El director francés François-Xavier Roth. Foto: Mark Allen

El director francés François-Xavier Roth. Foto: Mark Allen

Música

La Orquesta SWR y François-Xavier Roth iluminan La Filarmónica con Debussy, Mozart y Ravel

El maestro francés acomete un sugerente programa que pasará primero por el Palau de la Música Catalana y más tarde en el Auditorio Nacional.

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En la lustrosa temporada de La Filarmónica es el turno de la Orquesta SWR de Stuttgart, un magnífico conjunto que ya nos ha visitado muchas veces con distintas batutas. Lo hace en esta ocasión al mando de François-Xavier Roth, antiguo rector de la Orquesta Gürzenich de Colonia y fundador de la Joven Orquesta Europea Hector Berlioz.

Hay que decir que se trata de un maestro muy solvente, buen analista y amigo de los vigorosos contrastes. Riguroso antes que especialmente imaginativo. Lo recordamos dirigiendo su formación de Colonia.

En esta oportunidad nos plantea, este martes 20 de enero en el Palau de la Música Catalana de Barcelona y el miércoles 21 en el Auditorio Nacional de Madrid, un suculento programa constituido por dos obras francesas de carácter impresionista y una clásica.

Esta última es el Concierto para flauta n.º 1 en Sol mayor, K 313 (285c) de Mozart, una partitura diáfana, de un melodismo extraordinario, compuesta en 1777, lo mismo que el Concierto n.º 2 y un Andante, para el ricacho holandés De Jean, que luego, como muy modesto intérprete que era, no fue capaz de tocarla. En el tempo di menuetto final el compositor ensayó una de las formas que mejor habría de desarrollar con posterioridad: la sonata-rondó.

Antes de escuchar ese Concierto para flauta, en el que será solista el gran Emmanuel Pahud, otro habitual en nuestro país, Roth y sus huestes ofrecerán una obra clave, el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy.

Para el diáfano y extraordinario 'Concierto para flauta n.º1 de Mozart', Roth cuenta con el solista Emmanuel Pahud

Pese al distinto carácter no nos hallamos muy lejos de la inquietud de las disonancias del Preludio de Tristán e Isolda de Wagner. Es el mismo Debussy quien, defendiendo una total libertad a la hora de componer, sin contar con la polifonía ni con la subordinación a la melodía principal, definía, y esto es aplicable a muchas otras de sus obras: "Un acorde en la estructura del sonido es como un ladrillo en un edificio. Su verdadero valor dependerá del sitio que ocupe y del apoyo que preste a la curva flexible de la línea melódica".

La acción del poema se desarrolla al atardecer en las playas de Sicilia. Un fauno se ha cansado de correr tras las ninfas y se tumba al sol. La música representa el sueño de este fauno turbado por pensamientos amorosos. Tras satisfacer sus deseos cae postrado en un sueño profundo.

La sensualidad tímbrica y armónica, la sutileza cromática de la melodía, la suspensión del solista sobre móviles fondos armónicos son en verdad sorprendentes y pregonan una libertad absoluta frente a los esquemas constructivos del sinfonismo clásico.

La fiesta sonora se cierra con la Suite del ballet Daphnis et Chloé de Ravel, presentada en 1911 en París. "Una de las más bellas obras de la música francesa", según Stravinski. Ravel llegaba aquí a la cima de su arte orquestal definido, entre otras cosas, por la limpieza y transparencia de texturas, la nitidez tímbrica, la funcionalidad armónica, la sabiduría instrumental, la belleza de los temas, siempre caracterizados por el lirismo, la sólida delineación y el poder de comunicación.

Es espectacular la Danza general, dominada por el rompedor ritmo de 5/4 (curiosamente, el del zortziko es de 5/8), que es la base de una auténtica bacanal sonora, una apoteosis de la danza.