro

El año que hizo ¡boom!

Lo mejor de 2008: Teatro

31 diciembre, 2008 01:00

Maribel Verdú y Aitana Sánchez-Gijón protagonizan 'Un dios salvaje' junto a Antonio Molero y Pere Ponce

Especial: Lo mejor del año

Un dios salvaje, de Yasmina Reza, ha sido la elegida por El Cultural como la mejor obra de 2008, en una votación en la que han participado Javier Villán, Ignacio García May, Rafael Esteban y Liz Perales. Un año que ha estado dominado por el teatro de texto, aunque lo que más ha brillado ha sido la factura técnica e interpretativa de las obras. El año acaba con llenos espectaculares, pero los productores recomiendan cautela.

Ha sido cuando nuestra economía ha encallado cuando el teatro exhibe una salud envidiable. Sufre el cine español y, que yo recuerde, nunca como ahora han estado tan abarrotados los teatros. Y así pasa que en Madrid es imposible encontrar entradas de algunos títulos para estas vacaciones navideñas. Desde luego, descarten en estas fechas ir al Alcázar para ver la más votada por los críticos de El Cultural: Un dios salvaje. Es el nuevo éxito de la francesa Yasmina Reza, artífice de Arte y, sin duda, la gran autora teatral de la última década. La española es una atractiva producción de corto recorrido, porque su exhibición se acaba en febrero, aunque habrá algunas funciones en Barcelona. El reparto, de lujo: Maribel Verdú, Aitana Sánchez Gijón, Antonio Molero y Pere Ponce dan vida a las dos parejas que protagonizan esta historia. Disfrutan los actores haciéndola y disfruta el público. Y de paso Reza se ríe de la hipocresía de esas parejas que uno encontraría en una mani por la paz y la solidaridad o defendiendo la Educación para la Ciudadanía para sus hijos, pero en las que si rascas un poco, les sale la vena más intolerante y reaccionaria. Un tema eterno planea en toda la obra, cómo los humanos se aplican en moderar las pasiones y los sentimientos para convivir pacíficamente. Estupendas las actrices y estupendos ellos, con unos diálogos de gran naturalidad gracias a la maestría con la que la autora administra los silencios, pero también, claro, a la sabiduría de una directora como Tamzin Townsend, afincanda ya afortunadamente en Madrid.

Teatro bueno o teatro malo
Townsend es la figura que más ha destacado en la dirección de escena de los últimas años en Madrid (ha dirigido grandes éxitos como El método Gronholm, Carnaval, o la más reciente En la cama). Practica una dirección humilde y generosa, al servicio del texto y del actor, lo que es muy de agradecer en unos tiempos en los que el director se cree el "dios" del escenario. En mi opinión, su labor es también un signo de la cada vez más difusa frontera que separa el teatro público del privado, si atendemos a la calidad, las propuestas textuales y los circuitos de exhibición. Esta temporada hemos visto obras en ciertos teatros públicos que, en otras ciudades, han sido exhibidas en teatros privados. Por ejemplo, la deliciosa comedia de Javier Daulte Nunca estuviste tan adorable, con una extraordinaria Anabel Alonso, estrenada en el Centro Dramático Nacional (CDN) y luego representada en la Villarroel de Barcelona, o La tortuga de Darwin, producida y dirigida por Ernesto Caballero, estrenada en La Abadía y exhibida en el Romea de Barcelona. La tendencia viene a confirmar que las clasificaciones del teatro según el origen del dinero que lo paga son falsarias, o sea, que el teatro es bueno o es malo.

Seguirá habiendo títulos privativos del teatro público, como Ante la jubilación que el CDN produjo a comienzos de año con dirección de la valenciana Carme Portaceli y que ha sido la segunda obra más votada por El Cultural. Un texto de Thomas Bernhard, con los actores Walter Vidarte, Gloria Muñoz y una sorprendente Teresa Lozano, para una historia de tres hermanos que ante la jubilación se proponen celebrar el cumpleaños de uno de los mayores asesinos de la historia, Himmler. Macabra historia, tratada con el ácido humor de Bernhard y su nihilismo desaforado.

