Image: Lee mis labios

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Cine

Lee mis labios

Director: Jacques Audiard

1 julio, 2004 02:00

Vincent Cassel y Emmanuelle Devos en Lee mis labios

Intérpretes: Vincent Cassel, Emmanuelle Devos. Guionistas: Jacques Audiard, Tonino Benacquista. Estreno: 9 julio. 115 minutos

El punto de vista del relato articulado por Jacques Audiard en el interior de Lee mis labios pasa sucesivamente de Carla a Paul. Una oficinista medio muda y poco agraciada, capaz de leer los labios, que vive en solitario y callado autismo sus frustraciones de soltera treintañera, cede la batuta de la historia a un ex convicto recién salido de prisión, que trata de reinsertarse en el mundo laboral, pero que permanece atrapado todavía por el mundo del hampa. Es un curioso transfer narrativo, solventado sin apenas solución de continuidad, sobre el que se pliegan, una sobre otra, las dos partes que integran el film.

Confluyen en su interior dos seres que luchan contra el back-ground de sus biografías respectivas, condenados por razones diferentes a un aislamiento (social, laboral y emocional) contra el que se rebelan, hundidos ambos en un pozo profundo del que tratan de salir para abrirse paso frente a la discriminación interna en las grandes corporaciones de "limpios" negocios inmobiliarios (Carla) o frente a los traficantes mafiosos de sucios negocios (Paul). La primera reclama la ayuda delictiva del segundo para poder medrar en su empresa, mientras que el segundo exige a la primera una turbia colaboración para intentar liberarse de los delincuentes.

Podría pensarse que estamos ante un doble proceso de redención personal, pero el sentido real de la narración dista mucho de semejante enfoque moralista. Lo que se nos cuenta es más bien una simétrica historia de complejo y doloroso descubrimiento mutuo que exige una paralela bajada a los infiernos, pero no sólo del crimen y de la delincuencia, sino también de las frustraciones sexuales, de la soledad y de la incomunicación. Los dos protagonistas funcionan como sendos espejos invertidos el uno para el otro, de la misma manera que también lo son, en su desamparo y en sus carencias, las dos figuras secundarias que les acompañan: la amiga de Carla (en trance de ruptura con su pareja) y el empleado social encargado de vigilar la reinserción de Paul (abandonado por su mujer).

Todo es simétrico dentro de este curioso díptico que no lo parece, pero cuyo formato narrativo (con dos partes que se hacen eco entre sí) hereda el modelo constructivo propio de Wong Kar-wai (Chunking Express), de quien Jacques Audiard -hijo del gran dialoguista Michel Audiard y responsable en su día de la más impersonal Un héroe muy discreto, con la que ganó el Premio al mejor guión en Cannes’96- aprovecha también, al menos, otros dos inequívocas señas de identidad: el gusto por la planificación entrecortada, deudora de un montaje analítico que tiende a descomponer el movimiento para tratar de capturar el flujo del tiempo, y el recurso a la dislocación que trata de dar cuerpo visual a fugaces intuiciones mentales mediante el montaje cronológicamente adelantado de acciones que suceden después, empleado aquí cuando Carla está esperando que suene el teléfono en su oficina y se adelanta descolgar el auricular. El resultado es una rareza casi inclasificable, pero que encuentra en la debilidad y en el desamparo de sus protagonistas sus bazas más estimulantes.