De izquierda a derecha y de arriba abajo: Rosa García Ascot, María Rodrigo, Montserrat Campmany, María de Pablos  y María Teresa Prieto. Diseño: Rubén Vique

De izquierda a derecha y de arriba abajo: Rosa García Ascot, María Rodrigo, Montserrat Campmany, María de Pablos y María Teresa Prieto. Diseño: Rubén Vique

Música

Partituras en maletas de cartón: el Focus recupera el legado de las compositoras españolas exiliadas

Orquesta Nacional y Fundación Juan March se alían un año más en el festival madrileño, dedicado en esta edición a las músicas que, tras la Guerra Civil, se vieron forzadas a salir del país.

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Estamos ya ante una nueva edición del Festival Focus, esa didáctica y bien planteada iniciativa creada por la Orquesta y Coro Nacionales, organismos que dirige Félix Palomero. En este caso se orienta hacia el estudio de la personalidad y la obra de una serie de compositoras españolas en el exilio que vivieron gran parte de sus días en la América hispana.

Es necesario recuperar, resaltar, recordar a algunas de esas mujeres que se convirtieron en protagonistas de un fenómeno que hoy comprobamos y admitimos que fue histórico. La Guerra Civil y la posterior dictadura franquista agravaron esta situación, abocando a muchas de ellas a un doble destierro: el del exilio exterior (forzado, en la mayoría de los casos) y el de un exilio interior marcado por el silencio, la marginalidad y la represión.

En este sugestivo festival se plantea, de la mano de la comisaria encargada, la musicóloga Elena Torres Clemente, recuperar la voz y la memoria de las mujeres de esa España peregrina. Todo ello se podrá comprobar y analizar a través de los cinco conciertos programados, dos en la sala Sinfónica del Auditorio Nacional y tres en el ámbito de la Fundación March, asociada desde el comienzo a estas interesantes y esclarecedoras iniciativas.

Este viernes 13 de febrero se inaugurará la muestra con el concierto de la Orquesta Nacional al mando de Carlos Miguel Prieto, sobrino-nieto de María Teresa Prieto, una de las eximias exiliadas, de quien se tocará la Sinfonía cantabile de 1954, una obra de gran impacto orquestal.

Su estilo se ha dicho que es una suerte de mixtura entre la tradición española y el sinfonismo de México, su país de adopción. Lo comprobaremos en esta sesión donde se aloja también la muy breve Suite para orquesta de Rosita García Ascot, la única integrante mujer del Grupo de los Ocho (Ernesto y Rodolfo Halffter, Salvador Bacarisse, Gustavo Pittaluga...).

La obra programada, reconstruida hace poco, permite apreciar el refinamiento de su estilo. El concierto se completa con la potente Sinfonía india de Carlos Chávez, la vigorosa y cambiante suite Redes de Silvestre Revueltas, el contagioso Huapango de José Pablo Moncayo y Antrópolis de Gabriela Ortiz, discípula de Chávez, hábil en mezclar tradición y vanguardia.

La segunda cita sinfónica, el 13 de marzo, convoca a otras tres creadoras. La primera, la barcelonesa Montserrat Campmany, que vivió a caballo entre España y Argentina, país al que se exilió y en cuya vida musical se integró. Fue la primera mujer que ingresó en la Sociedad Nacional de Música.

"Cantos del exilio que, en la sala de cámara, evocan un pasado que, por fin, comienza a emerger del silencio" Miguel Ángel Marín

En el concierto del Focus podrá escucharse su Visión sinfónica de 1929, partitura en buena medida experimental que fue estrenada en Barcelona por Pau Casals.

Nos situamos a continuación ante la figura de la más conocida entre nosotros, María Rodrigo, que tiene el honroso título de haber sido la primera mujer en estrenar una ópera en nuestro país. Su obra quedó extrañamente silenciada durante décadas. Se recupera su suite sinfónica Rimas infantiles, en donde brilla un lenguaje culto y refinado, no exento de influencias alemanas (wagnerianas un poco a trasmano, podríamos decir).

María de Pablos cierra el triunvirato femenino de la sesión con su Ave verum de 1927, una página concisa provista de un aire melancólico, de un clasicismo muy atractivo y suave. Ella fue la primera mujer en obtener, en 1928, una plaza en la Academia de Bellas Artes de Roma.

Su trayectoria vital es bastante conocida: en la década de 1940 fue ingresada en un sanatorio psiquiátrico. Allí estuvo hasta su muerte en 1990, con 86 años. Este Ave verum cierra un concierto que alberga también la atractiva y excitante Suite de Estancia de Alberto Ginastera y Fandangos de Roberto Sierra, completando un programa de lo más atractivo que estará en los timbres del Coro y la Orquesta Nacionales dirigidos en esta oportunidad por Francisco Valero-Terribas, un joven maestro, en progresión ascendente, antiguo alumno de Bernard Haitink.

Como decíamos, el Auditorio de la Fundación Juan March acogerá tres de estas citas los miércoles 15, 22 y 29 de abril. El primer programa, a cargo de la pianista Noelia Rodiles aborda obras de músicos afincados en México, afines a los lenguajes neoclásicos, con el contrapunto de una sonata de Domenico Scarlatti.

La música y la palabra se entrelazan en el segundo concierto. En él figuran canciones de María Rodrigo interpretadas por la soprano Luciana Mancini y el pianista Aurelio Viribay, tan afín a las músicas de esa época. Nos sorprenderán las canciones de Elena Romero, Matilde Salvador, Emiliana de Zubeldía, Modesta Bor y María Grever.

El ciclo de la OCNE se cierra con un resumen de lo que podríamos denominar Geografías del exilio en relación con países como Argentina, Uruguay y México, y músicas de otras creadoras como Francisca Madriguera o Conchita Badía. "Cantos del exilio que, en la intimidad de la sala de cámara, evocan un pasado que, por fin, comienza a emerger del silencio", nos dice Miguel Ángel Marín, director de la programación musical de la fundación.