Josep Vicent

Josep Vicent Daniel Hidalgo

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Josep Vicent, director de orquesta: "La música no necesita pedir permiso para emocionar"

Titular de la orquesta ADDA Simfònica Alicante, acaba de cerrar una intensa temporada de conciertos y grabaciones.

Va a actuar en el Festival Berlioz (Francia) y el de Ljubljana (Eslovenia).

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¿Qué libro está leyendo?

El tiro de gracia, de Marguerite Yourcenar, y Tokio Blues, de Haruki Murakami. Me recuerdan que la música y la vida solo existen en el presente.

¿Cuál es el libro que más le ha autoayudado?

El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin, de Alessandro Baricco. Una reflexión brillante sobre música y modernidad.

Si no hubiera podido ser director de orquesta, ¿qué hubiera querido ser?

Arquitecto o paisajista. Me emociona crear espacios donde las personas sientan algo profundo. Dirigir una orquesta es, en el fondo, construir un espacio emocional compartido.

Este verano irá con ADDA al Festival Berlioz y al de Ljubljana. ¿Qué significan estas dos visitas para la orquesta?

Reconocimientos al trabajo serio y apasionado de nuestra orquesta. Me enorgullece llevar el nombre de nuestra tierra a escenarios tan emblemáticos.

Y de cara al próximo curso, ¿qué proyectos tiene?

Grandes partituras de Wagner y Strauss, estrenos de Fazil Say, Albert Guinovart o Tan Dun, y producciones escénicas con Berlioz y Prokofiev.

Un curso que la orquesta desarrollará bajo estas tres palabras: “Naturaleza, vida y amor”. Sugestivo tridente…

Tres ideas presentes en toda la gran música. Quiero que el público sienta la naturaleza, la vida y el amor en todas sus formas.

Su repertorio de grabaciones es muy amplio, va de la clásica al jazz o al flamenco sin remilgos. ¿Qué aporta esa variedad?

Dejo entrar influencias de distintos mundos. La música no necesita pedir permiso para emocionar. Mi objetivo es respetar la esencia sin dejar de cuestionar fronteras.

¿Cree que esta amplitud de miras también es buena estrategia para traer a la clásica aficionados de otros géneros musicales?

Sin duda. Muchos llegan por propuestas más abiertas y se quedan por la profundidad de la experiencia sinfónica.

Un acontecimiento histórico que le habría gustado vivir in situ. ¿Por qué?

El estreno de la Novena de Beethoven en Viena en 1824. Debió ser una experiencia irrepetible.

Un disco/canción que se ponga en bucle estos días.

Las sinfonías de Mahler. Vuelvo a ellas sin parar, comparando versiones de Abbado, Haitink, Bernstein o Bertini.

¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido?

Ozark. La tensión constante del protagonista me atrapó.

¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría ni un minuto?

En A Single Man, de Tom Ford. No soporto las películas de terror psicológico.

¿Ha experimentado alguna vez síndrome de Stendhal?

En la tarima, haciendo música sublime, he sentido auténtico éxtasis: falta de aire, taquicardia y pérdida momentánea de conciencia.

No se muerda la lengua, díganos algo que ya no soporte del mundillo cultural.

La mediocridad elitista disfrazada de sabiduría.

Una obra sobrevalorada.

Prefiero no señalar. Hay demasiadas obras maestras infravaloradas que merecen más atención.

Un placer cultural culpable.

Escuchar música africana a todo volumen. Últimamente Tarará, de Jorge Drexler, que me hace bailar por dentro.

¿Cuál es la última exposición a la que ha ido?

Turner en Londres y Miró en el Reina Sofía. Ambos me fascinan por su capacidad de crear universos propios.

¿La inteligencia artificial matará la creación artística?

No. El arte nace del riesgo, del error y de la experiencia humana. Será una herramienta más.

España es un país…

Por descubrir, con una riqueza cultural inmensa y una extraordinaria capacidad para emocionar.