Alana S. Portero y Fernando González Molina. Foto: Cristina Villarino

Alana S. Portero y Fernando González Molina. Foto: Cristina Villarino

Cine

Alana S. Portero y González Molina reescriben 'Mi querida señorita': "Hay que contar la intersexualidad con claridad"

La escritora de 'La mala costumbre', que ejerce de guionista, y el director de 'Palmeras en la nieve' buscan arrojar luz sobre las sombras de la película original, un clásico del cine español protagonizada por José Luis López Vázquez.

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El director Fernando González Molina (Pamplona, 1975) y la escritora y ahora guionista Alana S. Portero (Madrid, 1978) reciben a El Cultural en un hotel del centro de Madrid, en donde han citado a la prensa para hablar de Mi querida señorita, el remake de la película homónima de Jaime de Armiñán que, en 1972, todavía durante el franquismo, fue pionera a la hora de tratar el tema de la intersexualidad. La película, protagonizada por José Luis López Vázquez, fue un éxito en su momento, llegando a cosechar una nominación al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

González Molina, que ha estrenado películas como Tres metros sobre el cielo (2010) o Palmeras en la nieve (2015), y Portero, autora de la celebrada novela La mala costumbre (Seix Barral, 2023), derrochan complicidad y sintonía durante la rápida sesión de fotos que nos brindan, algo que después se mantiene durante la conversación. En ella, nos dan los detalles de un filme que cuenta con la debutante Elisabeth Martínez como protagonista y un reparto en el que encontramos a actores tan reconocidos como Anna Castillo, Paco León y Nagore Aramburu.

Pregunta. ¿Qué relación mantenían con la película original de Armiñán y qué les gustaba de ella?

Fernando González Molina (F. G. M.). Yo la había visto en la escuela de cine y recordaba vagamente la impresión que me produjo, la de ser una película totalmente a contracorriente, muy valiente y singular. Cuando Los Javis me hicieron la propuesta de adaptar la película con Alana, la revisé y me di cuenta de que no entendía bien la vivencia de este personaje intersexual y me surgieron millones de preguntas al respecto. Y ahí fue donde encontramos nuestro camino, que consistía en arrojar luz sobre las sombras de la película original.

Alana S. Portero (A. S. P.). Es una obra que sigue siendo estupenda y que funcionaba maravillosamente en su contexto. Lo que pasa es que a mí no me parecía bien adoptar ese lenguaje de la sugestión que maneja Armiñán para abordar ahora la historia de una persona del colectivo LGTBIQ+. Llega un momento en el que las historias de gente que ha estado infrarrepresentada hay que contarlas con claridad. El guion original es superférreo, pero sobre todo era un suelo maravilloso sobre el que nos podíamos desplazar para iluminar esas zonas oscuras de las que habla Fernando.

P. ¿Cómo llegó el proyecto a sus manos? ¿Fue iniciativa de los Javis?

F. G. M. Sí. En concreto fue Ambrossi quien me trasladó su intención de actualizar clásicos del cine español. Posteriormente, me llamaron y me dieron dos sugerentes titulares. El primero, que querían regresar a Mi querida señorita para hablar sobre la realidad intersexual. El segundo, que habían pensado en Alana para escribir la película. Yo estaba enamorado de su novela, La mala costumbre, y solo imaginar el bucear con ella en esta historia era muy motivador.

A. S. P. Mi camino fue muy parecido. También fue Ambrossi quien se puso en contacto conmigo y me invitó a las oficinas de su productora, Suma Content. Me explicaron el proyecto, me dijeron que Fernando iba a dirigirlo y no hizo falta nada más. También me dio algo de miedo y de vértigo, porque es mi primer guion de cine y no era fácil lidiar con un auténtico clásico del cine español, pero me sentí muy respaldada desde el principio por el entusiasmo de toda la gente que estaba involucrada en el proyecto.

P. ¿Qué les interesaba resignificar en esta historia?

A. S. P. Quería contar bien la experiencia de la protagonista y para ello recabamos testimonios de personas intersexuales, que nos han ayudado mucho. Uno muy importante fue el de Mer Gómez, que es escritora, activista y divulgadora de la condición intersex. Y después quería que en este proceso de descubrimiento personal no fuera la soledad la dinámica rectora. Las personas que somos y que llegamos a ser tienen mucho que ver con quien nos acompaña, con las ciudades en las que vivimos, con las personas que nos aman y nos odian… Muy pocas veces un camino de búsqueda personal se realiza en solitario, como ocurre en la original.

F. G. M. También queríamos alejarnos del discurso binario de la película original. La solución para el problema de Adela era convertirse en Juan, y ese viaje desde la mujer al hombre es un viaje bastante poco realista en términos intersexuales. Nosotros jugamos con esa dualidad en parte de la película, pero no es el final de la misma.

P. ¿Hasta qué punto su puesta en escena está influida por la estética de la película original y qué querían romper o subvertir?

F. G. M.Hay un diálogo visual con elementos de la original, como los espejos, pero aquí los reflejos están rotos, multiplicados o eliminados. En cualquier caso, nuestra película está más conectada con la original en la primera parte, en la ciudad de provincias, que en la segunda parte en Madrid, donde viaja a lugares totalmente distintos. Eso sí, hay guiños constantes, sobre todo de puesta en escena, como esa presentación del personaje en Madrid, en donde le seguimos de espaldas. Pero hemos intentado encontrar un estilo visual propio para nuestra versión.

