Portada de 'Ride Lonesome'.
Los discos del mes: del refugio acústico de Beck a la pesadilla sonora de Gilla Band
El músico estadounidense abraza la calidez del folk mientras la banda irlandesa firma un disco demoledor y magnético.
Este septiembre destacaron también los álbumes de This Is Lorelei, Julia Jacklin y las españolas Aiko el Grupo.
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Ride Lonesome
Beck
Radicalmente opuesto a lo que venía haciendo, el cantautor estadounidense publica Ride Lonesome. Su decimoquinto álbum se aleja del futurismo electrónico de sus últimos discos, Hyperspace (2019) y Colors (2017), para regresar a la Americana y al folk.
A Bek David Campbell le sienta mejor el acústico que los sintetizadores, lo demostró con discos como Sea Change (2002) y Morning Phase (2014), y lo vuelve a hacer ahora, su primer álbum con material nuevo en siete años.
Con un toque wéstern (no solo por su título, guiño a la película de Budd Boetticher) como tenía Mellow Gold (1994), pero mucho más cálido y acogedor. Buen disco para dar la bienvenida al otoño.
The gem
Julia Jacklin
Se dice mucho que un artista está infravalorado y pocas veces es cierto. No es el caso de Julia Jacklin, que publica su cuarto álbum. Otra prueba más del talento musical que ha parido Australia (ahí están Tame Impala y Parcels).
La cantautora australiana no da volantazos con The gem, un disco de indie folk que sigue la senda de sus anteriores álbumes: Don't Let the Kids Win (2016), Crushing (2019) —el mejor— y Pre Pleasure (2022).
No esperamos de ella un pelotazo, aunque posea tan buena sensibilidad (y voz) para contar su vida como la tienen Phoebe Bridgers u Olivia Dean. Canciones como Get Away From Me (I Think I'll Love You Soon) podrían colarse perfectamente en las radios como lo hizo Rein Me In, colaboración entre Dean y Sam Fender. Aunque quizá no haga falta.
The Singer In My Band
This is Lorelei
Mientras continúa sacando álbumes con su grupo Water From Your Eyes (junto a Rachel Brown), Nate Amos sigue dispuesto a labrarse una gran reputación por su cuenta bajo el seudónimo This Is Lorelei.
Si ya demostró su talento con Box for Buddy, Box for Star (2024), lo vuelve a ratificar ahora con The Singer in My Band, su nuevo álbum. Con este proyecto en solitario, el músico estadounidense se desvía del noise indie para rendirse al bluegrass y al country, con un toque dylanesco de melancolía luminosa —los títulos de las canciones bien podrían aparecer en la discografía de Bob Dylan—guiado por el banjo y la guitarra.
El amor por estos sonidos le viene de familia: su padre es el reconocido cantautor Bob Amos, una pasión que también contagió a su hermana Sarah Amos, quien colabora haciendo coros en este nuevo disco. Un álbum disfrutable y hogareño que presentará en España en marzo, con conciertos en Madrid, Barcelona y San Sebastián.
Señales brutales
Aiko el Grupo
Las chicas de Aiko el Grupo presentan su tercer disco, Señales brutales: un trabajo corto pero muy disfrutable, con un marcado sonido indie y esas letras costumbristas, desenfadadas y casi de coña que son su gran insignia.
Es un registro muy distinto al que nos tiene acostumbrados Teresa Iñesta en Repion —donde se encarga de la batería y los coros—, pasando aquí al frente como cantante y guitarrista.
Destacan especialmente sus voces corales, que recuerdan a bandas como Las Petunias o Pipiolas, grupos que han sabido salir ilesos de una escena pospandémica hoy algo estancada. Un álbum tierno y punk, perfecto tanto para superar un desamor como para poguear en sus conciertos.
Pugnello
Gilla Band
Viene avalado por la crítica anglosajona como uno de los discos del año y ellos, como "el grupo más influyente de Irlanda desde My Bloody Valentine". El cuarto disco de Gilla Band no es un trabajo accesible: no entra fácilmente por los oídos, aunque quizá sí lo haga por los ojos.
Su sonido es demoledor —un noise punk hibridado con techno industrial— y a la vez sinestésico, con una textura que incita más a tocar que a escuchar. Las letras van acorde al caos sonoro: ráfagas electrónicas sobre las que la voz distorsionada de Dara Kiely retrata la ansiedad, la esquizofrenia y la sátira cotidiana.
Es un disco de pesadilla, laberíntico, algo así como lo que sonaría dentro de una blackroom infinita, pero increíblemente magnético. Puede que no apetezca escucharlo dos veces seguidas, pero deja unas ganas enormes de verlo en directo.