Cine

Canciones de amor y desamor

Llega al cine la adaptación de Tokio Blues

Gonzalo De Pedro
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Fotograma de Tokio Blues.

Tran Anh Hung, director de la exitosa El olor de la papaya verde, estrena hoy en España su visión de la célebre novela de Haruki Murakami, quien supervisó el guión y aportó nuevos diálogos al filme.

Un hombre escucha Norwegian Wood, la vieja canción de The Beatles y ve cómo se despiertan los recuerdos en su interior, cómo sangran de nuevo las heridas bajo las cicatrices. Un hombre escucha una de las primeras letras de desamor que escribieron Lennon y McCartney y revive aquella dolorosa historia de amor a tres bandas que protagonizó cuando era un joven estudiante en la universidad de Tokio, a finales de los sesenta; "veinte años no es nada", como cantó Carlos Gardel.

Mientras las revueltas políticas sacudían las aulas, Watanabe llega a la universidad huyendo del suicidio de Kizuki, su mejor amigo, que deja a Naoko, su novia desde la infancia, con la huella sangrante de su desaparición. Un año después, Watanabe y Naoko se reencontrarán en Tokio, y con el fantasma del amigo y novio entre ellos, iniciarán una historia de amor en la que terminará cruzándose Mioko, una joven salvaje y sexual.

Pausa (solo de guitarra): a estas alturas de canción, más de un lector habrá reconocido la letra. Porque la película que aquí llega bajo el título de Tokio Blues, tras su controvertido paso por el Festival de Venecia, es Norwegian Wood, la adaptación, dirigida por Tran Anh Hung, ganador en 1992 de la Camera D'Or en el Festival de Cannes por El olor de la papaya verde, de la exitosa novela homónima de Haruki Murakami, que en España se publicó bajo el título de Tokio Blues (Tusquets). La adaptación de Tran Anh parece respetar la esencia de la novela de Murakami, quien, después de negarse a ceder los derechos de su obra, supervisó la escritura del guión y aportó diálogos que no aparecían en la novela original.

Un largo cuento de amor
Aunque publicada en España en 2005, Norwegian Wood (Tokio Blues) fue uno de los primeros libros escritos por Murakami, en 1987: un largo y realista cuento de amor en el que no aparecían todavía sus elementos fantásticos o metaliterarios, aunque sí los juegos y referencias con la cultura pop. Y aunque las letras sean las mismas, la canción parece otra interpretada por Tran Anh. La película sigue a la novela en su retrato detallado de una educación sentimental, recoge el dolor de los primeros amores, y recorre a ritmo de pop los años en que se forja el carácter, se sufren las primeras decepciones, sangran las primeras heridas, y llegan las primeras renuncias. Pero se distancia del realismo de Murakami en su afán por convertir cada plano en una imagen perdurable, en un verso de una canción de desamor. El retrato de esos años en que no solo se descubren las pasiones (amor, sexo, política), sino también sus decepciones, queda mitigado en la película por el lirismo de la nostalgia. Los años que, con la mirada cansada del adulto, nos gusta leer cómo el tiempo de la maduración, y que son sin embargo los años de las primeras pérdidas, son para Tran Anh la excusa para una película que bebe tanto del indie norteamericano como de los amores triangulares de las películas francesas (o incluso del Corazón loco de Machín) para rozar por momentos la indiferencia emocional.

Aunque la gran diferencia entre novela y película no es el tratamiento del dolor (necesario para crecer), sino en el papel que se otorga a la creación en el viaje de la adolescencia al tiempo adulto. Si en la novela son la lectura y la escritura las que ayudan al protagonista a cicatrizar las heridas, Tran Anh Hung se conforma con las imágenes de Watanabe leyendo en paisajes de postal.