Miguel Rellán. Foto: Mónica Mollá

Miguel Rellán. Foto: Mónica Mollá

Cine

Miguel Rellán, 40 años en los Goya: "Los premios están para promocionar algo: el cine español o el chorizo local"

Fue el primer ganador del Goya al mejor actor de reparto. En esta edición está nominado en la misma categoría por su trabajo en 'El cautivo', de Amenábar.

Más información: Gonzalo Suárez, Goya de Honor 2026: un combate con su sombra

Publicada

Miguel Rellán (Tetuán, 1943) nos recibe en la cantina del mítico Ateneo de Madrid, de cuya Junta de Gobierno forma parte hace años. Está como en casa: bromea con camareros y socios, se muestra afable, como lo imaginábamos. Nos sorprende, por tanto, una confesión: "Tengo alergia al photocall y a la alfombra roja". Asegura, no obstante, que esta no es la causa por la que se ausentará de la ceremonia de los Goya este año, en la que está nominado como mejor actor de reparto (compite con Álvaro Cervantes, Tamar Novas, Juan Minujín y Kandido Uranga).

La última vez que acudió a la fiesta del cine español fue en 2008, cuando le entregó a Alfredo Landa el Goya de Honor. El abrazo de los actores, al que se sumó José Sacristán, forma parte de la historia de los premios. Rellán, que ha trabajado a las órdenes de los grandes directores de nuestro país, había logrado su cabezón mucho antes, en 1987.

Cuarenta años después, es el único intérprete vivo de los premiados en esa primera ceremonia: junto a él, Fernando Fernán Gómez, Amparo Rivelles y Verónica Forqué. "No había caído", dice visiblemente sorprendido. "Qué cosas, como no soy consciente de la edad que tengo…".

Pregunta. ¿Cómo recuerda esa gala?

Respuesta. Los impulsores eran Berlanga, José María González-Sinde, Fiorella Faltoyano… Y yo estaba echando una mano, organizando las parejas que daban los premios. Aquella gala sentó muy mal a los medios de comunicación. Hubo una crítica feroz: que el cine español se quería parecer a los Oscar, que dónde iba Sacristán creyéndose Jack Nicholson o que si Emma Penella era Elizabeth Taylor, pero en gorda... Unas cosas feísimas.

P. Qué horror…

R. Sí, sí. En las primeras ediciones no se sabía si aquello tendría continuidad. Se consolida al comprobar que el hecho de dar un Goya a una película se notaba en la taquilla. Y el dinero, querido… [risas].

"La primera gala de los Goya sentó muy mal a los medios de comunicación. Criticaban que el cine español se quería parecer a los Oscar"

P. ¿Y, particularmente, cómo lo vivió?

R. Pues los otros finalistas en mi categoría eran Antonio Banderas y Agustín González, y Antonio y yo felicitamos antes a Agustín. Lo teníamos más claro que el caldo de un asilo. Piénsalo: ¿hoy quién se hubiera llevado el premio? Banderas, sin duda, pero antes no era tan famoso.

P. ¿O sea que la popularidad determina el reconocimiento?

R. Naturalmente. ¿Por qué, si no, siempre están nominadas las estrellas? Almodóvar, Penélope Cruz, Javier Bardem… ¿Es que no hay trabajos estupendos de gente desconocida? Además, cada uno vota a los de sus películas.

"El éxito, además del esfuerzo, depende de que alguien te haya empujado. Si no es por los demás, yo seguiría tocando la guitarra en el Metro"

P. En su discurso del 87 contó que el papel de Alberto en Tata mía (José Luis Borau, 1986), el que le valió el Goya, no era para usted. Los amigos fueron los que le propusieron: Manuel Gutiérrez Aragón, Landa y Carmen Maura, entre otros.

R. Es que el éxito, independientemente del esfuerzo, depende de que alguien te haya empujado. Si no es por los demás, yo seguiría tocando la guitarra en el Metro. Ahora me llama Amenábar diciendo que me admira mucho y tal, pero en mis primeros trabajos yo veía que en las críticas, que me ponían muy bien, me citaban como Manuel Rollán, José Manuel Rullán… Así, ¿cómo me iban a llamar? Y luego los cabrones clavaban "Arnold Schwarzenegger", con todas las letras [risas].

