Juan Luis Arsuaga frente al escritorio de su despacho. Foto: Lola García Garrido

Juan Luis Arsuaga frente al escritorio de su despacho. Foto: Lola García Garrido

Ciencia

La evolución según Juan Luis Arsuaga: "La gente sigue siendo biológica; no quiere chips, sino glúteos perfectos"

El exdirector del yacimiento de Atapuerca publica 'La respuesta', un ensayo en el que ofrece su visión personal sobre el origen de la vida con un acertado equilibrio entre rigor científico y un tono desenfadado.

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Al entrar en el despacho del paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, uno no sabe si está en el lugar de trabajo del histórico codirector del yacimiento de Atapuerca, el del explorador británico David Livingstone o el de algún personaje de las novelas de aventuras de Julio Verne decidido a adentrarse en las entrañas de algún territorio desconocido.

Sobre el escritorio hay desplegado un mapa del litoral gaditano y, en el centro, un globo terráqueo que señala Arsuaga. "Me lo regalaron durante la comunión. Aquí empezó todo", recuerda. Alguna máscara tribal y una lanza oxidada adornan las estanterías, en las que también proliferan todo tipo de ediciones de El origen de las especies.

La temática científica es la predominante entre los libros del paleoantropólogo. Como nota discordante, un recopilatorio de cuentos de Hans Christian Andersen, único volumen de ficción. "¡El resto lo tengo en casa! También soy asiduo a ese tipo de literatura, pero normalmente conectada con los viajes. Más Jack London o Hemingway que Proust, pero a este último también lo disfruto, por supuesto".

Lo que motiva este encuentro es, precisamente, la publicación del último libro de Arsuaga, La respuesta (Crítica, 2026). En él, ofrece una panorámica sobre lo que, según la información de la que disponemos, cree que ha sucedido desde el origen de la vida hasta el presente. Se trata de una meritoria aproximación divulgativa en la que el paleoantropólogo se mueve cómodamente en un acertado equilibrio entre el rigor científico y un tono desenfadado y cercano.

Pregunta. Queda claro, viendo su despacho, que usted es un científico más de bota que de bata.

Respuesta. A mí me gusta el campo, la naturaleza, desde siempre. Aun así, de vez en cuando toca ponerse la bata. Es necesario. Sin ir más lejos, en Atapuerca tenemos un laboratorio de genética. Pero la naturaleza está ahí fuera. La vida está ahí fuera.

Cubierta de 'La respuesta' de Juan Luis Arsuaga

Cubierta de 'La respuesta' de Juan Luis Arsuaga

P. Comienza el libro presentándose como "el viejo de la tribu". ¿Qué función tiene un anciano dentro del clan?

R. La misma que la de los científicos: en ambos casos somos storytellers, contamos historias sobre nuestros orígenes y nuestra realidad. Por eso me gustan los narradores, porque la ciencia consiste en contar historias que, aunque son verdaderas, resultan increíbles.

»Por ejemplo, que te digan que el tiempo no existe o que los terremotos se producen por placas que se mueven en circuitos; es una historia verídica pero increíble. A la ciencia le costó encontrar estas explicaciones porque son contraintuitivas, y por eso requieren de mucha creatividad.

P. En su libro habla de hacer propuestas arriesgadas, incluso alocadas, porque esas suelen ser las acertadas. ¿Cómo se distingue al científico revolucionario del mero charlatán?

R. El charlatán suele decir cosas muy lógicas que ofrecen lo que el ser humano siempre ha querido: no morir, no trabajar... las cosas de siempre. Su éxito radica en que no ofrece nada nuevo. Lo que es una verdadera locura es decir que el Sol está fijo y que es la Tierra la que se mueve. Eso es a lo que me refiero, las ideas que encuentran mucha resistencia, incluso en el mundo científico, porque van en contra de la intuición de nuestros sentidos.

»Si tú dices que los continentes se mueven, eso va contra nuestra intuición. Lo mismo que el hecho de que no hay tiempo absoluto. Pero la gran ciencia es creativa, siempre encuentra alguna forma de sorprendernos.

P. Cuando habla de la génesis del libro, lo compara con uno de sus anteriores textos, Vida. La gran historia. Entonces plantea que en ese volumen repasa las principales teorías sobre nuestros orígenes y en este ofrece su opinión personal. Sin embargo, es inevitable, porque si no usted dejaría de ser científico para ser otra cosa, que se apoye en las teorías que usted considera ciertas. ¿Cuál es, pues, la diferencia?

