Nacho Vegas en la calle Ferraz de Madrid

Nacho Vegas en la calle Ferraz de Madrid Sara Fernández

Música

Nacho Vegas, nuevo disco para el amor y la lucha: "Hoy nos prohíben hasta la infelicidad"

El cantante asturiano lanza 'Vidas semipreciosas', donde esgrime de nuevo la música popular para reivindicar la ternura y el compromiso político en "este tiempo de lobos".

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Es casual pero no deja de tener su gracia que Nacho Vegas (Gijón, 1974) te cite en la calle Ferraz. En un bar a cuatro pasos de la sede del partido por el que siente un rechazo casi freudiano.

Su padre, el ángel Simón de una de sus canciones más emblemáticas, fue director general de Trabajo en el gobierno autonómico socialista que ejecutó la reconversión industrial en Asturias a finales de los 80. Aquello, aparte de originar un cisma familiar, dejó una profunda herida en su conciencia. Contra el PSOE, sigue hoy emitiendo reproches duros, como imputarle el auge de la extrema derecha.

Él, desde “la izquierda transformadora”, pide no dar pasos atrás en este “tiempo de lobos”. Así define nuestro presente en una de las canciones de su último disco, Vidas semipreciosas (Oso Polita), el noveno suyo de estudio (el primero como solista fue Actos inexplicables, lanzado en 2001, tras su etapa en Manta Rey).

Vegas vuelve a arrojarnos un vendaval poético con su característico realismo tierno y enrabietado a la vez. Amar y luchar. Básicamente, esa es su propuesta, expresada con una combinación de folk, rock y canción de autor que añade un nuevo puñado de temas a su asombroso (y asombrado) cancionero, digno ya de un gran premio literario.

Pregunta. Curioso vocablo ‘semipreciosas’…

Respuesta. Sí, porque para muy pocas apreciaciones subjetivas utilizamos el prefijo semi. No decimos, por ejemplo, que una persona nos parece semisimpática o semiguapa. Se utiliza en la joyería, aunque algunos componentes de la banda creían que me lo había inventado. Una amiga me decía que las piedras semipreciosas son las que se pueden permitir la mayoría, en contraste con las preciosas, que son para las pijas.

»El disco es una reivindicación de la semipreciosura, que remite a la mezcla, al mestizaje, como la de un cuarzo con una veta de malaquita, aventurina u obsidiana…Eso equivale a la diversidad del ser humano; de los cuerpos, de las razas, que no dejan de ser un constructo social. Por eso nos necesitamos tanto y somos tan interdependientes, y de ahí la importancia de la ética de los cuidados.

P. En Fíu [hijo en asturiano] le dedica a la 'semipreciosura' de su madre un bonito homenaje. ¿Sentía que le debía una canción?

R. Supongo que sí. No fue planificado, surgió, como todas mis canciones. Pero me di cuenta de que me hacía mucha ilusión. Refleja un poco los valores en los que me educó y la libertad que me dio para hacer lo que quisiera, aun al precio de llevarme unas cuantas hostias y causarle algunos disgustos. Ella no puso ninguna pega cuando decidí estudiar filología o dedicarme a la música.

P. Reconoce, no obstante, que a quien admiraba de niño y adolescente era a su padre.

R. Creo que es un patrón que se repetía bastante, cuando los roles en las familias estaban muy marcados. Mi padre me llevaba al fútbol y estaba con nosotros cuando se lo permitía el trabajo. En mi madre recaían casi todos los cuidados y todo ese trabajo que es 24/7. A ella la daba por hecha: era esa persona que estaba allí para prepararnos la comida. Era muy injusto, y muy duro para ella.

Nacho Vegas en Madrid, poco antes de la entrevista

Nacho Vegas en Madrid, poco antes de la entrevista Sara Fernández

P. Es difícil no ver Fíu como un díptico junto a El ángel Simón, la canción que escribió sobre su padre. Los elogios que hay en aquella se tornan reproches en esta. ¿Ha pensado en este contraste?

R. Lo he pensado, sí, pero la canción de mi padre es una expresión de duelo y confusión, causados por la primera muerte cercana que me golpeó, cuando tenía solo 19 años. La escribí unos cuatro después, cuando empecé a sentirme con fuerzas para hacerlo.

»Hay gente que me ha recriminado que hubiera tantos reproches, que no lo dejara bien, pero para mí es una canción de admiración, con un sentido de humor muy sutil pero necesario. Y también creo que mi relación con él, si se hubiera podido prolongar, habría derivado en algo más bonito.

"Mi madre me dio libertad para hacer lo que quisiera, aun al precio de llevarme unas cuantas hostias y darle algunos disgustos"

P. Habla de los valores que le inculcó su madre. Puede decirse que le amamantó en el izquierdismo.

R. Sí. Ella militaba en el PSOE ya en los 70, antes incluso de que dejara de ser marxista, y mi padre estaba en el PCE. Nos inculcaron unas ideas y nos explicaron sus razones, como la decisión de que fuéramos a colegios públicos en lugar de a privados, como hacían otros amigos nuestros.

P. ¿Qué debe hacer un izquierdista “en tiempo de lobos”?

R. Pues resistir, pero de manera activa. Y, desde luego, no caer en la neutralidad, que acaba siendo la opción más reaccionaria. No quiero criticar a mis compañeros de oficio que prefieren no meterse en jardines, pero a mí me resulta muy difícil no posicionarme y militar.

