Emma Vallejo y Mari López (delante) protagonizan Grito, boda y sangre. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Emma Vallejo y Mari López (delante) protagonizan Grito, boda y sangre. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Teatro

'Grito, boda y sangre': García Lorca desde los márgenes y en lengua de signos

La actriz sorda Ángela Ibáñez Castaño debuta en la dirección con este montaje, una versión muy visual de la obra del poeta que se estrena en el Teatro María Guerrero de Madrid.

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Cuenta Ángela Ibáñez Castaño (Madrid, 1987) que Grito, boda y sangre nace como un chillido colectivo desde los márgenes. “Es el grito de una juventud que crece sin referentes, de los deseos silenciados y de esa muerte simbólica que se produce cuando soñar parece imposible”.

En su caso, como persona sorda, durante mucho tiempo sintió que el teatro no era una posibilidad real para ella. “No había referentes en los que mirarme, y ese silencio también forma parte del grito que atraviesa la pieza”, explica la intérprete de obras igualmente reivindicativas como Cáscaras vacías o Helen Keller, ¿una mujer maravilla?.

La apuesta no es pequeña. La actriz debuta en el María Guerrero como directora escénica con una innovadora versión de la obra de Lorca. La historia de dos adolescentes sordas –interpretadas por Mari López y Emma Vallejo– que se quedan solas en un aula mientras el resto de sus compañeros acude a una función no accesible.

Ambas comienzan entonces a improvisar con textos del poeta. “En Bodas de sangre –explica Ibáñez– los personajes de la Novia y la Madre comparten un destino terrible. Cuando intentan alcanzar sus aspiraciones personales, se encuentran abocadas a un desenlace trágico”. Esa imposibilidad de escapar del destino, continúa, es uno de los ejes que dialoga con las limitaciones de sus protagonistas.

Esta pieza recoge el eterno conflicto entre instinto y sociedad que tanto inquietaba a Lorca y lo resignifica desde el presente, poniendo el foco en los sueños imposibles, en la muerte simbólica de la juventud y en todo aquello que se calla por miedo o por falta de opciones”. A partir de ahí, la obra lanza una pregunta esencial: “¿Podemos romper con la indefensión aprendida?”.

"No es lo mismo traducir que crear. No es lo mismo adaptar una obra que imaginar desde otro lugar". Ángela Ibáñez Castaño

Basada en Bodas de sangre, la propuesta que lidera Ibáñez está escrita por Iker Azkoitia a partir de poemas y fragmentos de otros títulos de Lorca.

“Le propuse a Iker incorporar más parlamentos y referencias a otras obras, con el objetivo de acercar su universo al público sordo. Históricamente, este público no ha tenido la oportunidad de acceder en su propia lengua a algunas de las obras más importantes de la literatura española, y para mí era fundamental abrir ese acceso”.

Una escena de 'Grito, boda y sangre'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Una escena de 'Grito, boda y sangre'. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Grito, boda y sangre se representa en lengua de signos y oral, además de otras formas de expresión como la danza signada o el servicio de autodescripción para ciegos. “Nuestra intención no es simplemente ‘adaptar’ la obra, sino crearla desde la cultura sorda y su propia lengua. No es lo mismo traducir que crear; no es lo mismo adaptar que imaginar desde otro lugar”.

Recursos como el propio cuerpo, el teatro de manos, títeres o máscaras dan forma a esta producción del CDN que podrá verse hasta el 1 de marzo.

“Esta lengua, al ser predominantemente corporal, puede transformarse en danza y esto permite un mayor grado de acceso a diversos públicos, incluido el oyente”, dice la directora, cuya experiencia personal ha marcado su trabajo.

“He transformado el texto de Lorca en imágenes y metáforas que permiten que la obra se sienta y se entienda con los ojos, antes que con las palabras”, dice. “Creo que hay que mirar con los ojos de niña y pedir la luna. Y, sobre todo, creer que podemos cogerla con las manos”.