Ildiko Enyedi, en el rodaje de 'El amigo silencioso'. Foto: Kery Kovacs

Ildiko Enyedi, en el rodaje de 'El amigo silencioso'. Foto: Kery Kovacs

Cine

Ildikó Enyedi estrena 'El amigo silencioso': “He querido cambiar la percepción que tenemos de las plantas"

La directora húngara estrena la Espiga de Plata de la última Seminci, una película en la que un ginkgo milenario acompaña en sus vivencias a tres personajes en tres momentos de la historia distintos.

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Más allá del entorno universitario medieval de Marburgo, solo hay un elemento en común, omnipresente, entre los protagonistas de la última película de la cineasta húngara Ildikó Enyedi, El amigo silencioso. Al neurocientífico de Hong Kong confinado en una facultad durante la pandemia, al joven que experimenta con un geranio en los años setenta y a la estudiante en los albores del siglo XX que se sumerge en los misterios de la fotografía botánica los acompaña en sus vivencias y les procura sombra y serenidad un ginkgo milenario.

Salvando las distancias, todos ellos son alter ego de la realizadora, que a finales de los sesenta disfrutó de un permiso especial para cruzar el Telón de Acero y estudiar un par de años en la Universidad Paul Valéry de Montpellier. “Durante aquellos tiempos intensos y vibrantes, cuando tantas cosas fueron cuestionadas y reinventadas, en lugar del activismo político, elegí la curiosidad hacia otras formas de vida”, relataba la responsable de esta oda a la naturaleza en la pasada Seminci, donde fue reconocida con la Espiga de Plata.

Pregunta. ¿Cómo llevó a cabo el casting del jardín botánico de la película?

Respuesta. Fue una elección fácil, porque conozco este jardín desde hace más de 35 años. Está en una pequeña ciudad en el Estado alemán de Hessen, Marburgo. Mi marido fue estudiante allí en los años setenta y cuando nos conocimos, me llevó porque amaba profundamente sus años universitarios. Junto a Frankfurt, formó parte de ese movimiento posterior al mayo del 68 que fue extremadamente activo. Intentaban redefinir qué es enseñar y aprender, cuál es el sentido de la vida... Ya sabe, las preguntas de aquella década.

»Cuando visité la ciudad por primera vez, me pareció increíble que en el mismo centro, donde normalmente encuentras la plaza del mercado o el ayuntamiento, hubiera un jardín botánico de unos 500 años, rodeado de edificios universitarios de diferentes épocas. Las capas del tiempo son muy visibles allí.

P. De hecho, El amigo silencioso se estructura en tres líneas temporales distintas. ¿La elección de los periodos ha estado condicionada por la investigación botánica?

R. Efectivamente. Los tres protagonistas viven una profunda transformación a partir de su encuentro con el mundo de las plantas. Elegí esos momentos porque hubo un cambio en nuestra visión y en nuestra percepción de la naturaleza. En los años setenta se vivió la primera gran ola de experimentos con plantas: se realizaron intentos de comunicación con sensores básicos, como los que se usan en un detector de mentiras. Leí sobre esto siendo adolescente y la idea me ha acompañado toda la vida. Para mí es evidente que las plantas tienen un sentido complejo del yo, llámalo conciencia o no. Tienen sus mundos, se comunican, se ayudan. Hace 15 años era algo que se cuestionaba, pero para mí ha sido una obviedad desde mi juventud.

P. Los tres personajes son forasteros o permanecen al margen de la sociedad, como así sucede con el ginkgo que los acompaña, una especie solitaria, de difícil reproducción. ¿Fue la elección de esta especie intencionada para ligarla a los protagonistas humanos?

R. Los viajeros europeos encontraron los ginkgos en el siglo XVIII y los hallaron tan peculiares, tan extraños y hermosos que trajeron algunos ejemplares a Europa. Al principio eran muy valiosos. Se plantaban muy cerca de palacios y de casas nobles porque temían que la gente los robaría si estaban en los parques.

