Una mujer abrazando a su perra, en una habitación de un hospital.

Una mujer abrazando a su perra, en una habitación de un hospital. istock

Ciencia

Manuel Manzano, veterinario: "Dar tomate a los perros es bastante más peligroso de lo que la gente piensa"

Vómitos, diarrea, apatía o debilidad pueden aparecer si el animal mordisquea la planta o alcanza varios frutos todavía inmaduros.

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Las claves

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El tomate rojo y maduro puede ser un premio ocasional seguro para perros sanos, siempre en pequeñas cantidades y sin partes verdes.

Las hojas, tallos y tomates verdes contienen alfa-tomatina, un compuesto tóxico para los perros que puede provocar síntomas graves si se ingieren.

Los síntomas de intoxicación incluyen vómitos, diarrea, apatía, debilidad y alteraciones cardíacas; ante sospecha, es recomendable acudir al veterinario.

Se debe evitar dar salsas, preparados industriales o tomates con zonas verdes, y mantener las tomateras fuera del alcance de los perros.

Un trozo de tomate rojo y maduro suele ser un premio ocasional de bajo riesgo para un perro sano. Pero el escenario cambia cuando el fruto está verde o el animal muerde las hojas, los tallos o cualquier otra parte de la tomatera.

El veterinario Manuel Manzano ha explicado esta diferencia en un vídeo del canal Veterinario Gratis. El tomate puede aportar agua, fibra y algunos nutrientes, aunque existen dos precauciones que considera fundamentales. Debe estar completamente maduro y no conservar ninguna zona verde.

“Hay dos circunstancias que lo convierten en un producto bastante más peligroso de lo que la gente piensa”, advierte. La mayor preocupación está en los compuestos defensivos que produce la planta y cuya concentración disminuye considerablemente conforme el fruto madura.

Las fuentes veterinarias consultadas coinciden en la distinción principal. El fruto rojo y maduro se considera seguro en pequeñas cantidades, mientras que las hojas, los tallos y los tomates inmaduros pueden resultar tóxicos si el perro los ingiere.

Cuidado con las semillas

El tomate pertenece a la familia de las solanáceas, igual que la patata y la berenjena. Estas plantas producen glicoalcaloides que les sirven como defensa frente a insectos, hongos y otros organismos que intentan alimentarse de ellas.

En el caso del tomate, uno de los compuestos más relevantes es la alfa-tomatina. Se acumula especialmente en las hojas y los frutos verdes, mientras que durante la maduración se transforma en otras sustancias menos tóxicas y menos amargas.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria recoge niveles generalmente bajos de alfa-tomatina en los tomates maduros. Las concentraciones más elevadas aparecen en los frutos verdes que todavía no han completado su desarrollo.

De ahí que un pequeño trozo de tomate rojo no represente la misma exposición que morder una planta entera. El riesgo resulta especialmente relevante en perros curiosos que tienen acceso a huertos, terrazas o macetas y pueden arrancar hojas o frutos todavía verdes.

Manzano recomienda también retirar las semillas. Sin embargo, las guías toxicológicas no las identifican como el principal foco de peligro en un tomate rojo y maduro. Sus advertencias se concentran en el fruto inmaduro y en las partes verdes de la planta.

Retirar hojas, tallos y el cáliz verde sigue siendo imprescindible. También conviene desechar cualquier tomate que conserve grandes zonas sin madurar, aunque el resto del fruto haya empezado a adquirir un color rojizo.

Dónde empiezan los síntomas

La cantidad ingerida, el tamaño del perro y la parte de la planta determinan la gravedad. Una exposición pequeña puede limitarse a molestias digestivas, mientras que comer abundantes hojas, tallos o tomates verdes puede provocar un cuadro más serio.

Entre los signos descritos por los servicios de toxicología veterinaria aparecen el babeo, la pérdida de apetito, los vómitos, la diarrea, la apatía y la debilidad. También pueden presentarse pupilas dilatadas o alteraciones del ritmo cardíaco.

Manzano pide prestar atención a un animal que se muestra “muy letárgico, muy apagado” o que no consigue levantarse. Un cambio acusado de comportamiento después de comer la planta merece una consulta veterinaria rápida.

Si el perro ha mordido una tomatera o ha ingerido varios frutos verdes, conviene retirar inmediatamente el acceso y averiguar qué parte ha comido. Una fotografía de la planta y una estimación de la cantidad pueden ayudar al veterinario.

No hay que esperar a que aparezcan síntomas cuando la ingestión ha sido abundante o afecta a un cachorro, un perro pequeño, un animal mayor o uno con problemas de salud. Tampoco se debe intentar provocar el vómito en casa sin indicación profesional.

La mayoría de los perros que comen accidentalmente un pequeño trozo de tomate maduro no desarrollará una intoxicación. Aun así, una cantidad excesiva puede sentar mal y provocar diarrea, gases o vómitos, especialmente si el animal tiene un aparato digestivo sensible.

Cortarlo en trozos pequeños

Quien decida compartirlo puede elegir un fruto rojo, fresco y bien lavado. Deben retirarse el tallo, las hojas y cualquier zona verde, y cortarlo en trozos adecuados al tamaño del perro para reducir el riesgo de atragantamiento.

El tomate debe quedar como un premio ocasional. Los perros que reciben un alimento completo y equilibrado no necesitan frutas o verduras añadidas para cubrir sus necesidades nutricionales, aunque puedan probar algunas de ellas de forma puntual.

Manzano destaca su contenido en agua, fibra y licopeno. Estos componentes pueden formar parte de una alimentación variada, pero un poco de tomate no funciona como tratamiento antiinflamatorio ni sustituye una dieta formulada para el animal.

Las cantidades se calculan mejor por calorías que por peso. Manzano propone que el tomate no supere el 10% del alimento, mientras que la Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales aplica ese porcentaje al conjunto de los premios y a su aportación energética.

Según la WSAVA, todos los premios juntos deben aportar menos del 10% de las calorías diarias. El resto debe proceder de una dieta completa, capaz de suministrar las proteínas, grasas, vitaminas y minerales que el perro necesita.

En animales con pancreatitis, enfermedad renal, problemas digestivos, alergias o una dieta veterinaria prescrita, cualquier alimento nuevo debería consultarse antes. Incluso un producto seguro para la mayoría puede no encajar en todas las situaciones clínicas.

Un tomate maduro y una salsa preparada no son equivalentes. Kétchup, tomate frito, pizzas, pasta y restos de comida pueden contener cebolla, ajo, sal, azúcar, aceite o especias que el perro no necesita y que pueden ocasionar problemas.

La cebolla y el ajo merecen especial atención. Ambas plantas pueden dañar los glóbulos rojos y provocar anemia en los perros, incluso cuando aparecen cocinadas o incorporadas a una salsa industrial.

También conviene evitar conservas o preparaciones muy saladas. La opción más sencilla, cuando se quiere ofrecer este alimento, sigue siendo un pequeño trozo de tomate natural, rojo y sin ninguna parte verde.

El tomate maduro no tiene por qué convertirse en un alimento prohibido. El problema aparece al tratar toda la planta como si fuera igual de segura. En un huerto o una terraza, mantener las tomateras fuera del alcance puede prevenir la exposición más peligrosa.