'EPiC: Elvis Presley in Concert', de Baz Luhrman

'EPiC: Elvis Presley in Concert', de Baz Luhrman

Cine

'EPiC: Elvis Presley in Concert': Baz Luhrman rinde un glorioso homenaje al indiscutible rey del rock

Tras dedicarle un fastuoso biopic, Luhrman rescata grabaciones inéditas de los conciertos en Las Vegas de Elvis Presley para hacer un retrato artístico y humano del ídolo.

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Es difícil caer en la exageración con Elvis Presley porque Elvis es Dios, y punto. Sin duda, además, uno de los artistas más importantes del siglo XX. Su propio nombre nos genera un cosquilleo en la nuca y las ganas de bailar.

Elvis, el cantante y compositor estadounidense, rey del rock, el hombre que revolucionó no solo la música, las costumbres e incluso la forma de relacionarnos con nuestro cuerpo era, sencillamente, un genio.

Salvando las distancias, no es que Baz Luhrman sea malo, pero a Elvis está claro que no llega. El universo del director de Moulin Rouge (2001) o El gran Gatsby (2013) siempre ha estado cerca del imaginario purpurina del ídolo de Memphis. Una estética deliberadamente kitsch en la que el espectáculo busca apabullar, dejarnos deslumbrados y donde el brillo, brilla.

Elvis de muchas maneras se inventó la propia figura de la estrella del rock, convirtiéndose en un personaje rutilante con sus célebres trajes de solapas imposibles y lentejuelas.

Luhrman está obsesionado con Elvis y ya le dedicó un fastuoso biopic en 2022 titulado simplemente Elvis, en el que Austin Butler daba vida al revolucionario cantante. EPiC surge cuando el director australiano se enteró de que existía un tesoro de material fílmico inédito y sin utilizar, rodado por MGM para la película de concierto de 1970 Elvis: That’s the Way It Is y su continuación de 1972, Elvis on Tour.

Por lo visto, el material visual estaba escondido en una mina de sal donde los estudios guardan el material antiguo, mal etiquetado y desordenado, mientras el audio hubo que buscarlo en otra parte. Una tarea de arqueología además carísima que Luhrman emprendió con la visión del cineasta, pero también del historiador. Da escalofríos pensar que material de un valor tan importante estuviera en semejante estado.

Elvis habla

El biopic de Elvis de Luhrman y este documental se complementan para ofrecer una visión única y necesaria sobre su figura.
Elvis era una buena película en la que se ponía el acento en su relación con su mánager, el "coronel" Tom Parker, al que interpretaba Tom Hanks.

Fue aquella una relación diabólica en la que Parker llegó a gestionar cada detalle de la vida del astro, al que quería preservar a toda costa de que se "contaminara" por los aires hippies y politizados que soplaban a finales de los 60 con mayo del 68 y Woodstock. Parker odiaba de manera encendida la idea de que su protegido se convirtiera en "comunista".

Parker también evitó deliberadamente que Presley, a pesar de que se moría de ganas, tocara nunca fuera de Estados Unidos porque él mismo, como inmigrante ilegal, no podía salir del país sin correr el riesgo de no poder volver. Y de "coronel" no tenía nada. En el documental, Parker, rechoncho, con cara de malas pulgas y vendedor de "crecepelo", como se decía antes, sale poco.

Si entonces Luhrman quiso acercarse al ídolo desde la ficción y en función de sus relaciones personales y profesionales, en EPiC: Elvis Presley in Concert es el propio astro quien toma todo el protagonismo. Además de ese material inédito, el cineasta encontró otro tesoro: Presley había accedido a una entrevista solo de audio con los cineastas de Elvis on Tour, en la que habla con una honestidad poco habitual para una estrella.

Utilizando ese material de archivo, pero también otras imágenes que Luhrman ha rastreado con la devoción debida, el documental retrata su vertiginoso ascenso a la fama, su condición de rebelde con causa que le granjeó furibundos ataques, sus dos años como soldado del ejército americano en Alemania a finales de los 50, sus películas adolescentes en Hollywood… y se detiene mucho rato en esas actuaciones en Las Vegas en los años 70, cuando, sometido a las leoninas condiciones de Parker, Elvis llegó a actuar hasta tres veces en un día.

El episodio más doloroso es la muerte de su madre mientras servía en el ejército, inducida por el alcoholismo. Una muerte que el astro siempre gestionó muy mal y que tuvo que ver, además de la explotación laboral desmedida, con su declive físico en los últimos años antes de morir a los 42 años.

Amado pero también odiado

La película mezcla actuaciones de Presley, en las que canta prácticamente todas sus canciones más icónicas, con esas declaraciones "sinceras" del propio artista, siguiendo un orden cronológico en un documental bastante clásico.

Sobre todo en los primeros tiempos del cantante, en esos años 50 del siglo XX americanos teñidos por el furibundo anticomunismo y una ola reaccionaria, Luhrman pone el acento en la condición de Elvis como artista "antisistema", reproduciendo discursos que hoy suenan antediluvianos sobre "esa cosa que hace con el cuerpo" el rock and roll. Esa cosa, qué cosa tan maravillosa.

Ya lo vimos en el biopic, pero aquí queda más claro: Elvis Presley, además de cantar, bailar y componer maravillosamente, era buen tipo. Elvis lleva como puede los ataques, que algo le pesan (los haters no nacieron con las redes sociales), se niega en redondo a cambiar, sin aspavientos, con pura convicción personal, y se lamenta de que sus películas de Hollywood no sean demasiado buenas.

Y, sobre todo, vemos a Elvis, que además era guapísimo, reírse de sí mismo y de su propio personaje con una retranca y ligereza que nos recuerda, una vez más, su grandeza. Eso sí, confiesa que no sabría vivir sin la adoración de los fans y que, si la perdiera, sería un trauma.

Canciones como Can’t Help Falling in Love, Always on My Mind, In the Ghetto, Suspicious Minds…, que son verdaderas obras maestras, se suceden una detrás de la otra, con ese Elvis más otoñal, más épico, más emocionante.

EPiC dura 96 minutos. Se hacen cortísimos. Esta es una de esas pocas películas que uno desearía que no se acabara nunca.