Busto de Louis Pasteur delante de la facha principal del instituto que él mismo dirigió. Foto: Guilhem Vellut

Busto de Louis Pasteur delante de la facha principal del instituto que él mismo dirigió. Foto: Guilhem Vellut

Entre dos aguas

El Instituto Pasteur, la meca de la biología que sigue siendo pionera más de 100 años después

El laboratorio francés, fundado en 1888, es un ejemplo de cómo se debe promover el desarrollo científico desde las instituciones.

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La ciencia la hacen los individuos, pero las instituciones que acogen a grupos específicos de investigadores facilitan su desarrollo. Y no me refiero a puestos en las universidades, que fundamentalmente proporcionan un salario por enseñar, lo que limita la dedicación investigadora.

Obviamente es fácil encontrar en la historia de la ciencia ejemplos de personas que efectuaron contribuciones fundamentales sin estar apoyados por una institución.

Tal es el caso, por ejemplo, de Albert Einstein, quien en 1905, mientras era empleado de la Oficina de Patentes de Berna, culminó la teoría de la relatividad especial, publicando también ese año un artículo fundamental para la nueva física cuántica, en el que demostraba, recurriendo al movimiento browniano, que existen en la materia "unidades discretas", las moléculas. O, el de otros muchos renombrados científicos, como Galileo, Newton, Darwin, Cantor, Ramón y Cajal y Schrödinger.

Las "instituciones" a las que me refiero son centros, públicos o privados, que reúnen a científicos para que se dediquen a investigar, en colaboración, en un campo, o campos, determinados.

Ejemplos bien conocidos en la actualidad son los referentes a la física de altas energías (también conocida como "de partículas elementales"), con el paneuropeo CERN (Ginebra) a la cabeza, aunque existen varios más en este campo, como el estadounidense Fermilab (Batavia, Chicago).

Otro ejemplo es el de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, aunque ahora no pasen por su mejor momento debido a las ideas del presidente Trump y de su adlátere Robert F. Kennedy, director del Departamento de Salud (su última "genialidad" es recomendar a sus compatriotas que coman más carne).

También en España tenemos buenos ejemplos como el, ahora en una situación complicada, Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), refundación de la antigua Junta de Energía Nuclear; el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), y el muy pluridisciplinar Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Todas las instituciones que he citado han sido creadas por gobiernos que respondían de esta manera a lo que consideraban campos científicos, o tecnocientíficos, de especial interés.

La aportación a la vacunación moderna de Louis Pasteur conduciría finalmente a la creación del Instituto que lleva su nombre

Pero, como apuntaba antes, también existen otras cuyo origen es privado, una de ellas es la estadounidense Carnegie Institution, fundada en 1902 por el industrial del acero Andrew Carnegie (1835-1919), que promueve las ciencias de la vida, el medioambiente, terrestre y planetario, y la astronomía y astrofísica.

Interesante también es recordar el Salk Institute for Biological Studies (La Jolla, California), fundado en 1960 por Jonas Salk (1914-1995), el virólogo estadounidense que desarrolló una vacuna contra la poliomielitis, uno de los centros de referencia mundial en campos como el cáncer, bioquímica y biofísica, o inmunología.

A la, digamos, "familia" de este tipo de organizaciones pertenece el francés Instituto Pasteur. Como su nombre indica, su origen se encuentra en los descubrimientos de Louis Pasteur (1822-1895), al que con justicia se aplica el título de "benefactor de la humanidad". Gracias a su teoría del origen microbiano de algunas enfermedades, fue fundador de lo que terminó denominándose microbiología.

Además, su aportación a la vacunación moderna —que tuvo su manifestación más conocida cuando en 1885 le llevaron un niño de nueve años, Joseph Meister, que había sido mordido por un perro rabioso, y al que trató y curó— fue lo que conduciría finalmente a la creación del Instituto Pasteur.

La difusión del método de vacunación Pasteur fue tal que, en 1907, al menos 51 institutos, distribuidos por Europa, Asia, América y África, utilizaban ya vacunas contra la rabia. En Francia, se promovió muy pronto una suscripción pública para la construcción de un instituto que, dirigido por Pasteur, continuase los trabajos de búsqueda y desarrollo de nuevas vacunas.

Superados los dos millones de francos (100.000 donados por el príncipe zarista Alejandro III), en noviembre de 1888 se inauguró en París —con la presencia del presidente de la República, Marie François Sadi Carnot— la sede del "Institut Pasteur", en el que, por cierto, se encuentra la tumba del gran científico, ya que su familia quiso que sus restos reposasen allí y no en el Panteón, como les ofreció el gobierno francés.

El propio Pasteur contribuyó al bienestar futuro del centro, al establecer que los derechos por la venta en Francia de las vacunas descubiertas en el laboratorio fuesen para el Instituto. Pronto este se convirtió en uno de los centros de referencia mundial en la investigación biomédica.

Las técnicas médicas de Pasteur se extendieron pronto a otros países. El primer Instituto Pasteur fuera de Francia se creó en Saigón en 1889 y en 1893 se establecieron dos más, uno en Túnez y otro en Nha Trang (Vietnam), a los que siguieron muchos otros: Argel (1910), Atenas (1920), Teherán (1921), Dakar (1924) y Casablanca (1928). En la actualidad su red mundial la forman 32 centros en 27 países.

En su apasionante autobiografía, La estatura interior (Tusquets, 1989), François Jacob (1920-2013), Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1965, galardón que compartió con André Lwoff y Jacques Monod, investigadores del Instituto Pasteur como él, recordó la emoción que sintió cuando le ofrecieron una beca para entrar allí en octubre de 1949: "El Instituto Pasteur era la meca de la biología. La sede de incontables descubrimientos. El laboratorio de los investigadores de prestigio".

Por entonces, el Laboratorio, que continúa siendo una entidad privada, aunque, junto a aportaciones personales, lo apoye el Gobierno francés, se había diversificado cubriendo un amplio rango de especialidades biomédicas.

En la actualidad está formado por departamentos de Biología celular e infección, Biología estructural y química, Biología computacional, Desarrollo y biología de células madre, Genomas y genética, Inmunología, Microbiología, Micología, Neurociencia, Parásitos y vectores de insectos, Salud global y Virología.

Una lista de especialidades que muestra a una buena institución, que reúne a científicos de habilidades diferentes, pero complementarias, en busca de un fin común. En este caso, la salud.

Mirando al futuro, el Instituto ha establecido un Plan Estratégico 2030, que resume como sigue: "En vista de los muchos riesgos para la salud humana, tales como enfermedades infecciosas, resistencia a los antibióticos, envejecimiento, cambio climático, enfermedades inflamatorias crónicas, cánceres (que afectan cada vez más a las personas jóvenes) y enfermedades neurodegenerativas, el Instituto Pasteur pretende reforzar su papel como la organización mundial líder en comprender y combatir estas enfermedades hacia 2030".

Un buen resumen del mundo en el que vivimos y el que viene.