»Así que, de hecho, fue bastante difícil encontrar ginkgos que no estuvieran muy cerca de edificios. Por eso solo se pueden encontrar ginkgos muy, muy antiguos en unos pocos lugares de Japón y de China. Es una especie prácticamente indestructible, pero en Europa y en el resto del mundo no encuentras ginkgos de más de 300 años, porque no se conocían.

P. La película es deudora de pioneras de la botánica y la neurociencia como Suzanne Simard, Monica Gagliano, Alison Gopnik... ¿Qué hay de la estudiante universitaria de principios de siglo, existió en la vida real?

R. Es una ficción, pero está basada en las primeras mujeres que fueron a la universidad. El año 1908 aceptaron a la primera estudiante femenina en Alemania. Pero en esa época, aún no era posible que una chica tuviera el diploma de secundaria, así que era absurdo: podías ir a la facultad, pero no tenías el título previo que te permitía solicitar el acceso. Por eso muchas se marchaban a Suiza a graduarse.

P. ¿En qué medida se inspira su afición a la fotografía al trabajo desarrollado por Karl Blossfeldt en sus instantáneas de plantas en primer plano en su obra Urformen der Kunst?

R. La fotografía de Greta se inspira, efectivamente, en el trabajo que Blossfeldt desarrolló desde finales del siglo XIX hasta los años 30. Hacía retratos de plantas. Elegía las más simples, las llevaba a su estudio y las iluminaba como si fueran personas. Al ver esas fotos sientes que estás en otro planeta, y lo que tienes frente a ti es solo un apio o una cebolla.

P. El trabajo de fotografía de El amigo silencioso combina los 35 mm en blanco y negro con los 16 mm y el digital en color. ¿Qué les llevó a usted y al director de fotografía Gergely Pálos a decidirse por esa alternancia de formatos?

R. Queríamos subrayar las diferentes épocas y sus diferentes ritmos. El mayor trabajo fue ocultar el estilo para que la película no pareciera rígida o pretenciosa. Tampoco queríamos que el resultado fuera anamórfico, sino algo simple y transparente. Para lograrlo hicimos muchas pruebas de cámaras y de lentes. Finalmente usamos las mismas lentes para los tres episodios.

»Desde producción intentaron convencernos de hacerlo todo en digital, pero el 35 mm en blanco y negro reacciona de forma única a la luz. Y el 16 mm fue un gran redescubrimiento: da una sensación impresionista, con contornos menos nítidos, que refuerza la idea de que el mundo se construye de dentro hacia fuera. El 16 era necesario para reproducir los años setenta, porque fue una generación que experimentaba con los sentidos (lo psicodélico, caminar descalzo, los olores, las feromonas), y este formato permite manchas de color fuertes en lugar de estructuras nítidas. El digital terminó entrando en la ecuación, pero lo tratamos como otra forma de expresión, no como la opción por defecto.

Tony Leung y el gyngko milenario, en 'El amigo imaginario'

Tony Leung y el gyngko milenario, en 'El amigo imaginario'

P. El diseño de sonido ha sido muy delicado, la película permite escuchar las raíces del árbol, cómo crecen sus ramas... ¿Cómo trabajó ese equilibrio entre el sonido documental y la creación de una voz orgánica para el ginkgo?

R. Una parte del trabajo de sonido fue grabar atmósferas reales, pero la otra fue inventar sonidos para sobrepasar nuestros límites de percepción. En el cine no puedes oler ni tocar, así que tuvimos que encontrar un equilibrio delicado con sonidos imaginarios.

»Por ejemplo, al principio, cuando la semilla se abre, quería que los ruidos fueran como bajo un microscopio: aumentados, un poco desagradables, pegajosos, como los de un ser alienígena. Ese sentimiento de inquietud era importante. Al final, cuando repetimos la secuencia, ya no escuchas esos sonidos, sino música. Al principio es como llegar a otro planeta. El objetivo era cambiar la percepción cotidiana que tenemos de las plantas y mirarlas con ojos frescos.