El único Valle Inclán
La selección de El Cultural incluye también el único Valle Inclán del año: Los cuernos de Don Friolera. Valle es tan grande que, en estos tiempos de correción política, sólo a él se le permite decir las cosas que dice. Si un autor contemporáneo hubiera escrito esta pieza, posiblemente hubiera sido reprimido por las autoridades que vigilan la "violencia de género". Angel Facio, director de este montaje que produjo el Teatro Español, calificó este esperpento integrado en Martes de carnaval de "sainete violento imaginado al calor de un litro de Valdepeñas". Y así lo concibió al llevarlo a escena con un amplio elenco de 17 actores con Rafael Nuñez, Teté Delgado y Nancho Novo y una escenografía de cartonpiedra. La mejor aportación de Facio fue su preludio, en el que aparecía el mismo Valle en un palco del teatro explicando su teoría teatral y estética.

El descubrimiento
No ha habido muchos descubrimientos este año, pero la Abadía proporcionó uno de ellos: Teatro Delusio. Actuaron en este teatro solo diez días y sin apenas publicidad, pero el boca a boca fue tan eficaz que mantuvo lleno el aforo. Se trata de la compañía Familie Flüz, una formación nacida en Essen, pero afincada en Berlín, e integrada por artistas de varios países (su director Michael Vogel, y los actores y manipuladores Paco González, Bjürn Leese y Hajo Schöler). Apenas tres actores para dar vida a un sinfín de personajes: los que pueblan un teatro de ópera, desde los maquinistas, conserjes y tramoyistas a las estrellas rutilantes o el productor sin escrúpulos. La obra recuerda a Por delante y por detrás, pero su concepción es distitinta. Era increíble comprobar cómo las máscaras sostenidas en los cuerpos de los actores adquieren la expresividad que requiere cada personaje. Una obra de elevada carga poética que permanece en la memoria.

Y precisamente de hacer memoria trataba uno de los espectáculos más caros del año, Puerta del Sol, un encargo que recibió Pérez de la Fuente de la Comunidad de Madrid y la Fundación Dos de Mayo, Nación y Libertad, para celebrar el Bicentenario de 1808 y que costó cerca de 700.000 euros. Una treintena de actores capitaneados por Carlos álvarez-Novoa, envueltos en una gran tramoya que recreaba de forma espectacular los enfrentamientos del pueblo madrileño con los franceses, llevaron a escena los respectivos Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, con adaptación de López Mozo.

Grandes producciones como ésta se han visto pocas en el 2008. Mario Gas ha repuesto en el Español el musical de Sonheim Sweeney Todd, con muy buena acogida de público. Contrasta con la suerte que tuvo esta obra cuando la hizo hace diez años, y eso que la producción es exactamente la misma, con un elenco similar con Joan Crosas y Vicky Peña. Y gran producción fue también Rey Lear, dirigida por Gerardo Vera y que devolvió a los escenarios españoles a Alfredo Alcón. Ha habido también reposiciones como La taberna fantástica, de Sastre, que 23 años después Gerardo Malla ha vuelto a dirigir. Su puesta en escena ha suscitado el debatir sobre la frescura de la obra y si exigirá en un futuro operaciones de adaptación.

Lo que mejor ha caracterizado el 2008 es la presencia del teatro de texto, tanto en compañías privadas como públicas, de autores nacionales o extranjeros. Señalar, sin duda, a Galcerán y su entrega en castellano del thriller Carnaval. O Antonio álamo y su pequeño musical Cantando bajo las balas. O Sonata de amor, de Bergman, con una extraordinaria Nuria Gallardo. Sin embargo, no han sido los textos lo más brillante de estas producciones, sino su factura técnica e interpretativa. Juan Mayorga ha estrenado La paz perpetua y La tortuga de Darwin, salvadas en ambos casos por excelentes intérpretes o directores; y de un débil texto de Juan Cavestany, Urtain, Animalario hizo un gran espectáculo.

Teatro catalán

Este año en Barcelona se han visto espectáculos de interés (Rock and Roll de Stoppard) y también aportaciones de jóvenes autores, (Germanes, de Carol López, La ruina, de Jordi Casanovas). Pero lo más destacado es Il ritorno d'Ulisse, por la Handspring Puppet Company, programado en el Festival Temporada Alta de Gerona, con música de Monteverdi. Un espectáculo multimedia con espléndidos músicos, fantásticos cantantes, bellísimas proyecciones visuales que dejan a los títeres el protagonismo. Si hablamos de producciones catalanas, Mirall Trencat, dirigido por Ricard Salvat. Un homenaje Rodoreda en el centenario de su nacimiento.

MARIA JOSé RAGUé-ARIAS