Marilyn Monroe en una imagen de archivo. Foto: Europa Press/ContactoPhoto

Marilyn Monroe en una imagen de archivo. Foto: Europa Press/ContactoPhoto

Entreclásicos

Marilyn Monroe, mucho más que una rubia tonta

La mujer más deseada de su tiempo no era una ingenua. Consciente de la fascinación que suscitaba, ejercía un papel dominante en sus relaciones

Más información: Marilyn Monroe, un mito omnipresente: la mujer más deseada e incomprendida de Hollywood cumple un siglo

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Los forenses que realizaron la autopsia de Marilyn Monroe un fatídico 5 de agosto de 1962 anotaron que su cuerpo se hallaba muy deteriorado. No parecía el cadáver de una mujer de 36 años, sino de 50. Sin embargo, la serie de fotografías que realizó George Barris el 13 de julio de ese mismo año en la playa de Santa Mónica no reflejan nada de eso.

Sonriente y aparentemente feliz, la actriz posa sobre la arena, envuelta en una toalla verde, un albornoz blanco o un bañador naranja. A veces, juega con el agua o bebe champán. Parece un espíritu despreocupado que sabe gozar del instante.

Barris continuó la sesión fotográfica en Hollywood Hills, donde Marilyn, con un jersey rosa, se abraza a una columna, posa de espaldas ante una celosía con un pantalón y un jersey naranjas o sonríe al volante de un coche descapotable. Ya en el interior, habla por teléfono desde la cama. La imagen puede interpretarse como un presagio de su muerte.

Al parecer, Marilyn estaba ligeramente resfriada, pero parecía relajada y tranquila. Natural, sencilla, cercana, Barris contó que lanzó un beso a la cámara, aclarando que era "solo para George y el resto del mundo". De buen humor y sin la sofisticación de otras sesiones fotográficas, no parece una superestrella ni un mito sexual, sino una mujer inteligente que disfruta de la vida.

"Durante sus últimos días, Marilyn estuvo muy animada –comentó más tarde Barris–. Estaba llena de vida y esperaba comenzar una nueva fase en su carrera. Aunque ninguno de sus maridos y amigos la había hecho feliz, ella seguía buscando. Jamás he creído que acabara con su vida. Mi convicción es que fue asesinada".

Cuando se puso el primer suéter ajustado, la reacción que provocó en sus compañeros le reveló su poderoso magnetismo sexual

Marilyn confesó a Barris, al que conocía desde los 28 años cuando le hizo la primera fotografía, que odiaba vivir sola y que solo se escribían mentiras sobre ella. Sabía que despertaba el deseo de los hombres. Desde los doce años, cuando se puso el primer suéter ajustado, la reacción que provocó en sus compañeros le reveló su poderoso magnetismo sexual.

Con trece años, aparentaba dieciocho y era cortejada por jóvenes de veinte. Se casó a los dieciséis, buscando un hogar, pues hasta entonces había pasado por varias familias de acogida y nunca había experimentado la serenidad de los afectos duraderos. Gladys, su madre, era una mujer inestable y no sabía con certeza quién era el padre de Marilyn.

Marilyn Monroe. Diseño: Rubén Vique

Marilyn Monroe. Diseño: Rubén Vique

Con una historia sentimental caótica, carecía de instinto maternal. Se dijo que en una ocasión intentó ahogar a Marilyn con una almohada, pero no está demostrado. Aunque jamás tuvo mucha relación con ella, se rumoreó que la actriz siempre llevaba en su bolsillo una nota donde había escrito: "madre". No se sabe si esta anécdota es real o una simple leyenda.

La ausencia del padre hizo que Marilyn se acercara a hombres fuertes y triunfadores, como Joe DiMaggio y Arthur Miller. Se casó con ambos, pero el matrimonio fracasó en ambas ocasiones. Susceptible, hipersensible, frágil, autodestructiva, promiscua y con bruscos cambios de humor, convivir con Marilyn no era fácil.

Los forenses aventuraron la hipótesis del suicidio para explicar la muerte de Marilyn, pero siguen circulando hipótesis alternativas

Siempre se sentía poco querida y profundamente incomprendida. Cualquier gesto de rechazo le producía un intenso dolor que podía traducirse en ira o depresión. Se ha especulado que sufría trastorno bipolar. A fin de cuentas, su madre pasó largas temporadas en sanatorios mentales.

Los forenses aventuraron la hipótesis del suicidio para explicar la muerte de Marilyn, pero siguen circulando hipótesis alternativas, como una conspiración o una negligencia médica. Marilyn Monroe mantuvo un idilio con su maestra de interpretación, Natasha Lytess, treinta años mayor que ella. Marilyn no era una ingenua.

Consciente de la fascinación que suscitaba, ejercía un papel dominante en sus relaciones. "Ojalá tuviera una décima parte de la inteligencia de Marilyn –confesó Natasha Lytess poco antes de morir–. La verdad es que mi vida y mis sentimientos estaban en sus manos. Yo era la mayor, la maestra, pero ella conocía la profundidad de mi apego por ella y explotó esos sentimientos como solo una persona más joven y hermosa puede hacerlo. Dijo que ella era la necesitada. Por desgracia, fue al revés. Mi vida con ella fue una constante negación de mí misma para complacer sus deseos".