P. ¿Ahora cómo escoge las propuestas?

R. En el teatro, lo miro con mucho cuidado porque es como echarse una novia para dos años. Compartes muchas horas de ensayo, escenario, aviones, trenes, hoteles… En cine y televisión no se elige; en todo caso, se rechaza. Yo soy un cínico y tengo un respetuoso desprecio por ese trabajo, porque es muy fácil, así que hago solamente lo que me pagan bien.

"Soy un cínico y tengo un respetuoso desprecio por el cine, porque es muy fácil, así que hago solamente lo que me pagan bien"

P. Pero su personaje en El cautivo sí le ha interesado, como buen cervantino que es. Antonio de Sosa es un clérigo culto que alimenta intelectualmente al autor del Quijote.

R. Hombre, ahí había que matar. Además, fue un papel que trabajé mucho con Amenábar. Pero el resto de películas, no, no… Las películas alimenticias, como yo las llamo, que son la inmensa mayoría. Es que no sé ni para qué las hacen.

P. ¿Cómo ha seguido la evolución del cine español en estos años? Últimamente, hemos salido a hombros de los grandes festivales internacionales.

R. Lo que se ha reconocido no es tanto por la calidad del cine, sino por las posibilidades de expansión que tiene debido a las nuevas tecnologías. Antes la salida era mucha más complicada. Supongo que se hace mejor cine ahora, pero tengo la impresión de que está todo dicho. En la Odisea de Homero ya estaba, en realidad, y Shakespeare lo remató.

Miguel Rellán. Foto: Mónica Mollá

Miguel Rellán. Foto: Mónica Mollá

P. Pero lo que importa es la forma de contarlo, ¿no?

R. Pero es que hasta eso es muy complicado. Yo he visto muchísimo cine y ahora, cuando empiezo una película, me doy cuenta de que lo que me cuentan ya lo he visto. Hace tiempo que es difícil que me sorprenda algo. Pero me pasa también con la música o con la pintura. Como la gente no tiene memoria, vuelven a repetir las cosas y como el público tampoco exige… Hace poco estuve dando una charla en una academia de actores y, por supuesto, nadie sabía quién era yo, pero tampoco sabían quién era Paul Newman. Eran 49.

P. ¿Qué me dice?

R. Eso es muy frecuente, querido.

P. ¿Y la crítica cómo la ve?

R. Pero si ya casi no hay críticos…

P. ¿Cómo que no?

R. Que cualquiera haga una crítica no significa que haya críticos. Hay montañas de críticas de cine, pero ¿qué resonancia tienen? Antes había críticos de referencia como Haro Tecglen o Ángel Fernández Santos... No se me ocurren ahora muchos más nombres que el de Boyero y el de Oti Rodríguez Marchante.

P. Aitana Sánchez-Gijón, Goya de Honor el año pasado, lamentaba en El Cultural que la vejez fuera un obstáculo para las actrices. ¿Con los hombres qué ocurre?

R. Pues lo mismo. Ahora tenemos que hacer de abuelos. Pero el responsable siempre es el consumidor. Si acuden al cine o ven una serie por las chicas que están buenas o por los tíos cachas, el productor no quiere otra cosa, aunque no sean actores. Es verdad que antes las mujeres, cuando entraban en la madurez, lo tenían más difícil, mientras que nosotros nos convertíamos en maduritos interesantes.

"Ser muy joven y ser buen actor es casi una contradicción, porque no te ha pasado nada todavía"

P. Por cierto, durante estos cuarenta años desde aquel Goya se habrá tenido que despedir de muchos compañeros…

R. Sí, pero tampoco echo la vista atrás demasiado. Hay crónicas de una muerte anunciada, alguien que está enfermo y lo ves venir, y luego hay casos sobrecogedores como el de Verónica [Forqué].

»Pero, mira, yo doy talleres a algunos insensatos que quieren ser actores y siempre les digo que nosotros trabajamos, aparte de con nuestro cuerpo, nuestra voz y nuestras emociones, con la experiencia. No hace falta ser un asesino para matar a alguien, pero si sabes lo que es estar enamorado, mucho mejor. Por eso ser muy joven y ser buen actor es casi una contradicción, porque no te ha pasado nada todavía…

P. Una cosa más: ¿dónde guarda su cabezón de 1987?

R. En el trastero, ahí tengo los premios que son muy grandes. Te diré que ninguno venía con un cheque [risas]. Pero, en serio, ¿cómo se mide qué actor está mejor? Todos los premios están para promocionar algo: el pobre cine español o el chorizo de la zona.