Roy Orbison en 1965. Foto: Wikimedia Commons.

Roy Orbison en 1965. Foto: Wikimedia Commons.

Música

Roy Orbison, la voz rota de 'Pretty Woman': una vida marcada por la muerte de su familia y la gloria tardía

El cantante, admirado por Elvis y Springsteen, habría cumplido 90 años: una de las grandes voces de la música popular, cuyos hijos buscan reivindicar con un 'biopic' sobre su figura.

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Se dice mucho, pero la vida de Roy Orbison (Texas, 1936-1988) sí que daría para una película. En su última entrevista, dos días antes de morir, el cantante de Pretty Woman, que cumpliría este abril 90 años, habló de ese biopic que ya entonces le habían propuesto.

Él quería que Martin Sheen lo protagonizase, reconoce en dicha entrevista. Pasaron los años y el proyecto se truncó, pero esperaba poder continuarlo el próximo año, cuando terminase la gira de su nuevo álbum. Ese disco, Mystery Girl —que cuenta con la participación de Elvis Costello y Bono de U2 en la producción y composición—acabó siendo publicado tras la repentina muerte de Orbison. Es probable que Sheen, de 85 años, no esté ya en condiciones de interpretar a una de las grandes voces de la música popular, pero Orbison tendrá su película.

En 2016, sus hijos intentaron sacar adelante The Big O: Roy Orbison —que no llegó a ver la luz—, pero el año pasado anunciaron que estaban trabajando con los productores del biopic de Freddie Mercury, Bohemian Rhapsody (Compelling Pictures), para hacer un documental y una película sobre su padre, titulada provisionalmente como uno de sus grandes éxitos póstumos: You Got It. Habrá que esperar, pero que lleve el nombre de esa canción parece el reflejo perfecto de su figura.

La muerte de su primera mujer, Claudette, en un accidente de moto en 1966 y la posterior muerte de dos de sus tres hijos en un incendio en su casa de Tennessee en 1968 marcaron su historia: la de un hombre tranquilo, tímido, pegado a unas gafas oscuras, que aprendió a cantar gracias al country de Hank Williams que sonaba en la radio.

A Orbison podría definírsele como un artista bisagra, no cambió el rumbo de la historia de la música, pero su presencia resulta imprescindible para entenderla. Hacedor del nacimiento del rock and roll en los 50, fue de la generación que dio un nombre a Sun Records, junto a un chiquillo llamado Elvis Presley y otros como Johnny Cash y Jerry Lee Lewis, pero su voz operística lo alejó del rockabilly.

No tenía la chulería del Hombre de Negro, ni movía las caderas, pero en la década de finales de los 50 era el mejor cantante del mundo. Incluso Elvis estaba de acuerdo. Años más tarde, Bruce Springsteen también: "Nadie canta como Roy Orbison". El Boss, gran admirador del cantante, dijo en su momento que lo que más le impactó al verle por primera vez en el escenario fue su entereza, a pesar de la melancolía que arrastraban sus canciones ('Crying', 'Only the Lonely', 'In Dreams'), compuestas antes de las tragedias, pero que parecen escritas proféticamente desde el duelo que vendría después.

Estoico y reservado, el cantante texano nunca habló públicamente de la muerte de su mujer e hijos, pero encontró gran apoyo en Cash, ambos vecinos de Tennessee y mucho más que compañeros de profesión. Como le ocurrió al propio Cash y a la troupe nacida en Memphis, la invasión británica de los Beatles y la contracultura de los 70 los expulsaron de las listas de éxitos estadounidenses.

Orbison firmó un contrato millonario con MGM (1965), pero sus discos —versiones de Hank Williams (Hank Williams the Roy Orbison Way, 1970) y experimentos fallidos como Cry Softly Lonely One (1967)— no cuajaron; su pose de crooner se había quedado anticuada. Tuvo que conformarse, como Elvis en sus últimos años, con conciertos como vieja gloria en casinos de Las Vegas y Atlantic City.

Carl Perkins, Roy Orbison, Johnny Cash y Jerry Lee Lewis en una actuación de 'Class of '55'. Foto: Wikimedia Commons.

Carl Perkins, Roy Orbison, Johnny Cash y Jerry Lee Lewis en una actuación de 'Class of '55'. Foto: Wikimedia Commons.

En 1969 volvió a casarse con la alemana Barbara Wellhöptner, con la que tuvo dos hijos y en cuya historia de amor también se centrará el próximo biopic. Esta joven de 19 años menor que él se convirtió en su ancla emocional y en una manager implacable, imprescindible en el resurgir de su carrera.

Su delicada salud se agravó a finales de los 70 con un triple bypass coronario por obstrucción severa de arterias, úlceras duodenales crónicas desde 1960 y un tabaquismo empedernido que nunca abandonó, pero la década de los 80 le devolvió la gloria que había saboreado en sus comienzos y más.

Primero, con el disco Class of '55 (1986), una reunión legendaria de los pioneros de Sun Records, grabado con Cash, Lewis y Carl Perkins en los estudios originales de Memphis, que les trajo de vuelta a todas las televisiones nacionales.

Ese mismo año, David Lynch decidió incluir 'In Dreams' en su perturbadora Terciopelo azul, a pesar de la inicial oposición de Orbison, que temía que la inquietante (e imprescindible) escena con Dennis Hopper dañara su imagen. Finalmente, el cantante texano acabó abrazando el surrealismo y dejó que Lynch dirigiese también el videoclip oficial de la canción.

Aunque realmente fueron los Traveling Wilburys quienes le dieron una segunda vida. En 1988, Orbison aceptó la golosa invitación de George Harrison de formar parte de su supergrupo, junto a Jeff Lynne, Bob Dylan y Tom Petty, para grabar un disco que devolviese el esplendor al rock de los 60.

Un experimento que vendió tres millones de copias e impulsó la carrera de todos —el folk de Dylan también se había vuelto desfasado—, pero sobre todo la de Orbison, quien obtuvo todos sus seis Grammys de forma tardía.

Regresó a las listas de éxitos, pero no pudo saborearlo como es debido. Ni siquiera llegó a saber que su canción renacería gracias a la película de Julia Roberts y Richard Gere. En diciembre de 1988, murió de un infarto de miocardio a los 52 años. Se fue eso sí, por la puerta grande: dejando, si no el mejor álbum de su carrera, sí el más importante: Mystery Girl, la culminación de la tragicomedia que fue su vida.