Daniel Barenboim en el ensayo del Concierto de Año Nuevo de 2022 de la Orquesta Filarmónica de Viena.

Daniel Barenboim en el ensayo del Concierto de Año Nuevo de 2022 de la Orquesta Filarmónica de Viena. Dieter Nagl / WIENER PHILHARMONIKE / DPA - Only For Use In Spain

Música

Barenboim clausurará el Festival Escena Escorial: la histórica despedida de una batuta infatigable

A sus 83 años, el director argentino regresa a España junto a la orquesta West-Eastern Divan.

El concierto podría suponer el cierre definitivo de su carrera, complicada por el párkinson.

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No cabe duda de que la gran baza del primer Festival Internacional de artes escénicas bautizado como Escena Escorial que ha organizado y dirige Alondra de la Parra, titular de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, es el concierto de clausura, este sábado 19 de septiembre, encomendado a Daniel Barenboim y a la Orquesta que fundó en Weimar en 1999 y de la que es titular, la West-Eastern Divan, en la que se dan la mano palestinos, israelíes y árabes. Aventura en la que colaboró el intelectual palestino Edward Said. El conjunto tiene su sede en Sevilla desde 2002.

Tiempo ha pasado desde entonces y muchos han sido los avatares en los que el mundo se ha visto metido. E importantes las circunstancias que ha vivido, en lo artístico y personal, el músico argentino-israelí nacido en Buenos Aires en 1942.

Desde hace unos años se ve aquejado de una enfermedad neurológica emparentada con el Parkinson que ha hecho que su carrera haya sufrido no pocas irregularidades, tanto en su faceta de dotado pianista como en la de conspicuo y asentado director. Actividades en las que lleva lustros dando lecciones y en las que le hemos visto desenvolverse muchas veces en nuestro país.

Pese a las deficiencias físicas que muestra en estos momentos el artista y que le han hecho suspender no pocas actuaciones en los últimos tiempos, todavía puede en sus mejores días reverdecer gloriosas interpretaciones en las que la base sonora quedaba siempre bien expuesta.

El pulso del músico judío-argentino no solía vacilar, aunque en ocasiones no terminara de equilibrar con total claridad los distintos planos. Pero siempre conservando esa ardiente palpitación que define a una obra de principio a fin.

Está claro que a Barenboim, por espíritu y querencia, se le puede considerar inmerso en la acrisolada tradición germana y que sigue, por su cultura y manera de ver la música, una forma de hacer heredada de las antiguas y en algún caso pioneras batutas, a las que respeta y sigue desde sus propios presupuestos analíticos e interpretativos.

Ligado a la filosofía furtwangleriana, el director ha circulado por caminos de honda penetración, sondeando precipicios y ascendiendo a cumbres arriscadas, imbuido ya de un lenguaje y un modo de proceder respecto a los diversos parámetros que configuran las obras sinfónicas más acrisoladas.

A veces las elongaciones, los pianísimos, los portamentos, los contrastes nos han parecido que pertenecen a una órbita eternamente posromántica, que aun así su batuta sabe estructurar.

Posee un indudable ascendiente sobre sus músicos, que han aprendido a respirar, a veces un tanto entrecortadamente, con él, constituyendo una espléndida e indivisible unidad. Como intérprete pianístico siempre destacó por la clara digitación, el sonido, finamente trabajado, el sentido del matiz, el impulso controlado, el humanismo

El artista argentino-israelí ha visitado nuestro país en numerosas ocasiones, usualmente por conducto de Aijón-Ibermúsica, y siempre ha sido bien recibido y considerado.

Sobre todo en aquellas sesiones en las que, descansado y con tiempo, ha podido prodigar sus habilidades ante el teclado o, al frente entre otras de la Orquesta de la Deutsch Oper de Berlín, se ha recreado en el repertorio que más encaja en sus modos, de Mozart a Beethoven, de Schubert a Brahms, de Schumann a Bruckner.

Por supuesto ha visitado a lo largo de su carrera los más importantes podios del mundo, entre ellos, claro, el de la Filarmónica de Berlín. O los escenarios más relevantes. El del Festival de Bayreuth, sin ir más lejos.

En sus últimas actuaciones lo hemos visto bastante disminuido y ejerciendo una actividad física controlada, con la batuta dibujando anacrusas de manera pausada, con la mirada fija y la expresión contenida.

Una apariencia física un tanto esfíngica, laxa, cautelosa. Economía de medios que, de todos modos, con base a una personalidad fuera de norma, puede ser suficiente a veces para músicos avezados pese a su juventud.

En el programa tres partituras que el maestro ha dirigido mil veces: la Sinfonía Incompleta de Schubert, el Preludio y muerte de amor de Tristán e Isolda de Wagner y la Sinfonía nº 3 de Schumann, Renana (en principio estaba anunciada otra Tercera, la Heroica de Beethoven). En el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial.