Image: La fantasía de Chapero Jackson, el esplendor de Kaurismaki, el tostón de Trueba y el noir americano

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Cine

La fantasía de Chapero Jackson, el esplendor de Kaurismaki, el tostón de Trueba y el noir americano

El también cortometrajista madrileño sorprende con Verbo, una película insólita en el panorama español que puede emocionar a jóvenes y adultos

Juan Sardá
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El realizador Eduardo Chapero-Jackson posa junto a Miguel Angel Silvestre y Alba García tras la proyección de Verbo.

Conocido por sus celebrados cortometrajes, sobre todo Alumbramiento, ganador de todos los premios habidos y por haber, hace mucho tiempo que el primer largometraje de Eduardo Chapero Jackson es uno de los más esperados. La película se llama Verbo y una complicada posproducción (en el cine español los efectos especiales no son precisamente el fuerte) ha ido retrasando un filme que hoy, finalmente, ha visto la luz en San Sebastián. Quienes esperen el tono realista y sombrío de ese corto se quedarán perplejos porque Verbo es una película insólita no sólo dentro de la trayectoria de Chapero, también incluso del cine español. El director madrileño sorprende con un filme que aborda el asunto del suicidio entre adolescentes desde una perspectiva mágica y metafórica, a ritmo de hip hop y utilizando un diseño de producción basado en la fantasía y la imaginación. Cuenta la película la depresión de caballo de una chica de quince años harta de su vida gris y rutinaria que acaba encontrando en la poesía y la fábula una tabla de salvación. Es un título con serias aspiraciones comerciales que puede enganchar al público joven, rehén de Hollywood, y emocionar a los adultos.

Cubrir un festival de cine depara momentos francamente insólitos como asistir a un más que improbable encuentro sexual entre José Sacristán y María Valverde en Madrid, 1987. David Trueba llevaba cinco años sin rodar ficción (los que han pasado desde Bienvenido a casa) y se desmarca con una película cuando menos chocante y tirando a tostón. Sacristán interpreta a un escritor envejecido que es un trasunto de tantos escritores de su generación que conocemos, ese modelo aburridísimo de hombre de letras adicto al whisky, el tabaco y machista hasta la extenuación (dice mil veces la palabra follar y parece que todas las mujeres sólo sirvan para eso, ejemplos en la vida real sigue habiendo unos cuantos). Valverde es una estudiante de periodismo con ínfulas literarias que desata, lógicamente, su líbido. A partir de aquí, a la sordidez de un romance antiestético se une el tener que asistir al poco gratificante espectáculo de ver a Sacristán en pelotas durante hora y media porque se quedan encerrados en un lavabo. Su personaje, sentencioso y supuestamente irónico, acaba resultando plomizo. Siento simpatía por Trueba y me gustan muchas cosas que ha hecho, pero queda claro que éste no es el caso.

Y los policías corruptos y borrachos de No habrá paz para los malvados han regresado a la Sección Oficial de la mano de Rampart, película basada en una novela de ese autor tan brutal y genuinamente oscuro como el angelino James Ellroy. La película toma prestado su título de una comisaria de Los Angeles que tiene el espantosos "honor" de acumular miles de denuncias por abuso policial. Woody Harrelson, que está impecable, ejemplifica lo peor no sólo de un agente, también de un ser humano y su descenso a los infiernos, aderezado por elementos de drama familiar y mucha violencia, es sencillamente brutal. Robin Wright y Sigourney Weaver acompañan a Harrelson en un filme que pretende ser demoledor y polémico y en el fondo es mucho más convencional y normalito de lo que pretende. Teniente corrupto, o la propia película de Urbizu, ya contaron lo mismo y bastante mejor. Para colmo, no ha venido nadie a defender la película, ni el director, Owen Moverman, ni nadie del reparto. Ya es casualidad que literalmente ni uno haya podido encontrar un hueco.

De Cannes llegaba Le Havre, la nueva película de Aki Kaurismaki. Siento devoción por el director finlandés y ésta es una de sus mejores películas. Cuenta en este filme rodado en francés una historia sobre la bondad y la solidaridad, volvemos a ver a esos personajes suyos que son perdedores natos pero poseen un corazón de oro. La fábula del lustrador de zapatos capaz de cualquier cosa con tal de salvar a un niño negro sin papeles es una apología de los buenos sentimientos que llega al corazón y permanece en él. Rodada maravillosamente, de una forma cien por cien fiel al universo del cineasta, conmueve, inspira, emociona y casi que uno siente que sale del cine siendo mejor persona. Una pena que Kaurismaki haya aparecido en San Sebastián para hacer una mini rueda de prensa y no dar ni una sola entrevista tras la proyección. Grande entre los grandes, sin duda es la visita más prestigiosa de estos días.

Finalmente señalar que se ha proyectado la película argentina Los Marziano, de Ana Katz. No la he visto, pero teniendo en cuenta que nadie me ha hablado bien de ella, mucho me temo que no lo haré nunca.