R. En el anterior contaba muchas teorías de forma objetiva, exponiendo lo que piensan todos. Pero así es difícil construir un relato fluido. Este libro está escrito para contar lo que yo pienso; sigue una línea narrativa propia para que tenga continuidad, como una historia contada por el viejo de la tribu, sin perderse en líneas laterales.

Juan Luis Arsuaga con la lanza que adorna su despacho. Foto: Lola García Garrido

Juan Luis Arsuaga con la lanza que adorna su despacho. Foto: Lola García Garrido

P. ¿En cuál de los dos se ha sentido más cómodo?

R. Con el anterior me quedé sin neuronas porque era muy exhaustivo. Este tiene un tono más informal, muy deudor de mi experiencia en la radio con el programa El placer de admirar. En la radio eres un narrador y no puedes soltar bibliografía constantemente. Además, hice caso a Juan José Millás, que es un gran detractor de la bibliografía en los ensayos, y no puse notas al pie: si algo es importante va en el texto, y si no, se quita.

P. ¿Seguirá esta senda en el próximo?

R. No me gusta repetirme, así que me inventaré alguna otra historia. Un libro de viajes sería interesante porque he recorrido el planeta de arriba abajo. Conocí a grandes de la ciencia como Jane Goodall en Oviedo. Pero sería un libro para contar cosas útiles, porque he visto mucha destrucción. En Indonesia vi selvas de orangutanes convertidas en monocultivos de palma por nuestra culpa, porque compramos ese aceite. La historia de la naturaleza es, en parte, una historia de pérdidas y perdedores.

"Del futuro solo se puede asegurar que los humanos van a ser los mismos"

P. Conocer nuestro pasado de la forma que ha demostrado en este libro… ¿Nos dice algo del futuro del ser humano?

R. Sí, una cosa fundamental: vamos a seguir siendo humanos, con las mismas pasiones y con las mismas aspiraciones que hemos tenido siempre. Del futuro solo se puede asegurar que los humanos van a ser los mismos.

P. ¿Cree entonces que habrá un estancamiento evolutivo?

R. Sí, porque ahora el individuo humano ya no está tan sujeto a la selección natural como antes. Lo que podría ocurrir es la manipulación genética, a la cual me opongo radicalmente. No tengo un ideal de ser humano y quien lo tenga me parece un monstruo. La mejora genética en agronomía busca vacas que den más leche o tomates que estén más sabrosos, pero ¿cuál es el ideal humano?

P. En este sentido, ¿puede ser la IA un nuevo estadio evolutivo del Homo sapiens?

R. Podría ser, si así lo queremos. El otro día me enteré de que Stephen Hawking decía que si algún día nos visitan extraterrestres, serán probablemente máquinas. Yo no lo creo, pero bueno, todo es posible. De todas formas, yo creo que la IA a la gente no le importa, porque, en el fondo, sigue siendo igual que hace siglos: se sigue enamorando como Romeo y Julieta, es celosa como en Otelo y es ambiciosa como Macbeth. La gente sigue siendo muy biológica; no quiere chips, quiere abdominales y glúteos perfectos.

Juan Luis Arsuaga en su despacho. Foto: Lola García Garrido

Juan Luis Arsuaga en su despacho. Foto: Lola García Garrido

P. La filósofa Adela Cortina sostiene que para ser un verdadero ser consciente y racional, es indispensable tener un cuerpo físico. ¿Está de acuerdo?

R. Totalmente. Para tener un "yo" hay que pasar por muchas fases biológicas. La autoconciencia depende de la introcepción, de cómo te sientes físicamente. Un algoritmo no tiene subjetividad ni vivencias; no se siente de ninguna forma. Sin embargo, soy muy partidario de la IA por su utilidad científica para abordar sistemas complejos, como la secuenciación de genomas, que ahora se hace en horas gracias a estos algoritmos.

P. ¿Hay algún misterio de nuestros orígenes que no quiere quedarse sin conocer?

R. Me obsesiona entender por qué nos tenemos que morir; por qué la muerte viene "de dentro" cuando se asocia a la edad. Si cuidas a un ratón en una caja, acaba desarrollando vejez y muriendo igual que nosotros porque nuestros mecanismos de reparación están programados para durar un tiempo determinado. Evolutivamente no es del todo comprensible esa senescencia. Podemos teorizar con que la vejez son enfermedades que no están controladas por la selección natural, porque ocurren una vez que se ha superado la etapa reproductiva. Pero en la práctica no lo sabemos.