Fernando González Molina y Alana S. Portero

Fernando González Molina y Alana S. Portero

P. ¿Cómo fue el diálogo creativo entre dirección y guion? ¿Qué aspectos han discutido más?

A. S. P. El proceso ha sido muy intenso y muy difícil, pero la colaboración ha sido muy fácil. De aquí sale una pareja artística [Risas]. Yo llegaba nueva a la escritura de un guion, y es una tarea complicada. Creo que nunca voy a volver a criticar el guion de una película que vea. En cualquier caso, Fernando, de alguna manera, me ha enseñado, ha sido mi maestro, como diría Malú. Me decía muy claramente por qué sí a una cosa y por qué no a otra, y que teníamos que limar.

F. G. M. Alana era un torrente creativo. En un momento dado me dijo que tenía el principio de la película y me mandó nada menos que 90 páginas. Ha sido muy generosa porque, aunque el guion es 100 % suyo, me dejó hueco para que yo estuviera presente. Llevamos la acción a Pamplona y yo le contaba muchas cosas de mis vivencias, de mis traumas o de mis amigos, que acabaron en la película. Era mágico cuando llegaba el material y podía ver parte de mi vida fabulada en una película totalmente escrita por ella.

A. S. P.Para mí la autoría es absolutamente compartida, en realidad. Y es algo muy bonito porque nos sirvió también para conocernos y ver qué le pasó a Fernando cuando llegó a Madrid o cómo fue mi vida en esos años.

P. Asumir un papel que hizo célebre una leyenda como López Vázquez no es tarea fácil. ¿Fue complicado encontrar a esta nueva Adela?

F. G. M. Sí, fue muy complicado. La primera decisión que tomamos, por activismo guerrillero también, es que no podía ser un actor masculino quien diera vida al personaje principal, sino que había que elegir a una actriz intersexual que compartiera los conflictos de Adela y que ayudara a visibilizar esta realidad. Y fue difícil porque no hay una guía en la que aparezcan un montón de actrices intersexuales, aunque probablemente haya muchas y no sabemos que lo son. Así que fue un trabajo de pico y pala con asociaciones. Al principio, nos contaban sus historias, y había muchos elementos en común que también nos ayudaron mucho a construir nuestro relato.

»Finalmente, llegamos a una chica que nos habló de otra chica y así, paso a paso, llegamos a Elisabeth, una informática que nunca había actuado y que nos parecía perfecta. La probamos con el resto de los intérpretes para ver cómo funcionaba todo el ecosistema actoral y nos convenció. Tuvimos que trabajar mucho con ella para enseñarle desde cómo es la marca a cómo se mira a la cámara o se guarda la emoción. Liz ha hecho un trabajo precioso que era muy complejo para ella porque tenía que enfrentarse a sus propios demonios. Y en ese enfrentarse a sus demonios, también hemos sufrido mucho juntos.

P. La película transcurre en la transición del siglo XX al XXI y con los ecos del caso Wanninkhof resonando en las televisiones. ¿Por qué ese momento y por qué ese crimen?

A. S. P. Porque en aquellos años Fernando y yo teníamos más o menos la edad que queríamos para la protagonista de la película y porque aquel Madrid de los años 99 y 2000 era muy especial. De hecho, el Orgullo del año 2000 fue el primero realmente multitudinario. El activismo LGTBI había cobrado importancia y se iba a acabar proyectando en legislaciones progresistas.

»Por otro lado, el cambio de siglo y de milenio nos parecía muy atractivo porque nos permitía también jugar con el binarismo en este viaje del género, de la sexualidad, de la identidad… Y el caso Wanninkhoff me parece que es un ejemplo perfecto de lo que significa juzgar a una persona por lo que tú crees que parece. En Dolores Vázquez se condensaron absolutamente todos los prejuicios de una sociedad asquerosa que de alguna manera murió ahí. Aunque a veces queda algún estertor.

Fernando González Molina y Alana S. Portero, Foto: Cristina Villarino

Fernando González Molina y Alana S. Portero, Foto: Cristina Villarino

P. ¿Creen que hay resonancias entre la represión franquista en la original y el momento actual en el que lanzáis vuestra película?

F. G. M. Pues paradójicamente sí.

A. S. P. Claro que sí. Y por eso teníamos que ser tan claros y huir del lenguaje de la sugestión. Por eso hemos escrito un guion didáctico, frontal y que lo pone todo de cara, porque es el momento de hacerlo. Ahora mismo la sugestión puede quedar muy bien, pero cuando estás tratando un tema como las corporalidades disidentes, o a las que han convertido en disidentes, hay que abordarlas de manera muy firme y muy directa. Y, por supuesto, tiene ecos con lo que está pasando ahora.

F. G. M. Más allá de la calidad cinematográfica de la película, hablamos mucho de su relevancia, de cuál era el sentido último de hacerla. Siempre tuvimos claro que había que decir las cosas con todas las letras y que esa era la manera de traer una película del año 72 a la actualidad. La vida es muy cabrona y, de repente, derechos que parecían que nos pertenecían o que eran inherentes, vuelven a ponerse en duda. Por tanto, Mi querida señorita es más necesaria que nunca.

A. S. P.La original fue una película muy valiente que nadie se explica cómo sorteó la censura y que se posicionaba de manera frontal contra el régimen. Nos tocaba hacer lo mismo ahora, pero con las herramientas que tenemos para ser decididamente activistas sin complejos: la claridad.