Antes de trabajar como modelo y actriz, Marilyn se ganó la vida como "call girl" y se acostó con todos los fotógrafos y productores que podían ayudarla a impulsar su carrera. Sabía que las cosas funcionaban así y que no había otra alternativa para las chicas de origen humilde que merodeaban por los estudios.

Las jóvenes que procedían de familias pudientes, como Grace Kelly, Vivien Leigh o Audrey Hepburn no tenían que pagar ese peaje, pero las que carecían de hogares humildes, como Ava Gardner, Joan Crawford o ella misma, se veían obligadas a utilizar sus cuerpos como moneda de cambio. No ignoraba que para muchos hombres solo era una mercancía, un objeto desechable.

"Me gustan los negros –declaró Marilyn en una ocasión– porque conozco la esclavitud en mi propia carne". En aquellos años, las jóvenes que anhelaban ser estrellas sabían que el camino hacia la cima implicaba muchas veces arrastrarse por el fango. Nadie cuestionaba la hegemonía masculina y su derecho a ejercer su dominio sobre el sexo "débil".

Marilyn Monroe no era una rubia tonta. Apoyó activamente el movimiento por los derechos civiles y luchó contra la segregación racial

Marilyn Monroe no era una rubia tonta. Apoyó activamente el movimiento por los derechos civiles y luchó contra la segregación racial. En 1954, contactó con el dueño del club Mocambo en Hollywood para pedirle que contratara a Ella Fitzgerald. Prometió sentarse en primera fila todas las noches para atraer al público y a los grandes nombres de la industria cinematográfica. Hasta ese momento, Ella no había podido entrar en el club por culpa de las leyes racistas.

Marilyn no se conformó con ese gesto de solidaridad con la comunidad afroamericana. Además, se negó a actuar en teatros y locales que aplicaran la segregación racial. Su compromiso con las causas progresistas también se manifestó en su oposición al macartismo y a la persecución que sufrían los artistas e intelectuales a los que se acusaba de comunistas.

Su matrimonio con Arthur Miller en 1956 coincidió con el apogeo de la caza de brujas. Miller había sido investigado por el Comité de Actividades Antiamericanas por su vínculo con los círculos izquierdistas y Marilyn le apoyó en todo momento. Las posiciones de la actriz enfurecieron al FBI, que decidió investigarla como sospechosa de ideas subversivas.

Después de separarse de Miller, Marilyn mantuvo un breve romance con el guionista, cineasta y actor mexicano José Bolaños Prado. Simpatizante del Partido Comunista Mexicano y de la Unión Soviética, Bolaños viajó con la actriz a Acapulco y la acompañó en la ceremonia de los Golden Globes de 1962. El mexicano fue una de las últimas personas a las que llamó por teléfono la fatídica madrugada del 5 de agosto. Bolaños, que falleció en 1994, nunca habló del romance ni proporcionó datos sobre esa última llamada.

Marilyn no era la rubia boba y frívola que muchas veces interpretó en la pantalla, pero sí fue una mujer inestable e infeliz. Ambiciosa, mitómana, generosa, neurótica, a veces manipuladora y a menudo víctima del trato degradante de hombres sin escrúpulos, sigue fascinándonos por muchos motivos.

Desde hace décadas, es un icono pop, un poderoso símbolo de la cultura popular. Su progresión como actriz se interrumpió con su prematura muerte, pero en Vidas rebeldes demostró que podía interpretar papeles dramáticos de una forma convincente y desgarradora.

Su baile descalza bajo un árbol con un vestido negro parece la danza premonitoria de un destino trazado por la fatalidad. Cuando abraza al árbol, notamos su fragilidad y desamparo. Marilyn aseguraba que se le daba muy bien decir adiós. Siempre se estaba despidiendo de todo. Del amor, de los escasos momentos de dicha, de la vida. Pese a todo, sigue entre nosotros. No es una simple actriz, sino un mito moderno. Simboliza el doloroso contraste entre el éxito social y la infelicidad cotidiana.

Marilyn, la mujer más deseada de su tiempo, solo logró convocar a 23 personas en su entierro. DiMaggio prohibió el acceso a los magnates de la industria de Hollywood, a los que acusó de haberla destruido. Lee Strasberg, el director teatral, pronunció unas breves palabras, describiendo a Marilyn como un "ser humano cálido, tímido e intuitivo".

Después se escuchó un fragmento de la Sexta Sinfonía de Tchaikovsky y la canción "Over the Rainbow". Durante los veinte años siguientes, DiMaggio envió tres rosas rojas a su tumba tres veces por semana. Cuando el exjugador de béisbol murió en 1999, los admiradores continuaron enviando flores a la tumba en el cementerio Westwood Village Memorial Park en Los Ángeles. Marilyn, que presumía de decir adiós con mucho estilo, no sospechaba que el mundo se resistiría a despedirse de ella.