Nacho Vegas en un momento de la entrevista

Nacho Vegas en un momento de la entrevista Sara Fernández

P. ¿De estos lobos que afloran al leer la prensa cuáles le dan más miedo?

R. La normalización de que el fascismo entre en las instituciones, como si fuese una alternativa política legítima más, cuando se basa en un discurso de odio y exclusión. A eso le tengo más miedo que a los propios lobos.

P. ¿Y ese logro suyo se debe más a su inteligencia o a errores estratégicos de la izquierda?

R. El problema es que la izquierda socialdemócrata, más bien socioliberal, ha puesto su foco en este invento del neoliberalismo que es la clase media, y no en la clase trabajadora. Es ahí donde la extrema derecha ha encontrado un filón. La respuesta que les debe la izquierda se la dan ellos, y aunque sea obscena –los migrantes te quitan el trabajo– los de abajo se agarran a ella porque no tienen otra.

»La batalla cultural la han ganado, y es curioso porque en el 15M se hablaba mucho de Gramsci, de la hegemonía cultural, y parece que la derecha y la extrema derecha lo han sabido leer mejor. Como lo hizo Thatcher, que decía que la economía no era un fin sino un medio para llegar al corazón y el alma de las personas con el objetivo de fomentar un individualismo brutal.

P. ¿La derrota de la batalla cultural también se plasma en que para buena parte de la juventud ser rebelde sea unirse a la ultraderecha?

R. Resulta terrible que piensen que el inconformismo es eso. Aunque me recuerda un poco a cuando nosotros, en mi generación, nos hacíamos punkis para mostrar inconformismo. Inconformismo anticlerical, por ejemplo. Pero no lo hacíamos para reivindicar una ideología sino nuestra propia individualidad, no iba más allá. La derecha nunca ha tenido mucha calle y tradicionalmente ha despreciado la movilización colectiva. Eso es lo que tenemos que aprovechar.

»Tampoco tengo claro que esto de los jóvenes no sea un relato que nos quieran colar. Hay muchos que se están organizando para protestar por la situación de la vivienda y, en la movilización para parar La Vuelta por Gaza, había muchísima gente joven.

"La música me salvó cuando mi vida peligraba por la droga. Impidió que cayera en la depresión total"

P. Mencionaba lo del anticlericalismo del punk, subcultura que tuvo bastante tirón en España en los 80 y primeros 90. Hoy, en cambio, parece que está de moda la religiosidad, impulsada, por cierto, por figuras hegemónicas de la música.

R. Nuestro anticlericalismo iba contra la iglesia como institución, no contra la religión, que me parece muy respetable. Ahí está la teología de la liberación, que hablaba del capitalismo como el pecado estructural y tuvo tanta importancia en Latinoamérica.

»Supongo que se refiere a Rosalía y todo lo que se ha montado con Lux. No creo que Dios sea el protagonista del disco, lo ha utilizado más bien de una manera estética. Lo que sí me sorprendió fue lo de La Oreja de Van Gogh. Me dije: “Hostia, esto sí que puede ser una tendencia”. Pero no sé…

P. Su disco también ensalza la capacidad de asombro ante la vida. ¿Cómo la consigue mantener usted recién superados los cincuenta?

R. Es un trabajo diario no convertirte en un cadáver prematuro al envejecer. A mí la urgencia de escribir canciones me ha ayudado mucho a renovar esa capacidad constantemente. Me recuerdo escribiendo El ángel Simón en casa, siendo muy consciente de que era muy larga, sin estribillo, con una melodía apenas insinuada. No sabía si le iba a gustar a alguien. Solo sentía la urgencia de escribirla después de mi etapa en Manta Ray.

»Es como cuidar una relación afectiva: no basta con querer tú para que te quieran, hay que revisar cada día qué hacemos por la otra persona. No apoltronarse, en fin.

Nacho Vegas durante la entrevista en un bar de la madrileña calle Ferraz

Nacho Vegas durante la entrevista en un bar de la madrileña calle Ferraz Sara Fernández

P. Según algunos estudios, la curva de la felicidad empieza a elevarse en la cincuentena. Usted, que no ha tenido una relación muy fluida con ella, ¿ha notado algo? Se lo pregunto porque en Vidas semipreciosas, aparte de reflejar la aspereza del mundo, también se recrea en su parte luminosa y bella. “Todos estamos en las cloacas pero algunos miramos a las estrellas”, que decía Wilde…

R. Yo nunca he creído en la felicidad, aunque sí crea que hay que buscar esos momentos bonitos que nos hacen sentirnos vivos. Pero también los dolorosos. Hay que aceptar la alegría y el placer, así como el dolor y el desencanto, porque, como dice Santiago Alba Rico, hoy parece que nos prohíben hasta la infelicidad privada, al igual que nos prohíben la disidencia política. Por las mismas razones: porque revelan verdades del mundo. Así que en la infelicidad no hay que regodearse, eso es lo peor, pero, si es reveladora, hay que protegerla. Y, desde luego, hay que mirar a las estrellas.

"Es un trabajo diario no convertirte en un cadáver prematuro y perder la capacidad de asombro al envejecer"

P. Cantar y componer, aparte sostener sus asombros, le ha sacado de atolladeros anímicos chungos, como una timidez casi enfermiza en la adolescencia.

R. Y luego, en la vida adulta, también me ha salvado cuando peligraba mi vida por cuestiones como las drogas. Los compromisos musical y político han impedido que cayera a veces en la depresión total.

P. Una bestia hecha de salvaje ternura. ¿Hasta qué punto define esta descripción a Nacho Vegas?

R. Ah, no lo había pensado… Me refería a la canción [Mi pequeña bestia], pero las canciones, como las personas, están hechas de paradojas, como ser salvaje y tierno a la vez. Son dos elementos que nos hacen revivir.